Chapoleras
Detrás de cada hombre importante hay una mujer
inteligente y detrás de cada taza de café hay una
chapolera.
Son las mujeres que migran de finca en finca atendiendo las labores propias de
la producción de café, al principio solo se dedicaban a la siembra, porque sus
hombres querían mantenerlas atadas a los oficios domésticos y en los ratos
libres podían separar las chapolas (retoños) de los granos de café sembrados en
una cama de arena, para pasarlos a bolsas con tierra donde continuarían su
desarrollo. Sus delicadas manos no lastimarían
los brotes y agregarían el elemento de amor necesario para el éxito de la
siembra.
Después participaron en la siembra propiamente dicha de los colinos en los
hoyos hechos con anterioridad por los hombresen los sitios seleccionados para
el cultivo.
Estás mujeres enamoradas de la caficultura incursionaron también en la
recolección y los patrones se dieron cuenta que ellas sabían seleccionar solo
los granos maduros, aumentando la calidad del producto, después llegaron a las
trilladoras como escogedoras en la tarea de separar los granos deformes
para que al tostador solo llegara café de óptima
calidad.
Esa es la razón para que el café colombiano sea el más suave y sabroso del
mundo. "Café con aroma de mujer" no es solo el nombre de una película
colombiana exitosa, es la historia que cambio la economía de miles de familias
campesinas liderada por manos
femeninas.
Si vas a un cafetal, las identificaras por el pañuelo anudado a la cabeza y
sombrero de trenza de palma, la blusa blanca con pechera y bolero, adornada con
alforzas, ruches, encajes y bordados, la falda de doble rotonda en tela de
algodón estampada, larga hasta el tobillo, floreada que termina en boleros, debajo
siempre lleva naguas.
Utiliza alpargatas de cabuya, una flor en la cabeza que hace juego con sus
largos zarcillos o candongas y en la cintura un canasto de bejuco atado con un
pretal que resalta sus curvas. Entre la falda y el canasto va un delantal de
dril o lona que protege su vestimenta para usarla varios días.
El poeta Jorge Robledo, les canto en su "Romance de la
Chapolera":
Diez y siete
primaveras,
Enredadas en su falda,
Ojos donde está
jugando,
La noche con la alborada,
Sonrisa por donde
cruzan,
Los meridianos del
agua,
Y el alma simple y
sencilla,
Como su misma
'balaka'.
Hacen parte del paisaje,
Su corpiño de
saraza,
Su escapulario del
Carmen,
Sus pequeñas
alpargatas.
Y la copla campesina,
Que a media voz desgranada,
Hace temblar los
arrieros,
Que domina la montaña.
Saludos jairoache.
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