En Cali, existe una leyenda urbana, la de Jovita, la Reina Infinita, les voy a contar su historia:
Compartido por cesar Augusto Londoño Maya
*¿Quién era Jovita?*
Realmente se llamaba Jovina Becerra Feijoo, aunque su papá nunca le dio el apellido y por eso solo llevaba el de su madre, Joaquina. Jovita nació en Palmira el 6 de junio de 1910, en la vereda El Bolo-Hizal, y llegó a Cali en la década de los 30. Ella llega a esta ciudad a vivir a casa de la comadre de una amiga de su madre, en el barrio Granada.
Como ella vivía también con sus cuatro hermanas, empieza a trabajar en casas de familia haciendo el aseo y lavando ropa hasta que un día, mientras se hacía un programa de radio en vivo en la Plaza de Caycedo de la emisora Radio Higueronia, en 1937, ella participa cantando. El programa invitaba a personas del común a cantar y, si lo hacían mal, les interrumpían con una grabación de unos perros ladrando.
Jovita lo hizo mal y le pusieron el audio de los perros, pero ella siguió cantando a pesar de eso, lo cual le causó mucha gracia a los locutores que le dijeron que la coronaban reina de la simpatía. Allí empezó todo...
Jovita empezó a hacerse popular, en la Plaza de Caycedo empezaron a distinguirla y ella también empezó a tomarse las calles para cantar, para desfilar como una reina y casi que para actuar.
La gente sencillamente se enamoró de ella, porque veían que era una personalidad arrolladora, carismática, locuaz, que no le tenía miedo al ridículo pero por sobre todo eso, hubo un rasgo muy particular que sirvió para acrecentar su popularidad y fue su civismo. Fue buena ciudadana.
Cuando Jovita es proclamada como reina de la simpatía -eso realmente fue como un piropo del locutor porque le pareció un personaje muy gracioso y no fue ningún reinado-, ella se independiza y se va a vivir al barrio San Antonio. Ella, que de verdad se cree una reina y empieza a portarse como tal, empieza además a trabajar por los problemas de los barrios. Si veía un hueco en una calle o veía que el alumbrado público tenía problemas, se iba para la alcaldía a hablar con el alcalde, que le abría las puertas de su despacho y lograba que resolvieran los problemas.
Ese trabajo que ella hacía fue, en gran medida, lo que más cariño y popularidad le granjeó sobre todo en barrios como San Nicolás, La Merced, San Antonio, El Peñón, Granada, el Obrero, que ella se recorría todos los días, absolutamente todos los días.
Jovita, entonces, se cree que es verdaderamente una reina y la ciudad actúa también como si lo fuera...
Claro, eso es lo que resulta más interesante de todo esto. Jovita está convencida de ser la reina y entonces ella tomaba taxis o se subía a los buses y no pagaba, y los conductores no le cobraban. No pagaba porque era una reina, entonces no tenía por qué hacerlo. Y asimismo la invitaban a tomar a café, a almorzar, a comer.
Había una peluquería en el barrio El Peñón a la que ella iba a arreglarse el cabello y las uñas y que no le cobraba... La ciudad entera de verdad se portó como si ella fuera una reina. Y luego empieza a pasar lo que todos sabemos: a Jovita la llaman para hacer los saques de honor de los clásicos de fútbol, le dan un sitio especial en la Plaza de Toros, sale en las Ferias de Cali sobre el carro de bomberos, etc.
Sin duda fue un símbolo de la cultura popular. ¿Pero fue también querida por las clases altas?
Yo creo que sí, y lo creo por una razón: la ropa que ella usaba, así como su maquillaje y sus joyas, se las regalaban las señoras de las clases altas de la ciudad. Así que claro, las élites también la aceptaron como ícono así como también los artistas de la época.
Como se sabe, Fernell Franco la fotografió y de hecho le regaló unos afiches con su imagen que ella vendía y con lo que se ayudaba para sobrevivir. Su aceptación fue total en toda la sociedad caleña de la época, al punto de que en el año de 1968 es elegida Reina de los ingenieros mecánicos de Univalle, en un reinado en el que participaron muchachas estudiantes de esa carrera.
Florecita era su mejor amiga, casi de su misma edad a quien conoció en Cali. Fue Florecita quien la persuadió de que cantara en la emisora en la que empezó toda esta historia.
Florecita es su compañera de vida y al fallecer en el año de 1968, termina por afectar profundamente a Jovita.
“Uno no sabe muy bien si la loca era Jovita o lo era la ciudad entera, que aceptó la locura de ella”. O acaso no era locura, sino esa especie de idealismo romántico que suele ser la sal de la existencia. Habría que imaginarla a ella: mujer pobre, casi analfabeta, que recorre las calles de una ciudad con sus ropas de colores estruendosos, con sombreros de encajes y guantes hasta los codos en un calor que supera los 33 grados; ella que recorre la ciudad lanzando besos, repartiendo sonrisas.
Fue de ese modo. Durante unos 40 años Cali presenció la materialización de una forma de El Quijote: aquella mujer que llegó a la ciudad luego de nacer en Palmira en 1910 y haber sido abandonada por su padre, luego de trabajar en una empacadora de cigarros con menos de 15 años para ayudar a la madre y a las cuatro hermanas
El sueño de la mujer viviendo en pequeños cuartos de alquiler, sola, recibiendo los vestidos usados, recibiendo secretas caridades para poder comer y pagar el arriendo, cantando en la radio para risa de todos, cantando en las plazas de mercado para risa de todos, llegando hasta la oficina del alcalde de turno y recibiendo al presidente de turno y al gobernador que no podían hacer otra cosa que aceptar su presencia y su locura. Aquel sueño que duró hasta el 15 de julio de 1970, hasta esa mañana en que en el pequeño cuarto de una casa del barrio El Hoyo, mientras se duchaba para luego vestirse con las sedas avejentadas que eran sus ropas, un infarto puso fin.
Actualmente una escultura engalana las calles de Cali, como homenaje a uno de los personajes más reconocidos del Cali Viejo. Se trata de Jovita Reina Infinita, una colorida obra de seis metros de altura ubicada en la nueva plazoleta del MIO (Calle 5 con Carrera 15) en honor a la popular Jovita Feijóo 👋😁🎈
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