jueves, 27 de febrero de 2020

Chapoleras

Detrás de cada hombre importante hay una mujer inteligente y detrás de cada taza de café hay una chapolera.                  Son las mujeres que migran de finca en finca atendiendo las labores propias de la producción de café, al principio solo se dedicaban a la siembra, porque sus hombres querían mantenerlas atadas a los oficios domésticos y en los ratos libres podían separar las chapolas (retoños) de los granos de café sembrados en una cama de arena, para pasarlos a bolsas con tierra donde continuarían su desarrollo.      Sus delicadas manos no lastimarían los brotes y agregarían el elemento de amor necesario para el éxito de la siembra.                                                        Después participaron en la siembra propiamente dicha de los colinos en los hoyos hechos con anterioridad por los hombresen los sitios seleccionados para el cultivo.                                                 Estás mujeres enamoradas de la caficultura incursionaron también en la recolección y los patrones se dieron cuenta que ellas sabían seleccionar solo los granos maduros, aumentando la calidad del producto, después llegaron a las trilladoras como escogedoras en la tarea de separar los granos deformes  para que al tostador solo llegara café de óptima calidad.                                        Esa es la razón para que el café colombiano sea el más suave y sabroso del mundo. "Café con aroma de mujer" no es solo el nombre de una película colombiana exitosa, es la historia que cambio la economía de miles de familias campesinas liderada por manos femeninas.                             Si vas a un cafetal, las identificaras por el pañuelo anudado a la cabeza y sombrero de trenza de palma, la blusa blanca con pechera y bolero, adornada con alforzas, ruches, encajes y bordados, la falda de doble rotonda en tela de algodón estampada, larga hasta el tobillo, floreada que termina en boleros, debajo siempre lleva naguas.          Utiliza alpargatas de cabuya, una flor en la cabeza que hace juego con sus largos zarcillos o candongas y en la cintura un canasto de bejuco atado con un pretal que resalta sus curvas. Entre la falda y el canasto va un delantal de dril o lona que protege su vestimenta para usarla varios días.
El poeta Jorge Robledo, les canto en su "Romance de la Chapolera":                  
Diez y siete primaveras,                             Enredadas en su falda,                               Ojos donde está jugando,                           La noche con la alborada,                           Sonrisa por donde cruzan,                         Los meridianos del agua,                           Y el alma simple y sencilla,                        Como su misma 'balaka'.                      Hacen parte del paisaje,                       Su corpiño de saraza,                           Su escapulario del Carmen,                 Sus pequeñas alpargatas.                         
Y la copla campesina,                             Que a media voz desgranada,          Hace temblar los arrieros,                            Que domina la montaña.                                      
Saludos jairoache.


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