El perrito, rápidamente se adaptó a su nuevo entorno, y adoptó como ejercicio preferido, perseguir a las gallinas, al gato, a las palomas o destrozar las muñecas de mis hermanas. Creció muy rapido y entonces pasó a ser la almohada de mi hermano menor, en sus siestas del medio día, aprendieron a compartir el tapetico de lana y los dos montaron un sonoro dueto de ronquidos. Más tarde tomó la costumbre de ir al monte a cazar, y todo lo que lograba se lo traía a mamá, en las mañanas amanecian en la puerta de la cocina: conejos, lagartijas, ratones, palomas , ranas y hasta culebras. Un día que mi padre rajaba la leña y Tarzan estorbaba más de la cuenta, el le entrego una astilla para que se divirtiera y el perro fue y se la llevó a mi madre. Desde ese día quedo encargado de traer toda la leña al fogón. Ya demostraba tener la inteligencia de la" Londoñera". Cuando íbamos a la fonda a los mandados, podíamos contar con su compañía, pero nunca por el camino, siempre prefería la orilla del monte. Le enseñamos a llevar en la boca una canastita de mimbre para que se sintiera ocupado y en ella colocábamos las cosas que no pesarán: un paquete de cigarrillos, unas velas, un jabón y siempre llegó a casa primero que nosotros. Un día que le dimos la canastita y pusimos la lista dentro, el perro no espero, sino que partió veloz para la tienda, cuando llegamos, El tendero don Libardo, nos dijo que ya había despachado el pedido y rápidamente regresamos pensando que se había perdido todo, sin embargo, Tarzan hizo bien la tarea. Era famoso en la vereda, los muchachos de la escuela lo conocían y agrandaban su fama, hasta el día que alguien se lo robó, fue un duro golpe la pérdida y lamentamos por mucho tiempo, hasta que mi padre lo reemplazó por Tony, amarillo, juguetón y de un ladrido profundo, como el del lobo, pero nunca igual. Saludos jairoache.
domingo, 11 de agosto de 2019
Perro Tarzan
Una bola de pelos blancos y grises, que le regalaron a mi madre, se ganó el apodo de "Tarzan" por la forma de gemir para que le diera el tetero de leche; así camino seis meses tras ella por toda la casa, hasta que lo desteto y lo puso a dormir en un rincón del corredor, sobre un tapetico, que ella misma le tejió con lana, blanca y gris, para que creyera que era su mama.
El perrito, rápidamente se adaptó a su nuevo entorno, y adoptó como ejercicio preferido, perseguir a las gallinas, al gato, a las palomas o destrozar las muñecas de mis hermanas. Creció muy rapido y entonces pasó a ser la almohada de mi hermano menor, en sus siestas del medio día, aprendieron a compartir el tapetico de lana y los dos montaron un sonoro dueto de ronquidos. Más tarde tomó la costumbre de ir al monte a cazar, y todo lo que lograba se lo traía a mamá, en las mañanas amanecian en la puerta de la cocina: conejos, lagartijas, ratones, palomas , ranas y hasta culebras. Un día que mi padre rajaba la leña y Tarzan estorbaba más de la cuenta, el le entrego una astilla para que se divirtiera y el perro fue y se la llevó a mi madre. Desde ese día quedo encargado de traer toda la leña al fogón. Ya demostraba tener la inteligencia de la" Londoñera". Cuando íbamos a la fonda a los mandados, podíamos contar con su compañía, pero nunca por el camino, siempre prefería la orilla del monte. Le enseñamos a llevar en la boca una canastita de mimbre para que se sintiera ocupado y en ella colocábamos las cosas que no pesarán: un paquete de cigarrillos, unas velas, un jabón y siempre llegó a casa primero que nosotros. Un día que le dimos la canastita y pusimos la lista dentro, el perro no espero, sino que partió veloz para la tienda, cuando llegamos, El tendero don Libardo, nos dijo que ya había despachado el pedido y rápidamente regresamos pensando que se había perdido todo, sin embargo, Tarzan hizo bien la tarea. Era famoso en la vereda, los muchachos de la escuela lo conocían y agrandaban su fama, hasta el día que alguien se lo robó, fue un duro golpe la pérdida y lamentamos por mucho tiempo, hasta que mi padre lo reemplazó por Tony, amarillo, juguetón y de un ladrido profundo, como el del lobo, pero nunca igual. Saludos jairoache.
El perrito, rápidamente se adaptó a su nuevo entorno, y adoptó como ejercicio preferido, perseguir a las gallinas, al gato, a las palomas o destrozar las muñecas de mis hermanas. Creció muy rapido y entonces pasó a ser la almohada de mi hermano menor, en sus siestas del medio día, aprendieron a compartir el tapetico de lana y los dos montaron un sonoro dueto de ronquidos. Más tarde tomó la costumbre de ir al monte a cazar, y todo lo que lograba se lo traía a mamá, en las mañanas amanecian en la puerta de la cocina: conejos, lagartijas, ratones, palomas , ranas y hasta culebras. Un día que mi padre rajaba la leña y Tarzan estorbaba más de la cuenta, el le entrego una astilla para que se divirtiera y el perro fue y se la llevó a mi madre. Desde ese día quedo encargado de traer toda la leña al fogón. Ya demostraba tener la inteligencia de la" Londoñera". Cuando íbamos a la fonda a los mandados, podíamos contar con su compañía, pero nunca por el camino, siempre prefería la orilla del monte. Le enseñamos a llevar en la boca una canastita de mimbre para que se sintiera ocupado y en ella colocábamos las cosas que no pesarán: un paquete de cigarrillos, unas velas, un jabón y siempre llegó a casa primero que nosotros. Un día que le dimos la canastita y pusimos la lista dentro, el perro no espero, sino que partió veloz para la tienda, cuando llegamos, El tendero don Libardo, nos dijo que ya había despachado el pedido y rápidamente regresamos pensando que se había perdido todo, sin embargo, Tarzan hizo bien la tarea. Era famoso en la vereda, los muchachos de la escuela lo conocían y agrandaban su fama, hasta el día que alguien se lo robó, fue un duro golpe la pérdida y lamentamos por mucho tiempo, hasta que mi padre lo reemplazó por Tony, amarillo, juguetón y de un ladrido profundo, como el del lobo, pero nunca igual. Saludos jairoache.
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