Chapoteando..........A mi padre no le gustaba y a mí madre que siempre fue dulce y tolerante. menos; es que después de chapotear por los charcos del camino, en una tarde de lluvia la ropa no se sabía de qué color era, pero no se trataba solamente del chapoteo,
deslizarse por la colina abajo montados en un capacho de guadua era la mejor fórmula para romper los calzones y de una vez descomponerse una mano al caer en la sequia, trepar al palo de zapotes del vecino y cuando nos sorprendían lanzarse desde la altura para
caer sobre un palo de café, y escaparse corriendo, era adrenalina pura.
Y qué tal las cabalgatas a galope tendido, sin apero, en puro pelo y sin el freno, donde el caballo no tenía más dirección que su caballuna voluntad, saltando el cerco o frenando en seco de improviso
y arrojándonos por encima de su cabeza, con el respectivo porrazo? ; cuantas veces tragamos agua del charco de la quebrada tratando de aprender a nadar amarrados a un lazo al cuello para sacar al posible ahogado; el columpio, no nos gustaba aquel de guadua
junto a la casa donde nos pudieran vigilar, preferíamos el que estaba a la orilla de la pendiente, pegado al árbol más alto, ese que nos elevaba como aviones al cielo y cuando fallaba el lazo, rodábamos hasta la cañada envueltos en hojarasca y abrojos de
la maleza. Muchas veces nos llevó el primo policía, así lo llamábamos porque había prestado el servicio militar, a pescar con taco y fiambre al río, donde las sabaletas plateaban el agua al estallido y había que arrojarse a cogerlas antes que recuperarán el
sentido. Que rico cuando hacíamos una "pericada " con los huevos que alguna gallina ponía en el monte, doce huevos sin cebolla ni tomate aliñados con la sal del limón y con culantro de monte , cocinados en una lata de "saltines "en que alguien había cargado
agua; no sabía bien, pero era algo diferente al sancocho de todos los días. Robarse las arepas que guardaban en la canasta de la cocina, para comerlas con aguacate bajo el árbol del lindero; las moras
a la orilla del camino, eran golosinas junto a las uchuvas o las guamas que aún venden en carreras por las calles, pero nosaben lo mismo. Estaba absolutamente prohibido comer papayuela, esa que llaman "tapaculos" que tiene semillas con rico sabor a granadilla,
era algo así como el árbol del bien y del mal, pero todos queríamos saber si ameritaba el nombre, y de verdad que muchas veces tocó recurrir a la cebolla mojada en aceite para la tarea del destape manual. Pero la venganza de los papás llegaba a la hora de
cumplir con la costumbre traída de España de purgar ( desparasitar) a los infantes menores de quince años con el antihelmintico conocido como quenopodio" ( hoy considerado veneno) una cucharada de aceite de ricino, una de quenopodio, que sabía a diablo rodado,
pasarlo con un vaso de jugo de naranja, y una página de periodico, porque aún no habían inventado el papel toilet, y perderse en el monte hasta regresar sin lombrices; por la tarde un vaso de " limolax" ( limón concentrado con sabor a vinagre) y dos días
tomando como único alimento caldo de pollo sin sal. Guácala!. Si existe purgatorio ya lo vivimos cuando éramos niños. Después llegaba la navidad, conseguir el musgo para el pesebre, diseñar lagos con espejitos, recortar estrellas con el papel brillante de
los cigarrillos pielroja, ayudar a moler el maíz para la natilla, rezar la novena bostezando nueve días seguidos y esperar el regalo que el Niño Dios nos dejaba bajo la almohada mientras dormíamos,
por habernos manejado bien durante todo el año; no se porqué , yo le encontraba algún parecido con mi papá en pijama, tal vez era un sueño pero yo me había quedado despierto para ver " ese precioso niño". Bueno! Llegaba el día 25 para
destapar los regalos, muñecas para las niñas y que mal gusto tenía el papa Noel, o quien fuera, no sabia comprar sino medias y calzoncillos. Pero fue una época inolvidable, esas eran verdaderas vacaciones, sin internet, ni celular. Saludos jairoache. Cali
marzo 1/19
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