martes, 16 de julio de 2019

MI MAMA , YO ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,Y EL RESTO

MI MAMA , YO ,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,Y EL RESTO.

Jairoache.  Octubre 4. 2008.



A Sofía en sus 98 Octubres.



Prólogo

Diametralmente opuesto a la historia García-Marquiana, en familia no padecimos  Cien Años de Soledad, hemos tenido  la fortuna de disfrutar  98 de compañía; la dulce compañía de mi madre abundante de alegría, cariño, simpatía, buen humor, una divertida memoria  y una habilidad  innata para elaborar manjares  con  cualquier cosa que se pueda comer.

Por eso recurrir a su memoria  además de agradable, es como un libro abierto de una historia muy particular, que tiene que ver con nuestras vidas, con nuestra herencia y con las anécdotas de nuestra propia marca.

No me asalta la pretensión de escribir un libro, tengo un gran respeto por los grandes, medianos y pequeños escritores, pero no me aguanto la gana de contar  todo lo que anida acá, entre mi pecho y  espalda, ése algo que hace a los seres humanos únicos y que en sueños despierto quiero revivir  y disfrutar  nuevamente compartiéndolo con mis amigos parientes  y desconocidos lectores.

Me encantaría tener un dialogo contigo, anónimo lector, que has tenido la curiosidad de  mirar dentro de mi alma , que sin importar la calidad del escrito te interesaste en su contenido y espero que mis recuerdos sirvan para despertar en ti también viejos y agradables recuerdos .

Si mentalmente agregas  a este escrito tus nuevas-viejas experiencias, haciéndolo mas interesante para tu gusto, como Juan Montalvo  imaginando  los capítulos que olvido Cervantes, también mentalmente te estoy agradeciendo, porque me regalas un poco de tu imaginación, de tu memoria  y sobre todo de tu historia que hasta este momento es solamente tuya  y de esa manera  enriqueces el contenido y la calidad.

Mi yo personal, es solamente un accidente, ésta es la historia de cualquier familia, la tuya, la mía o la ajena, donde es posible identificarnos  por  pertenecer a una misma  sangre, una sola raza y formar parte de un mismo sueño.

Por ello debo ser agradecido contigo, porque tu eres parte importante de mi cuento, somos la misma persona, mis hermanos son tus hermanos  y mi pueblo también es el tuyo.

Es como si tomara en préstamo una parte de ti, para contarla en primera persona, donde  tus ancestros se confunden con mis ancestros, las vivencias  son las mismas  y el orgullo se comparte a lo largo del camino. Gracias por ser de la misma gallada.     Jairoache


De donde vengo cantando!

Así te golpee la vida una vez más, no te entregues, di una oración, pon tu esperanza al frente  y arremete.
 No te preocupes si en la batalla sufres una herida.
Es de esperar que algo así suceda. Junta los pedazos de tu esperanza  y ármala de nuevo y vuelve a arremeter.
No importa  lo que pase..…. No desmayes sigue adelante.
La vida es un desafío constante pero vale la pena aceptarlo.
Y sobretodo…… nunca dejes de cantar.


                                          Capítulo  Unico.

Como la mayoría de mis hermanos tuve el privilegio de nacer en un sitio creado  para mí por mis padres, mis antepasados, por la naturaleza y por las circunstancias de la vida.

 Fue a principios de los años cuarenta, un seis de abril, mientras  Europa se deshacía en añicos, con su segunda guerra mundial y las bombas destrozaban a Belgrado por orden del canciller alemán  Adolfo Hítler.

Tuve el privilegio de nacer montañero, alejado de los grandes conflictos y en medio de las cosas sencillas, esas que están al alcance de nuestras manos y para las cuales solo se requiere un poco de imaginación, un gran deseo y muchas ganas de vivir.

En una mañana fresca, con olor a hierba-buena y perfumada de mandarinos, naranjos en flor, mangos y poma-rosas; adornada con azucenas, orquídeas, margaritas y agapantos y un cielo azul, de un azul claro y brillante.

Con una música suave y alegre, entonada por azulejos, cucaracheros y turpiales, ligeramente mecida por la brisa que venia de la quebrada, en la dulce compañía de mis padres, abuelos y hermanos sobre una manta tejida por manos campesinas de colores fuertes a base de decenas de pequeños trozos de tela unidos de manera armónica y en figuras geométricas “mi inolvidable colcha de retazos.”.
“La colcha de retazos”

Estos últimos días he pensado
en esas colchas fabricadas
con mil trozos de tela de distintos colores,
que los americanos llaman “quilt”
y yo llamaré, en nuestra lengua,
simplemente, colcha de retazos.
A lo largo de siglos, las mujeres
han creado estas colchas
reciclando las viejas ropas,
en su afán de ahorro y de cuidado.

Y, con ellas, han tejido
los mosaicos de su propia vida.
Cada colcha de retazos
es un reflejo, un texto sin palabras,
de esos mil y un matices
de la vida de una mujer.

Y habrá trozos grises,
grises como la depresión, la tristeza,
 que, a menudo, envuelve a la mujer,
el malestar sin nombre, que oprime y ahoga.
Y retazos aún más oscuros,
cuando la angustia arrastra
 a desear la autodestrucción,
porque la vida ya no es vida, sino sólo dolor.
Y trozos negros, salpicados de rojo,
cuando la muerte, la enfermedad,
el desamor, o la pérdida de un hijo
(que de mil maneras perdemos las mujeres a los hijos)
nos hiere como un dardo en las entrañas.

¡!Pero hay tantos otros colores!!
Rojo, rojo vivo de sangre.
La sangre de nuestros pies y nuestras manos
cuando luchamos por remontar
el camino empinado,
por levantarnos, después de la caída,
y seguir adelante,
aunque el abismo nos llame.
Y azul, azul de agua purificadora,
azul de cielo, azul
del manto de la diosa.
Y rosa, y amarillo,
de nuestro corazón
y nuestra fuerza.
Y verde, verde de vida,
de naturaleza, verde,
con sabor de hierba
y fruta fresca.
Colores de cada momento feliz de nuestra vida.
Colores de amor,
de pasión, de deseo,
de amistad.
Colores de la primavera
de nuestra adolescencia,
y colores del otoño
 de nuestra plenitud.

Y no sólo colores hallamos
en una colcha de retazos.
También están en ella
olores, sabores,
 sensaciones y emociones.
Olor fresco de un bebé recién bañado
olor de guiso casero,
olor de taza de café,
testigo de confidencias y risas de amistad,
olor de perfume, de belleza,
olor de vagina húmeda y sensual,
olor de semen del amante...

Dancemos con los retazos de nuestra vida,
con los recuerdos,
con las esperanzas de futuro,
con el devenir apasionante de nuestra existencia
y, sobre todo, con el instante,
el aquí y ahora de cada día.

E invitemos,
a los hombres de nuestra vida,
amigos, amantes, compañeros,
hijos, hermanos,
para tejer juntos esta colcha de retazos,
que fuerza y ternura,
risa y lágrimas,
dolor y placer,
realismo y misterio,
vida y muerte,
no son patrimonio de un sexo,
y sólo podemos encontrarnos,
como iguales, hombres y mujeres,
mujeres  y hombres,
desnudos,  sin burlas ni armaduras,
en  la inmensa simplicidad
de nuestro ser, de niños admirados y confusos.

                                      Pilar Iglesias. Septiembre 2003.



Con el marco de la cordillera central del Quindío colombiano, bordeado de grandes montañas,  los nevados del Tolima, el Ruiz, Santa Isabel y Quindío decorando el paisaje y manteniendo el aire fresco y puro. y  un cielo cuajado de estrellas en las noches que a lo lejos se confunden con las miles de luciérnagas que parpadean volando bajo sobre la pradera verde.

Mientras la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, con sus bimotores sobrevuelan Yugoslavia y Grecia, bombardeando ciudades, pueblos y aldeas, para abrir el camino a los Pánzer de orugas, cumpliendo religiosamente con la operaciónMarita, planeada en Berlín en el Bunker construido detrás de la cancillería, entre las calles Gooering y Helmstrasse y en Londres Churchill y Degaulle desesperan para encontrar la forma de impedir la expansión alemana.

 En nuestro familiar rincón del mundo, el tiempo de la campiña parece detenerse en una época similar a los años veinte, acá no hay tanques, ni aviones, ni cañones, solo alcaravanes, vacas  y  caballos, no se conoce la radio ni la prensa y las noticias llegan con el retraso mensual, propio de las Selecciones del Readers Digest., que mi padre compra cada vez que puede ir a la ciudad.; no hay noticia diferente a la del becerro que nació en la mañana a orillas de la cañada, la suerte del carbonero con su pila que por fin no se quemó o la visita del abuelo anunciada para la próxima semana; la nueva maestra para la escuela , el burro que murió recostado  al cercado del potrero o el bebé que nació en casa de los Londoño.

La casa es amplia y tiene los servicios indispensables y algunos lujos para  la época, el agua potable llega corriendo a lo largo de canoas de guadua que descargan su precioso liquido en una caneca de hierro de las que se usan para transportar aceite., a su lado la batea grande de madera de nogal que sirve para lavar ropas y una totuma de calabazo que se hace indispensable para el aseo personal, unas largas cuerdas de alambre  templadas  de cerca a cerca  para secar la ropa a los rayos del sol, y un  tanque de  cemento para reserva de agua, donde nos divertíamos poniéndole nombres a los renacuajos que en el nadaban  . No teníamos letrina, nos dábamos el lujo de un inodoro instalado en un cuartito al final del corredor, dotado con papel periódico recortado  colgado a un clavito para la higiene,  en los que solíamos leer y  enterarnos de las noticias viejas mientras que cumplíamos con nuestras necesidades mas íntimas y a un lado la cocina amplia con fogón de leña que sostenía una parrilla metálica con soporte suficiente para cocinar cinco ollas grandes con alimentos y un espacio debajo para guardar la leña que se secaba al calor  del medio ambiente. Algunas veces y casi siempre por error, se mezclaba algún palo de zurrumbo entre la leña que al quemarse soltaba un fuerte olor a caca  y el fogón ronroneaba como gata en celo. Esto además era una buena excusa por la cercanía entre el inodoro y la cocina para disimular olores y ruidos molestos, creo que por ello le llamábamos excusado.


La casita

En el verde campo, a la vera del camino
por donde pasean tu esperanza con la mía
hay un espacio hermoso que indica el destino
que tienen nuestras almas de noche y de día.

Casita de campo de nuestro atardecer
ocupas un espacio preciso para dos,
eres casita el templo que en cada amanecer
cobijas nuestras almas que ofrecemos a Dios.

Bordeada de jazmines y magnolias en flor,
con un árbol frondoso y aromas de alhelí
y un arroyuelo hermoso que da vida y color
al vuelo majestuoso de un colibrí.

Las flores han llenado al campo de colores,
el viento suave y fresco nos trae una canción
que habla de nuestras vidas y de sus sinsabores
y que a Dios le ofrecemos como humilde oración.
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Mariano Becquer.
25/04/04

Así recuerda  Nelson Moreno las casas de campo, nunca pensé que alguien tuviera una visión tan exacta de nuestra casa, con sus jardines,
cada  puerta en su lugar y aquellos utensilios tan nuestros  como la piedra de moler, el raspador, la bacinilla rota para las flores, la olleta de cobre para el cacao, el cedazo de crin  y tantas cosas  que llenan nuestros más gratos recuerdos. Quien no guarda recuerdos, no ha vivido y ha  perdido el año en su  propia  historia.

LA CASA DE CAMPO
La casa está rodeada por el corralito el cual se limita con una cerca o alambrado. El sendero llega a la puerta de golpe, o de guaduas, pasada la cual llegamos a la manguita de adelante. Y allí está la casa : techada con teja española puesta sobre 'cañabrava' que descansa en cargueras de guadua. Paredes  de 'bahareque y anden de ladrillos.
Llegamos a la casita. Es blanca, encalada. Y muy limpia siempre, sus pisos de tabla  aserrada están teñidos con anilina  y cubiertos con cera.. El corredor exterior está cerrado con barandilla de macanas y pasamanos de madera. En la viga de adelante, colgando de unos alambres están las matas de adorno, sembradas en canastillas hechas de alambres, con tapas de cerveza, o en tarros de galletas o bacinillas viejas. En los pilares de adelante se ponen repisitas para asentar una mata en cada una.
En el corredor encontramos una tarima, una silla de brazos para el viejo o la vieja y unos taburetes de cuero con adornos pintados en el espaldar y en el asiento. Estos muebles, salvo la tarima, se entran a la salita cuando hay visita especial, y también por las noches.
En las paredes del corredor de afuera hay pegadas unas láminas con escenas de cacerías en el Africa o en los Alpes Suizos.
La sala tiene cuatro puertas : la de adelante da al corredor del frente; la de atrás da al patio y las dos de los lados, dan a las alcobas.
En un rinconcito está el altar, que es una mesita con una carpeta, sobre la cual están los santos de devoción, imagencitas de bulto, cuadros adornados con  florecitas  de papel y con papelitos de estaño de colores vivos. En el altarcito están las velas, una a cada lado, y recostados contra la pared o colgados de ella, muchos cuadros de santos, sin que falte la Vírgen del Carmen, -la gran devoción del pueblo antioqueño y paisa a las Benditas Animas del Purgatorio. También están los retratos de los hijos que se han ido ya a colonizar el Quindío, el Valle, "a buscar la vida y con quien casase". Están allí los retratos "para que la Vírgen los lleve con bien y los cuide de todo mal y peligro". Hay floreros con flores de papel unos, y otros con flores naturales. Está el ramo bendito trenzado en forma artística, y el cual sirve para quemar en caso de una tempestad o una gran amenaza de las fuerzas de la naturaleza.
En la alcoba encontramos las camas,  hechas de guadua con sus cuatro patas clavadas en el suelo. Las camas tienen sus esteras de plátano y de junco, y estarán tendidas con la colcha de retazos pequeñitos primorosamente cosidos. Debajo de la cama está la bacinilla lociada o el beque de palo colocado sobre una tablita y tapado con otra tabla en forma de patena. El beque de palo se vacía por las mañanas y se limpia echándole ceniza de fogón. Dicen que a las mujeres de dieta les hace daño usar la bacinilla o mica, porque es muy fría, y deben de usar el beque, el cual generalmente se hacía de higuerón.
Hay una o dos mesitas. En la pared penden los cuadros de La Muerte del Justo y del Pecador, además de un Cristo. Hay una percha para colgar ropa, sombreros, etc., la cual está hecha de cueros o de clavos de madera, o, las más nuevas, de bombillos fundidos.
Está el baúl o el arcón. El arcón es de madera, a veces forrado en cuero, y el baúl es forrado en lata y pintado de vivos colores; en la tapa hay pegadas postales, láminas de las que salían en los paquetes de cigarrillos o de las que traían las piezas de liencillo, o recortadas de revistas viejas: allí puede encontrarse  a Caruso o a la Bella Otero.
Hay uno o varios garabatos para colgar cosas, como por ejemplo, la escopeta de fisto con su cacho lleno de pólvora y su jiquerita con tacos y el paquetico de las municiones.
Pendiente de una viga mediante dos lazos, está la cuna del niño, que es un cajón.
Si pasamos a la cocina, nos encontramos con el fogón, armado de barro con ceniza y el cual tiene uno o dos huecos encima para poner las ollas, y al frente la boca destapada
para meter la leña y las arepas que se asan entre las brasas. Colgando del techo, está la excusa para poner allí la leche en una totuma, los quesitos o los quesos, y las longanizas o chorizos, todo lo cual queda así defendido de perros y gatos.
Colgado de un clavo en la pared, el cedazo de crín, junto a otro de tela para el café.
Subida en el poyo está la forja, que es la que se usa para hacer el desayuno, el algo, la merienda o alguna bebidita que haya que hacer a deshoras, para no tener que prender el fogón. Y junto a la forja está la china. Colgada de un clavo en la pared está la olla de yátaro o la terralía llena de sal. En una repisa vemos un tarro de guadua con miel de caña, la olleta con su molinillo para batir el cacaíto y unas ollitas de barro.
En el otro extremo del poyo hay totumas, calabazos y una cuyabra; cucharas de alpaca o de totuma y el cuchillo cocinero. En el suelo hay dos o tres canastos con papa criolla o legumbres. De varios garabatos penden trozos de carne salada. En un rincón encontramos la piedra de moler con su mano y al lado la cayana, algunos estropajos y ceniza para lavar. Recostada a la pared está la batea. De un clavo cuelga contra la pared, el locero de alambre para colgar los pocos platos y pocillos que hay, pues muchos prefieren la totuma, en vez del plato y el pocillo. Cerca a la piedra de moler está el plato de palo, con media libra de panela y la lezna con cogedera de cacho, para batir el dulce. El raspador de las arepas es una caja de sardinas llena de agujeros hechos con un clavo. No puede faltar la olleta o chocolatera de cobre o barro, con su molinillo de madera. Y es corriente encontrar la paila de cobre para hacer la natilla, el ariquipe y otros manjares por el estilo. Junto a ella, su mecedor de madera.
Al pie de la cocina, en el corredor, está la mesita para comer y a su lado la tinaja o el filtro y tinaja para el agua fresca; el filtro compana de barro invertida, deja caer rítmicamente, lentamente su gotica de agua fresca; filtro y tinaja están encerrados en un  mueble de anjeo de un metro con treinta de altura, aproximadamente; al abrir la puertecita para sacar agua, hay, colgado de un clavito,un jarro de lata para sacar el agua de la tinaja, y, para evitar que algún perezoso vaya a beber en este jarro, su borde está recortado en zig-zag formando así agudos picos; el asiento de este jarro es agudo, como que no se destina a ponerse encima de la mesa.
En el comedor, junto a la cocina, está la jaula con el sinsonte o el turpial, que comen plátano o naranja sin compasión. Y en otro puntico, por ahí cerca y donde no estorbe, hay, sostenida en dos horquetas, una olla vieja, quizás con algún agujerito o una rajadura; en ella se deposita la ceniza del fogón, y, cuando se necesita lejía, basta echarle agua y poner una vasija a aparar debajo.
El patio es empedrado en guijarros pequeños como del tamaño de huevos o un poco más, a veces formando dibujos en gris; hay maticas sembradas, muy usualmente azaleas, o novios.
Detrás de la casa está la huerta, con eras de un metro por dos aproximadamente; las eras se marcan con piedras, ladrillos, y hasta las hemos visto con huesos. Allí se siembran legumbres; cebollas, repollos, coles, tomates, ají, remolachas y zanahorias principalmente, además de las matas de olor o medicinales, para condimentos.
Y más atrás está la arboleda en donde se siembran naranjos, limones, el brevo que se abona con ceniza lavada, la que queda de hacer lejía, aguacates, mangos, zapotes, madroños, etc, etc. Y más allá los sembrados; plantaciones más o menos en grande de café o caña de azúcar, o yuca o papa o, en fín de lo que sea según el clima, la tierra o el gusto de los dueños.
Pero no nos alejemos tanto, que tenemos que acabar de ver la casa. Ese cuartico que hay allí junto la casa y levantado sobre ese cañito de agua corriente, es el excusado. Entremos; el excusado es de cajón;un cajón fuerte bocabajo. Algunos tienen tapa. Y en un ganchito que tienen los editores para las obras que no merecen letra de imprenta, vemos -oh ironías del destino!- partidas en pedazos obras que sí la merecieron; revistas viejas... periódicos de hace un mes. Cuando no hay papel, una tuza basta...y sobra.. y soba!
En fín, no estamos haciendo literatura. Sólo intantáneas. Salgamos. En aquel corredor vemos la hornillita de barro con su plancha de fierro, al pie de la mesa del aplanchadero.
Más allá, cerca de la cocina pero al aire libre está la poceta; el agua viene por unas guaduas; allí se lavan los trastos; se lava la ropa en la piedra de lavar; se lavan las manos, y la cabeza; miren: en aquel pilar está el espejito para que se afeiten los hombres y se peinen las mujeres; junto al espejo está colgada una cola de vaca para poner el peine.
La mata que cuelga de la pared es una penca sábila; tiene mil usos medicinales, pero se cuelga para que traiga buena suerte; la mata después de arrancada de la tierra fresca y jugosa, permanece colgada allí de una cabuya o de un alambre, sin recibir sol, ni agua por años, fresca y hasta crece viviendo del aire. Y aquella hoja de higo erizada de tunas, se cuelga en el hueco de las puertas o ventanas para que no entren murciélagos. Y dicen que ni las brujas..
Y allí no muy lejos de la cocina, está el pilón, de madera o de granito, con sus dos manos de madera y en cuyos extremos se han clavado clavos hasta la mitad que luego se tuercen. El pilón sirve para pilar maiz, que lo pilan las mujeres.
Aquel cuarto grande y ciego es el cuarto de los aparejos y las herramientas. Hay una tabla larga pegada a la pared para que sirva de perchero;de unos clavos de madera cuelgan sillas de montar para hombres, galápagos de mujer, enjalmas, angarillas, silletas, sudaderos, alfombras, frenos, jáquimas, zurriagos y perreros, sogas, lazos, maneas, espuelas y espolines, zamarros de cuero liso y de cuero peludo, alforjones, encauchados, tablillas para destetar terneros, garabatos para ponerle a los marranos muy escarbadores o que se pasan por todo portillo, látigos, peines de cacho para peinar las bestias, sobre todo cuando las brujas las han montado de noche y les han hecho trenzas mal hechas, y cepillos de raiz para bañar caballos. Puede que haya zamarros de cusumbo, que son para andar a pie por entre la maleza.
En los rincones, recostadas a la pared, las herramientas más necesarias; un pisón, una parihuela, el hacha, etc, etc. Cuelgan de sendos clavos, en sus vainas, machetes y peinillas viejos.
Encima de la tabla, el garabato o la medialuna para coger fruta. A un lado está la pesebrera; un bongo grande de piedra o de madera para dar de beber a las bestias; otro para echarles aguamasa a las vacas. Largas canoas de madera para echarles yerba picada o caña picada a las bestias.
Aquel palo grueso y firme que hay allí clavado es el bramadero en donde amarran las reses para curarlas y allá, en media manga, una como canoa hecha de un palo muy grueso y montada en dos horquetas es para darle sala al ganado. Por allí anda la vieja torciendo cabuya con la tarabita. Con la tarabita se hacen lazos, cabuyas y se tuercen las sogas. Allí en aquel árbol duermen las gallinas. Se han puesto unas cuantas varas más porque hay muchas gallinas; ellas suben por este palo. Cuando todas están arriba, el palo se quita. Y el tronco del árbol está forrado de lata para que no se suba la comadreja ni la chucha.

Hay más cosas en la casa? Vea, mi don: si ustedes quieren les puedo poner lo que quieran; desde una mesita pa armar tabaco, hasta un televisor último modelo, pero, estudiando la cosa bien estudiada, dejémosla así... con la mesita para armar tabaco y la banquetica pa la vieja si quieren. Pero no más. Y nos vamos, antes de que nos tengan que poner la escoba detrás de la puerta. La escoba más común es la hechiza, de escobadura o de otras malezas por el estilo. También la de iraca, o la de palma de San Carlos. Hay una escoba un poco más durita, pa empedrados, es la que llaman escoba de palito. Y otra más dura, escoba de chuzos. Y otra más dura todavía, para la pesebrera, que es la escoba de bejuco. Esa es la que le vamos a poner a usted, si se descuida.
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 Nelson Moreno S."Sitio Paisa"

 Después del canto del gallo que celebra la llegada de la aurora con un kikirikí de fiesta despertando a los dormilones y cita al Sol para su danza matutina, el  olor a leña verde y a rescoldo de las brazas del día anterior inunda el lugar, el caminar rápido y cortito de las mujeres que lucen faldas amplias de coleta Margarita y sandalias de cabuya o falda muy recogida ajustada con pretina de amarrar; confeccionadas con  telas estampadas de vivos colores, la blusa de escote cuadrado o redondo, con mangas bombachas  rematadas como el escote con letines, trenzas   con moños, alpargatas  de suela trenzada de cabuya con capelladas de algodón blancas, amarradas con cordones o cintas negras.

El bramar de las vacas reclamando su becerro y su ordeño,  traer y llevar tazas con café recién colado y endulzado con panela  para la peonada y la familia, son actividades diarias de las primeras horas, cuando aun se mantienen las briznas del sereno adheridas a las hojas y a las flores y la aurora tiñe de tintes rojos, amarillos y naranjados el horizonte cercano detrás de los guaduales y mas allá de los cerros. Una tímida columna de humo blanco se eleva desde las casas, indicando que las tareas de la mañana se iniciaron, mientras el golpeteo del hacha  sobre el leño seco arranca  astillas que mantendrán durante el resto del día  el fuego y la esperanza que calentara el hogar.



Las bandadas de golondrinas cazando mosquitos al vuelo, el canto del titiribí-cardenal que se eleva para saludar  las nubes mañaneras y descender creando una  estela  roja en su caída libre, y las mariposas  visitando la enredadera de batatillas, la flor sencilla que cubre gran parte del cercado de estacas; son las imágenes que se grabaron en mi cerebro infantil y anidaron en mi gusto desde siempre.
La noche anterior  dejo  las gotitas  de sereno  adheridas  a las flores  y al pasto, allí saltan los grillos buscando el refrescante liquido , mientras que bandadas de loras  los acechan desde el aire  para cazar  su verde y  apetitoso desayuno.
El campesino madruga, para recoger  los frutos  que la naturaleza maduro  en la noche  mientras  el descansaba, conoce cada  lugar y cada rincón por que a esa hora no hay suficiente luz, le gana al sol y es amigo del trino de los pájaros, se guía por los olores, por el perro que lo lleva y la malicia  heredada de los antepasados  aborígenes.


MADRUGADA CAMPESINA

Madrugada campesina,
aún está oscura la tierra,
pero es preciso sembrar.
La noche ya fue más noche,
la mañana ya va a llegar.
Ya no vale ese cantar
hecho de miedo y de farsa
para burlar la soledad.
Ahora vale la verdad
cantada sencilla y siempre,
ahora vale la alegría
que se construye día a día
hecha de canto y de pan.
Pronto vendrá (está en el aire)
tiempo de trigo maduro.
Llega el tiempo de segar.
Ya van surgiendo prodigios,
lluvia de azul en el maizal,
estalla en flor el frijol,
y hay leche nueva manando
en mi lejano caudal.
Madrugada de esperanza,
ya es casi tiempo de amor.
Cosecho un sol que arde,
labro la luz en la caña,
mi alma en su estandarte.
Madrugada campesina.
Está oscuro (ya no tanto),
vale la pena trabajar.
Está oscuro, pero canto,
porque la mañana va a llegar.
( original en portugues)
(Thiago de Mello. 1.926)


Me gusta lo montañero, lo simple, lo sencillo, aquello que es producto de la malicia indígena, sin mucha ciencia y con mucha inteligencia, creadora de inventos y solución de necesidades, me gusta la ruana y no la capa, el tiple más que el piano, y prefiero el sancocho antes que la pasta; me siento muy cómodo y orgulloso con los padres que me dieron la vida, los hijos que me regaló mi esposa, y premiado por la gran familia   que me hizo parte suya.

Tengo pocos bienes, pero soy rico en sentimientos, millonario en amistad, y cargo un alma alegre y sincera. Alguien dijo que” hay quienes hacemos de nuestra cueva un palacio, de nuestra vida un poema y con un chicharrón una fiesta”, ese soy yo.

Que bueno cuando este teatro de la vida primaria, cambiaba de programa con el paso de las horas, porque nuestra parcela, como los buenos teatros presentaba, matinal, social y nocturna.

Cuando el sol borra las sombras en su perpendicular posición y deja de ser el Amón de los egipcios, para convertirse en nuestro modesto Bulova anunciándonos el midí, el noon de los gringos o la hora del almuerzo para nosotros, nos regala un panorama tropical diferente: con el vuelo circular de los buitres, que imitan al cóndor , las siempre vivas y flordeundía  junto a los girasoles , mostrando sus esplendidos colores, el zumbar de las abejas, que fabricaron su colmena  en una guadua de las que sostiene el techo, en competencia con el picaflor que también  guarda sus huevecillos en un diminuto hueco del tejado,  extraen el polen de las flores  mañaneras que ofrecen su almíbar al primero en descubrirlas, el canto agorero del trespiés en el guamo mas alto y la visita de los petirrojos y afrecheros a los predios del pilón de piedra, donde en la mañana se trillo el maíz para la mazamorra., el canto lastimero de la tórtola y la inmediata respuesta de los palomares en una sinfonía de gorjeos, el vuelo de la cometa ocultándose  entre las nubes atada a una piola  desde la casa del vecino y el ladrar del perro a los caminantes y jinetes del  sendero, es una película muy distinta a la de la mañana, en la que hay que estar alerta para no perderse detalle y activo para sentir que la vida también respira junto  a  nosotros .

Ahora hay nuevas aromas, ya no es el café de la primera hora ni la arepa del desayuno, ahora huele a frijoles, tajadas de maduro, arroz blanco, huevos fritos y carme molida, coronado por un chicharrón de siete escalas, a eso le llamamos bandeja páisa y es necesario un pan para comerse ese rico olor, el refresco de agua de panela cruda con limón injerto, el dulce de brevas o el batido de piña complementan este manjar del medio día.

La hamaca de colores y cenefa de hilos , meciéndose entre los dos árboles del patio, el columpio colgado a la rama mas alta, las paseras donde se seca el café verde y las semillas de higuerilla conque se produce el aceite para la lámpara, el sonido monótono de la pica-pasto cortando las cañas de azúcar para los caballos, el encierro de los becerros llamando a las vacas y el cacareo de las gallinas anunciando la postura de sus huevos de yema roja  y de dos yemas, las nidadas de pollitos que pían  corriendo tras su madre, sumado al sonido del viento que visita los cafetales , los cañaduzales y la sementera trayendo el trino de pájaros, el ulular de las hojas secas y el chillar de los grillos y chicharras de verano...



La tarde es una fiesta, es la hora de calcular la producción del trabajo del día., de llevar los granos de café recogidos en un costal de fique, para pesarlos o medirlos en una lata de manteca, cuatro latas hacen una arroba. A quien recoja más de una arroba se le considera veterano.

Hay una especie de apuesta secreta  entre los recolectores, para  definir quien cogió mas café, todos asisten a la medición de cada recolector, las familias no cuentan, solo cuentan los individuos  y a cada medida surgen los comentarios: que el surco de Alejo tenia mas carga, que  Jesús madrugó mas que todos, que yo llegue tarde porque el patrón me llamó, que Ignacio tiene parte con el diablo, que tenia un saco guardado debajo de un palo desde ayer. Pero solo es tomadura de pelo, hay amistad  entre el grupo, se respetan y se colaboran.
Es la cultura del café, conservando su historia, enriqueciendo su desarrollo y manteniendo una tradición de orgullo, valentía y honestidad.
 De  hombres y mujeres, jóvenes y viejos, que  forman la gran familia cafetera de nuestro país, columna vertebral de la economía de humildes y poderosos, en la que los recolectores son materia prima indispensable, pero sobretodo son personas y como tal se les considera.
Llevan la cuenta de sus latas medidas en papelillo de cigarrillos Pielrojacuidan  sus tesoros personales, el canasto, la mulera, el sombrero, el  tarro para el agua , la navaja, el machete, el mechero y el monicongo o la estampita de la virgen. Un retrato desteñido de la novia  o de la hija, un billetito de cincuenta centavos con la figura grabada del general Córdoba
la cajita  metálica del mentholatum o del mentol chino y la lima con estuche de cuero para afilar la herramienta.
Las flores de las plantas del café (cafetales) son pequeñas, blancas y olorosas, reunidas en grupos en las axilas de las hojas. Los frutos son de la medida y del color de una cereza y están formados por dos granos de café envueltos en una membrana.

La recolección de los granos de café es un proceso largo y minucioso. Primero han de madurar las cerezas hasta que alcancen un color rojizo. Los recolectores repasan los cafetos y recolectan una a una las cerezas maduras. Así el proceso se alarga hasta que todos los frutos maduran completamente. Cuando la recolección se ha realizado de forma selectiva, es decir, solamente las cerezas maduras, los granos se tratan por un laborioso método de limpieza a base de agua, durante este proceso se separa la pulpa utilizando un rustico aparato llamado despulpadora y se seleccionan  los granos.

 Posteriormente se extienden para su secado y se realiza la  selección de los granos de superior calidad utilizando la zaranda.

Existen varias leyendas acerca de cómo  se llego a  consumir el café  tostado: Cuentan que, en Abisinia 450 años antes de cristo, donde un pastor de cabras  llamado Kaédi apacentaba su rebaño observó el extraño comportamiento  de sus cabras cuando comían de las bayas de un arbusto, cortó los frutos y las hojas de un cafeto y las llevó al monje del convento  Chehodet,  para cocerlas, una vez cocinado, el monje probó la bebida y la encontró de un terrible sabor, por lo que arrojó a las llamas los granos que  quedaron sin cocer. Los granos conforme se quemaban despedían un olor agradable, por lo que el monje tuvo la idea de preparar la bebida con estos granos y el brebaje, aunque amargo, tenía un aroma y un sabor agradable y producía, después de beberlo, un efecto tonificante, por lo que los monjes decidieron adoptarlo para mantenerse despiertos durante sus oraciones (  San Café)

El café ha sido, a través de la historia, alabado, prohibido, criticado, simbolizado, etc. En el año de  1920, apareció un tratado anónimo, en donde se especifican las cualidades que se atribuyen a la bebida “que deseca todo humo, frío y húmedo, expulsa los vientos, tonifica el hígado, alivia a los hidrópicos por su naturaleza purificadora, resulta también excelente para la sarna y la corrupción de sangre, refresca el corazón y el latido vital de este, alivia a los que tienen dolores de estómago y a los que han perdido el apetito, es igualmente bueno para las indisposiciones de cerebro frías, húmedas y penosas. El humo que desprende es bueno contra los flujos oculares y los zumbidos de oídos, resulta excelente también para el ahogo, los catarros que atacan al pulmón, los dolores de riñón y las lombrices, es un alivio extraordinario después de haber bebido o comido demasiado...”

El café solo se colecta cuando esta maduro de color rojo o anaranjado, no se toma verde porque pierde calidad, al  trabajador se le asigna un surco, pero algunas veces hay familias completas que toman tres o mas surcos y hacen bolsa común, los surcos se respetan pero se aceptan ayudas, sobre todo cuando los arbustos son muy altos.

El café madura primero en las tierras bajas y poco a poco va madurando en las más altas. De la misma manera avanzan los grupos de trabajadores de finca en finca desde las zonas bajas hasta las mas altas, su trabajo es temporal, mientras dura la cosecha y su salario es por producción o al destajo, dependiendo de la cantidad de labor que se haga.

Junto a ellos van las chapoleras,  son las mujeres de la cultura cafetera, las esposas, hijas o compañeras de los recolectores, las que hacen la dura labor  un poco más grata, las primeras en madrugar y las últimas en retirarse, sobre ellas se conoce un millón de historias, desde la cenicienta que terminó siendo la esposa del patrón , hasta la que por amor se perdió entre la multitud de jornaleros, se han escrito cientos de libros y novelas, porque a partir de ellas el café tiene aroma de mujer; nuestro bardo Jorge Robledo Ortiz , les canto en su” Romance de las chapoleras :”

Hacen parte del paisaje
su corpiño de zaraza
su escapulario del Carmen
sus pequeñas alpargatas
Y la copla campesina
que a media voz se desgrana
hace temblar los arrieros
que domina la montaña.

Lleva en sus labios promesas
lleva en sus ojos nostalgias
en sus cabellos la sombra
y la luz en sus pestañas
tiene en su garganta un nido
de cascabeles de plata
que hace pecar por envidia
las cuerdas de las guitarras

Nunca las seis campanadas
 le han sorprendido en la cama
ella es el despertar
que despierta la mañana
para que barra el rocío
que amaneció en la sabana
llanto que lloro la luna
sobre un pañuelo esmeralda 

Y es que cuando quiere quiere
con fuerza de madrugada
sin renunciar horas gratas
ni escatimar las amargas
ella aprendió que en la vida
 solo es grande la montaña
el amor sin egoísmos
y una noche constelada


Tu ignoras chapolerita
que oculta entre la montaña
eres símbolo y orgullo
de esta titánica raza
que en la mañana somete
al roble a golpes de hacha
y al corazón por la noche
rinde a golpes de guitarra

Sigue gentil chapolera
en guillotina de nácar
decapitando rubíes
para llenar la canasta
mientras viendo tu belleza
se emborracha la mañana
 y duerme la borrachera
en los pliegues de tu falda

Usan vestido de dos piezas: falda y blusa estampada, o falda estampada y blusa blanca.  Su estilo es bien peculiar, se lo impone su trabajo como cogedora de café.

La blusa  bien encotada de cuello alto y cubierta para evitar la molestia de los bichos y mosquitos que se levantaban en las plantaciones.
La falda  en percal o zaraza estampada con arandela de alambre  en remate del ruedo, lleva delantal sobre el que descansa un canasto de bejuco.  Usa pañuelo floreado amarrado en la nuca que deja caer sobre la espalda.  Trenzas rematadas con moños. Calza alpargatas anudadas con reata o cordones. 

Algunas fincas son preferidas por los mas veteranos  y  especialmente por la alimentación que ofrecen y el alojamiento que brindan, duermen en ramadas  construidas para ese fin, con camarotes de guadua, se bañan en la quebrada cercana o en agua  del tanque  que sirve para lavar el café, algunos llegan solos, otros en compañía de su mujer y de sus hijos.

 Mantienen un apetito respetable, antes de ir al surco toman una taza de café negro endulzado con panela, a las ocho desayunan con chocolate, arepa ,huevos o carne, fríjoles del día anterior revueltos con arroz y calentados con manteca y tajadas de plátano maduro fritas, al medio día prefieren el sancocho con plátano verde, yuca, arracacha, mafafa  y cilantro, una buena ensalada de repollo fresco y mucho limón, para beber prefieren agua-panela cruda con limón , en la tarde a la hora de la cena casi siempre comen fríjoles, arroz, plátanos cocidos, chicharrón de cerdo y una taza de mazamorra de maíz ,

 El "calentáo" se prepara para el desayuno con el arroz, papas y carne que quedan del día anterior. Se guisa la olla para el arroz con aceite, ajo y sal. Se le agregan las 4 tazas de agua y cuando "rompa el hervor" y se le coloca el arroz blanco previamente lavado y escurrido. Se deja hervir, bajándole el fuego cuando va secando. Se tapa y se deja secar por 30 minutos. En una olla aparte se cocinan las papas con muy poquita agua hasta que estén; lo mismo se hace con la carne que se ha aliñado con sal, pimienta, tomillo, laurel. En un caldero se colocan dos cucharadas soperas de aceite y se le agrega tomate, cebolla,  picados finamente. Cuando este guiso está se le agrega la carne que se deja dorar allí; posteriormente se le va agregando el arroz, para que guise con la carne, cucharada por cucharada y, de último las papas también para que doren en el guiso. Algunas personas le agregan al final una taza de leche o de natas. En la región interior del país se sirve al desayuno con chocolate y pan francés.
(Sitio páisa)

 Después se sientan en el piso en un lugar fresco haciendo rueda donde pueden escuchar noticias,  chismes o aventuras y relatos de los mas comunicativos y parlanchines; se cuentan las incidencias del día, sobre la culebrilla que estaba en el árbol, la chucha que escapo al ver a los hombres, o el gurre o armadillo que cazaron metiéndole un espartillo por el rabo antes de que se introdujera a la madriguera, la mata de pringamoza que hizo saltar a varios con sus ortigas, o las canciones viejas que recordaron para alegrar la jornada.

Hay quien cuenta viejas historias ocurridas en otras fincas y en otras regiones o relatos de personajes míticos tradicionales, como la Madre-montela Llorona, El pollo Peletas,  Pedro Rimales, Cosiaca o el Moan


La Patasola
Propia de toda la región antioqueña y el Tolima grande. 
Cuentan que la Patasola es el espíritu de una mujer infiel que tenía amores con el patrón de su esposo; cuando el esposo descubrió el engaño mató al patrón con un machete y a ella le cortó una pierna, ella corrió con su única pierna hasta que se desangró y murió. También cuentan que era una mujer que perdió una pierna por estar cortando leña un Viernes Santo, cuando supuestamente nadie debe trabajar ni hacer nada, y quedó condenada a errar por el mundo, y se oyen sus gritos de dolor en la noche, con la particularidad de que cuando se oye lejos está cerca y cuando se oye cerca esta lejos.
Es una figura femenina con una sola pata en forma de tronco de árbol que termina en una pezuña o una garra de oso, con la que avanza con rapidez. Tiene un solo seno en el pecho y brazos muy largos con manos como garras. Su aspecto es aterrador: cabellera enmarañada, grandes ojos de tigresa, boca grande y  colmillos enormes.
Habita en los montes y se la ha visto cantando trepada en un árbol esperando la salida de la luna.  Es defensora de los animales  salvajes y de los montes. Se cree dueña y señora de la selva rodeada de fieras y bichos maléficos. Persigue a los cazadores, a los mineros y a los aserradores y odia los sembrados, los machetes y los perros.
Se presenta a veces como una mujer bellísima y seductora que llama a los hombres y los atrae para enamorarlos, pero a medida que avanza hacía la oscuridad del bosque se va transformando en un monstruo con ojos de fuego, boca inmensa con dientes de felino, y una cabellera de medusa despeinada que cae sobre el rostro para ocultar su fealdad  y los devora hasta dejar los huesos pelados y regados por todas partes; los que consiguen escapar regresan trastornados. 
En otras ocasiones, oyen los lamentos de una mujer extraviada; la gritan para auxiliarla, pero los quejidos van tornándose más lastimeros a medida que avanza hacia la víctima y, cuando ya está muy cerca, se convierte en una fiera que se lanza sobre la persona, le chupa la sangre, y termina triturándola con sus agudos colmillos.
Despista a los cazadores y a los perros, borrando las huellas de las piezas de caza y deja en su lugar la huella de su pezuña o imitando la del animal perseguido en sentido contrario hacia donde escapan los animales, lo cual  hará extraviarse en el bosque a los cazadores, con el fin de acercarse a velocidades increíbles para poder atacarlos, o para atormentarlos por las noches con caricias torpes hasta debilitarlos.
También persigue a los a los mineros que tengan muchas herramientas, porque odia el hacha, la peinilla o el machete y castiga a los agricultores mandándoles vendavales para destrozar sus plantíos, y más si son de maíz.
Ocasionalmente también se aparece a los niños como una mariposa que los sonsaca hasta el bosque para chuparles la sangre.
Dice la Leyenda que cuando ella mata a alguien, se sienta contenta a cantar: 

Yo soy más que la sirena;
En el monte vivo sola;
Y nadie se me resiste
Porque soy la Patasola.

En el camino, en la casa,
En el monte y en el río,
En el aire en las nubes,
Todo lo que existe es mío.
El único modo de ahuyentarla es estar siempre acompañado de animales domésticos, principalmente perros, o recurriendo a la candela o a un hacha.
El gran novelista colombiano Tomás Carrasquilla Naranjo describe así a el Patasola (al que, discrepando con la mayor parte de las tradiciones, da género masculino o posiblemente  homosexual) en su novela La marquesa de Yolombó:
“ Aquí habita El Patasola, que, disparándose del monte, en tres zancadas, desgaja los frutales, rompe cercos, hunde techos y cuanto topa, con su única pezuña, hendida como la de un marrano babilónico. No se conoce contra que le valga”.
Las Patasolas nacieron a la mitología popular nuestra cuando se iniciaron los trabajos de descuajamiento de las selvas tropicales, empresa heroica en que la derriba de los árboles constituye una verdadera lucha entre el hombre y la selva. La Selva  aquí se personifica en un genio tutelar de sus dominios y es la enemiga del hombre en forma de un endriago de cabellera  enmarañada (ramajes) y de una sola pata (tronco del árbol) que le da su nombre de “patasola”. Todos los percances consiguientes a la labor de los hacheros y aun de los mineros que trabajan en las montañas (ríos selváticos en donde se hallan las minas de oro de aluvión) se atribuyen a la agresión de las Patasolas. La motivación de este mito como presencia femenina se debe a las circunstancias vitales de la Selva, en cuyos trabajos el hombre está solo, ya que la mujer poco participa  en tan ruda y peligrosa faena, y por ello la imaginación crea naturalmente la presencia del sexo complementario en estas deidades femeninas. La violenta labor del hachero termina con la caída del árbol que aquí simboliza a la Selva como hembra dominada y vencida pero, a veces, trágicamente vencedora. Cuando hacheros o mineros se pierden en la selva, es corriente el dicho: “Se lo llevó la Patasola”.
, Agustín Jaramillo Londoño (1988): El testamento del Paisa,


. Algunos cantan canciones folclóricas y no falta quienes se acompañan con una guitarra y un tiple, también hacen  música utilizando un serrucho, o una hoja de café enrollada a manera de pito o un par de cucharas de palo,  en los días sábado esta actividad la desarrollan frente a una hoguera de leña verde que instalan en el patio y se ameniza con aguardiente y chicha, un buen tabaco y alguna pareja que baila canta o enamora.

Ven paca mas paca
ven y emprestame tu jetica


y en despues me diras
si me queries su mercesita
como yo no habera
quen la quera
hasta que se muera
linda chatica
dame un besito siquera
chatica linda cuando te miro
ahi mesmamente me da un suspiro
muy de adeveras
tuitos los dias voy a rezarle
a santa virgen para implorale
que vos me queras
llegan las noches y ya ni duermo
la paso en vela como un enjermo
que esta penando
y hecho a pensar que si uste miolvida
me he de quitar esta puerca vida
que estoy pasando.
                                     ( Bambuco  de  Jorge Camargo)

Las noche es para soñar, bajo las estrellas, adivinando las constelaciones y pensando que la luna es una gran rosca de pande-queso, sabiendo que las brujas existen pero no hay que creer en ellas, aunque las veas volar sobre escobas y cabalgar haciendo trenzas en la crin de los caballos mas briosos, rezando al duende para que no enamore a nuestras hijas  púberes y no envolate al muchacho de los mandados. La noche es tiempo de serenatas junto a la ventana de la amada, o del amigo, es tiempo de pescar con linterna y lomo de machete, de fabricar lámparas mágicas
capturando  luciérnagas y cocuyos en un frasco de vidrio, del canto delcurrucao, la lechuza y de espantar los zancudos con sahumerios a base de cagajón  de caballo negro, que parecen panecillos de molde cuadrados sobre brazas de carbón.
Dime doctor doctorado
Tu que eres en libros  tan estudiado
Porque? El caballo colorado
Teniendo el culo redondo
Pone el cagajón cuadrado?
Refranero popular.

La albahaca y el romero aprovechan la oscuridad para brindar sus aromas y los viejos afirman que el helecho y la guadua  solo florecen en la noche cada cinco años. Los golpecitos repetidos y ligeros sobre el corredor de tablas de madera, indicando que el perro tiene pulgas y es necesario bañarlo con veterina, el silbar del viento por entre las rendijas de las puertas o el bramar del” putas” en tiempo de tormenta nocturna, hacen que sea mágica, tenebrosa, imaginaria y creativa. Más de uno nos hemos orinado en la cama, por temor de salir  fuera de la casa en noches  sin luna, o cuando la noche  se inició con narración de leyendas.
En familia  aún recordamos  una tarde, un poco mas tarde de la oracioncita, muy  oscura y silenciosa, ya habíamos terminado las faenas propias de la tarde y nos preparábamos para un reconfortante descanso, cuando proveniente  de la huerta , entre las pencas de plátano, se escucho el llanto de una mujer; era un llanto de angustia , no de dolor, muy triste , como la queja de alguien que ha perdido  un ser querido, mi padre  llamo a  uno de los trabajadores  para que viese que pasaba, pero el hombre solo cambio de color, se puso pálido y tembloroso y nos dijo, Esa es la llorona, yo no quiero saber nada de ella, mi padre  la llamó  preguntándole a los gritos Que le pasa?.... ella no respondía se limitaba a aumentar el volumen de sus lamentos , hasta que de un momento a otro , sin escuchar movimiento de ninguna clase, un llanto que helaba los huesos resonó en la cocina  misma de la casa. Ni que decir que  nos encerramos, aseguramos las puertas con trancas de palo   y pasamos la noche rezando de pánico y quemando ramo bendito, conservado desde la semana santa anterior.
Es la noche campesina la que más contribuye a la explosión demográfica,  sin radio, sin televisión y sin luces de colores, solo queda la diversión del amor con sus consecuencias y alegrías, con la prolongación de las familias y  la cosecha de chiquillos barrigones y juguetones.

Esa es mi tierra, aquella que me vio nacer , crecer y sonreír agradecido por las bendiciones con que me obsequio la naturaleza, la que tiene olor a humedad y se cubre de musgo en las sombras, donde se deja caer un grano y nos devuelven un árbol preñado de frutos nuevos, donde Dios no plantó un manzano del bien y del mal , sino miles de diferentes frutos y nos alentó a comer de ellos, a amarlos, preservarlos y vendérselos a los ojos hambrientos de los eco-turistas. Donde igual que  la yerba  brotan espontáneamente  artistas, ganaderos, maestros, músicos, labriegos y las más lindas mujeres de la tierra. La Tierra que  aprendí a querer.



Mi Dulce Madre Labriega:
Porque inclinaste tu frente sobre el altar de las eras
aprendí a querer el surco, mi dulce madre labriega
porque tus manos mecieron el pan en cunas de tierra
aprendí a querer la espiga y el agüita que la alienta.)
Porque le enseñaste al sol a tejer con miel la huerta
y al ruiseñor del alero tus canciones jardineras
aprendí a querer la luz que madura las cosechas
y las semillas que gritan tu nombre cuando revientan.
Porque enseñaste una flor a cada mañana nueva
aprendí a querer las tardes que son como tú, morenas
porque enseñaste también que son de espigas las penas
aprendí a querer la vida mi dulce madre labriega. 

( Madre Labriega.Bambuco.Luis Carlos Gonzalez)

Es la tierra del café, esa cuyos surcos semejan las trenzas de la Pacha Mama,la del verde esmeralda, con puntitos rojos y caras bonitas, la de casas blancas, de tejas rojas y esterillas de guadua, donde nos saludan con una sonrisa y nos despiden con una lágrima, no sin antes invitarnos a un tinto caliente.
El café de ser:
                       Caliente como el infierno
                       Amargo como mi suerte
                       Fuerte  como la muerte
                       Escaso como el dinero
Se dice que los habitantes de los Estados Unidos consumen casi la tercera parte de la producción mundial de café, y talvez en este hecho radique la explicación del proverbial nerviosismo y gran capacidad de trabajo del pueblo Americano. Los ácidos clorofénicos que contiene el café podrían usarse en la fabricación de medicinas para el corazón y contra el insomnio, epilepsia e hiperactividad, es un antioxidante, la adenosina  presente en  el café  ayuda a la velocidad conque los nervios transmiten los mensajes, además es un dilatador de las arterias permitiendo mayor flujo de sangre y oxigeno y también diurético, es como tener la farmacia en la sementera.

El café además de excitante y tonificante, es un buen remedio para la migraña, sus hojas verdes son febrífugas y antirreumáticas, contiene acido benzoico, ferúlico, salicilato de metilo, quercetol o quercetina, es antinflamatorio, antialérgico, antiherpetico, protector capilar y relajante del músculo liso, no produce cáncer y le da de comer a varios millones de colombianos, alegres dicharacheros, coquetos y socios honorarios  de Don Manuel Mejía : Mr Coffee  ( * 1.887 + 1.958 )

Quien no tenga un amor fuerte y querendón en su tierra, corre el peligro de enamorarse de la tierra del café al visitar y perderse en la inmensidad del verde, convirtiéndose en hombrecito verde, que son los amigos de los tánganos, los Gnomos,  los pixies, y los trasgos pero enemigos acérrimos de los duendes, porque los duendes son reales y cohabitan con nosotros y por lo tanto son competencia, no como los otros que son inventos de Hollywood.

Un arbusto ( BUSH en ingles) de café, es muchas cosas a la vez, si es arábigo o borbón, puede ser una choza, porque sus ramas forman una especie de hongo que llegan hasta el piso; es el hábitat de muchas aves, que en su copo forman  nidos y crían a sus polluelos, allí también crecen las orquídeas, besitos  y parasitas, debajo de el habitan conejos, ardillas, armadillos, chorolas y comadrejas ,lagartijas, lagartos, culebras, salamanquesas, erizos, murciélagos, sapos, ranas y guatines

En algunos  sitios despoblados es un baño público, para cumplir las necesidades biológicas bajo el amparo y complicidad de su privacidad.
También es el paisaje único de suaves ondulaciones que semejan un mar de esmeraldas con barquitos en forma de casa y nautas adornados con muleras, sombrero de paja, machete entre las piernas y cestos de bejuco llenos de cerezas maduras, cantando  sus alegrías y disfrazando las penas con una sonrisa plena.

Mi Cafetal. Bambuco de Rafael Godoy

Como un copo de azahares
que va cubriendo la rama
esta el cafetal en flor
aromando la montaña
están de fiesta la flores
abejas y mariposas
y se ve salir el humo
entre copas de yarumo
de una casita en la loma
Cafetal de mis cantares aquí te vengo a cantar
cantares de cafetal para olvidar mis pesares.
Semillita prodigiosa semilla de la esperanza
que le das vida a mi vida
y le das vida a mi patria



El Quindío, que en lengua quechua quiere decir “ Eden “ en la prehistoria fue el hábitat de los indios Quimbayas, (genérico de los Quimbos), famosos por su orfebrería, de refinada obra del oro y el tejido de mantas, eran tribus pacíficas y muy trabajadoras lo que los convertía también en hábiles comerciantes, su más reconocido líder se llamo  Régulo Calarcá  un hombre inteligente  y sobretodo muy leal con sus tradiciones  indígenas.
La actitud  de su hermano y vecino el cacique Combayma, desató una guerra  entre las dos tribus, a pesar de pertenecer ambos a la misma  familia Pijao. En1602 los pijaos, dirigidos por Calarcá, iniciaron una guerra general contra los europeos. Ciudades españolas de esta región de la Nueva Granada comoCartagoBugaIbaguéNeiva y La Plata vivieron por aquella época un período de terror. Cuando atacaban ciudades, encendíendo fogatas en señal acordada para convocar los guerreros.
Era el cacique Combayma el más hermoso tipo del pijao, joven, valeroso y compartía con Calarcá el poderío de los vastos dominios de la raza caribe en el centro de Colombia.
Combayma sin embargo formó alianza con los españoles, se enamoró locamente de una española blanca y rubia ya entrada en años. La pasión del cacique lo llevó a solicitarla por esposa y como este enlace convenía para la pacificación, los capellanes del ejército se dedicaron a catequizar al salvaje; cumplida esta formalidad, lo bautizaron con el nombre de Baltazar, así le fue entregada al pie de los altares la dama de sus pensamientos.
En medio de este idilio, dedicado al trabajo, al amor y a una vida nueva, les llegó un niño, rubio como su madre, robusto, fuerte   y bien conformado como su padre. En esta criatura concentró don Baltazar todos sus cuidados y constituía todas sus esperanzas futuras.
 La sacerdotisa Yulima, que regentaba un santuario religioso pijao en las cercanías del volcán Machín, fue asaltada por los españoles y hecha prisionera, siendo conducida encadenada hasta Ibagué, en cuya plaza principal se le incineró viva por los conquistadores y mientras agonizaba recibía bendiciones de un sacerdote para que su alma volara pronto al cielo.
 Pero he aquí que el cacique Calarcá, sabedor de este acontecimiento, consideró al Combayma como traidor a los derechos de su raza y le juró tomar entera venganza, en la forma y como era costumbre en las leyes de su pueblo. Así pues, hizo introducir en su casa un trapo ensangrentado, anuncio fatídico de guerra sin cuartel.
Un día cuando la madre del desgraciado niño, primer mestizo del Nuevo Reino, por vía femenina, se acercaba a una fuente con el cántaro y el hijo de la mano, mientras el padre, desde una huerta vecina contemplaba este cuadro, de la que más amaba en la vida, vio  que de la maleza saltaba un indio, tomaba al niño violentamente y se lo arrancaba a la madre impotente para defenderlo. Su persecución fue ineficaz, por todas partes se buscó al ladrón hasta que el desgraciado padre perdió las esperanzas de recuperar aquel pedazo de su corazón. Tres días después del suceso, don Baltazar se levantó de su lecho y se encontró con un envoltorio en una piel de tigre, colocada cuidadosamente en el corredor de su casa, la desató y encontró un collar de perlas falsas y un arco que él había fabricado y lo había regalado a su amigo Calarcá en los buenos días de su amistad; y al lado de estas prendas, los huesos de su hijo, roídos por los dientes salvajes de su poderoso enemigo. Todo quedaba claro; la reconciliación sería ya imposible y no quedaba ya otro camino si no alistarse para la lucha a muerte entre estos poderosos titanes de la selva.
Don Baltasar, conocedor de lo que iba a suceder, advirtió a sus amigos los españoles del peligro que corrían si no estaban listos y voló a Coyaima con el fin de levantar sus tribus y armarlas para la guerra sin cuartel que pensaba hacerle a su enemigo, hasta vencerlo y tomar venganza del atroz delito o morir en la demanda.
Par su parte,  el mandatario español reunió la mayor parte de sus tropas en la mesa de Chaparral y el infatigable Calará, reunió todos sus efectivos y se presentó sobre el cerro de Calarma y colinas adyacentes a la mesa donde campeaban las fuerzas españolas.
Al principio el jefe indio se concretó a hacer ataques parciales en los que tuvo éxito.
Borja el español se retira a un lugar seguro mientras le llegan los refuerzos. Dueño ya de un ejercito de blancos, mestizos y colimás, amigos y dueños de una caballería, espera en los resultados de su táctica hasta que ambos ejércitos se enfrentaron en terreno descubierto y llano en el punto donde termina la mesa de Chaparral y empieza el descenso para llegar a la provincia de Ambeima.
Calarcá y Gualará, jefes supremos del ejército indígena, lanzan sus batallones a la muerte. La batalla brama, la sangre corre; Calará busca afanoso  al Combayma para darle el castigo definitivo. Combayma, ahora Baltazar, busca afanoso el paradero del insolente comedor de su hijo, al fin se encuentran, las llamaradas de odio enrojecen sus rostros, mudos, con los ojos extraviados, lanza en ristre se acometen como dos fieras; avanzan, retroceden, los músculos poderosos se ensanchan como cauchos, hasta que don Baltazar, quizá más joven, o tal vez más fuerte, logra ensartar a su enemigo por el vientre y, el infortunado deslizándose se vino a caer en los brazos férreos de don Baltazar.
 Aseguran  algunos,  pero sin mucho fundamento que Calarcá, pasando la lanza de Baltasar  a través de su propio vientre, llego con sus manos hasta el cuello de Baltazar, muriendo los dos al mismo tiempo.
Al morir el cacique Calarcá, su hija recibió el cadáver, ordenó cavar una sepultura entre las rocas del monte  llamado Peñasblancas y allí lo enterró, con todos sus tesoros, en una fosa que los guaqueros denominaban «catedral» por el volumen y la magnitud suntuosa de los cajones y de los pasillos.
 La hija del cacique Calarcá, hermosa, valiente y fiel a su padre, como que se convirtió en reina (cacica) de los pijaos a la muerte de su progenitor. Hecha ya mujer, Guaicamarintia abandonó a los suyos y se casó con un cacique quimbaya quien la cubrió de oro y de riquezas. Inicialmente representó la misma misión emancipadora que animó a su padre, y era, por así decirlo, una heredera indómita ante las pretensiones de los invasores españoles que nunca pudieron socavar el carácter agreste de los pijaos. Ya en la civilización de los ricos quimbayas, la cacica Guaicamarintia  se tornó sumisa y nunca pudo recuperar aquel espíritu altivo que habían adorado en ella sus súbditos.
«Peñas Blancas» ha sido en verdad un polo de atracción de los guaqueros que invadieron el Quindío a mediados del siglo pasado, tras un «Dorado» que se suponía localizado en dicho sitio.
 Jesús María Suárez, un cronista de principios del siglo XX, nos trae también el recuerdo de la siguiente leyenda: hubo en la región del Quindío una laguna llamada «Maraveles» en cuyas aguas flotaba una totuma encantada que «al tocarla pitaba como un toro y luego desaparecía». Se dice que en esta laguna había depositado todo su oro el cacique Calarcá antes de irse a pelear contra los españoles. Era una laguna inmensa: brillaba con luz fosforescente por las noches y su agua era limpia y cristalina como ninguna en la región. Esta laguna atrajo la atención de los colonos y de los guaqueros que se habían instalado en Salento - entre los cuales estaba el mismo Suárez-.


Alrededor de «Maraveles» crecían los cipreses, los álamos, robles y abedules; nadie podía acercarse a la laguna sin atravesar una inhóspita región donde medraban las fieras y los peligros de la selva; cuando llovía, se hacían intransitables los pantanos; en verano, las alimañas impedían cualquier acceso; sólo el cacique Calarcá conoció un sendero fácil por donde llevó sus riquezas, en compañía de una docena de guerreros pijaos a los que asesinó con sus propia manos cuando terminaron su labor de enterramiento; al morir, Calarcá se llevó el secreto de la laguna hasta cuando los salentinos oyeron hablar de ella y comenzaron a invadir el Quindío en su búsqueda.

 Los  Quimbayas  abrieron caminos a través de la montaña para llegar al valle del Magdalena, donde vivían sus vecinos los Combeimas y hacia el sur al valle del Cauca donde habitaban los Morrones y Calimas; también establecieron rutas al norte hacia lo que hoy es Antioquia , región de los Arma.y kalamares.

Y todos estos caminos se reunían en Cocora, un hermoso valle bañado por las aguas del río Boquía, cuyo nombre le adjudican a una especie de loro de orejas amarillas que habita en las palmas de cera, abundantes en el lugar, en la actual población de Salento.
La leyenda del tesoro de Pipintá pertenece del mismo modo al patrimonio mitológico del Quindío.” Un colono que buscaba la hoja de iraca, se internó en la selva; súbitamente tropezó con una gradería de piedra, siguió el camino hasta un templo subterráneo y allí vio un tesoro de objetos, entre ello una enorme serpiente hecha de oro; para llevarse estas riquezas, retornó por sus hermanos a quienes narró lo sucedido; pero al tratar de hallar de nuevo la gradería, no pudo hacerlo y el tesoro de Pipintá permaneció inviolado.” Sin embargo, la conseja se extendió rápidamente por Antioquia y desde allí llegaron hasta Salento muchos aventureros tras las huellas del oro, lo mismo que años atrás habían  venido los conquistadores españoles tras la leyenda del oro.

Fue el conquistador español Álvaro de Mendoza quien llegó por primera vez al norte del Quindío cuando extravió el camino hacia las Hermosas donde se creía estaba Eldorado.. Pero hacia 1537, y al penetrar desde el sur, el capitán Miguel Muñoz -fundador de Cali, junto a Belalcazar-­ alcanzó a llegar con sus gentes hasta un río donde hallaron «una vieja de más de cien años, pero tan llena de oro fino que -según lo relata fray Pedro Simón en sus Noticias Historiales- parecía querer suplir con la hermosura de aquel metal lo que sus años le habían quitado».El español debió luchar con algunas tribus (como el belicoso cacique Ocusca y otros jefes indígenas), pero también existieron agrupaciones de indios que se rindieron sumisas al conquistador. No parece haber duda de que una de las tribus que se entregaron fácilmente fue la de los quimbayas, si exceptuamos a los caciques Tucurumbí y Consota.
Dentro de las relaciones tribales, el marido quimbaya era amo y señor y la mujer una esclava; la poligamia no era criticada, como tampoco el adulterio, y el uso de la chicha era de tal manera exagerado que, como dice el  historiador Emilio Robledo, los indios «bebían, cantaban, bailaban y orinaban a la vez».Cuando la chicha había hecho sus estragos, dice el escritor, comenzaban a gritar «batata-bati, batata-bati» como una forma de juego muy agresivo.
Estos fueron los quimbayas, cuyos notables caminos con pisos de troncos -que parecen haber cubierto el Quindío entre los 1.400 y 2.400 metros sobre el nivel del mar- tienen todavía en asombro a los arqueólogos y etnógrafos. «Esto, junto con el inmenso número de sepulturas descubiertas en el Quindío, ha llevado a varios observadores residentes en la región a creer que la población en los tiempos de los naturales debió haber sido mayor de que la que es hoy, con ser el área agrícola más densamente poblada de la moderna Colombia
 El brutal asedio y la muerte indiscriminada de indios quimbayas por los aventureros convertidos en encomenderos, empujó a los pueblos indígenas a adoptar decisiones temerarias de defensa y ataque, para lo cual convocaron juntas de guerra, una de ellas celebrada en Consota a la que concurrieron caciques vecinos de jurisdicción. Allí determinaron estrategias diversas de combate y los más osados emprendieron la famosa rebelión de1542.
En 1550, el oidor de la Real Audiencia Francisco Briceño, habría de iniciar juicio de residencia contra el capitán Miguel Muñoz, regidor en la provincia de Cartago y a quien se atribuía la comisión de las atrocidades que dieron origen a las hostilidades de 1542. «El Oidor Briceño, abrumado por la contundencia de las pruebas, impuso a Muñoz la pena de servir tres años en las galeras «a remo» en España, el destierro perpetuo de las Indias, la privación del derecho a ejercer servicios públicos y la pérdida de las encomiendas en favor de la Corona; a más de una multa de 5.000 Castellanos a favor del real erario, suma que se destinó a sufragar los cuantiosos gastos que originó la debelación del levantamiento de Gonzalo Pizarro en el Perú».
Hacia el año de 1541, de Mendoza salió en la búsqueda de un valle que decían llamarse Arbi (donde más tarde se fundaría Herveo) en el cual se había supuesto la existencia de un rico tesoro. «Luchando con una naturaleza agresiva, sembrada toda ella de guaduas, y andando por fragorosas veredas, el tesonero Mendoza trepó hasta donde le fue posible, descubrió el valle del Quindío, cuyos naturales no lo hostilizaron; antes bien, le hicieron saber que Arbi no estaba por aquellos contornos, noticia que le determinó a voltear bridas y volver al real»
Desde el río de la vieja   hasta la cordillera, se encontraban los planes del Quindio, donde las tribus Carrapa y Quimbaya tenían por lo menos «veinte mil indios de macana»; hacia 1626 ya existían menos de trescientos indígenas.
Este sitio  se convirtió rápidamente en el ombligo de Colombia, atracción de los guaqueros  antioqueños, mas tarde ruta obligada para los arrieros, transportadores de mercancías a lomo de recuas de mulas y bueyes, entre  Bogotá -Cali y Medellín –Cali, y asentamiento de los primeros colonos. Se establecieron algunas fondas y mesones para  descanso de los viajeros, también  su construyeron corrales  para  guardar  los animales al amparo de las bestias salvajes, a estos sitios se les llamó contaderos, porque eran apropiados para saber si  se habían extraviado algunas  cargas en la montaña.


ANTIGUO MODO DE VIAJAR
POR EL QUINDIO
|Por |Ramón |Torres
 
La litografía de los señores Martínez Hermanos repro­dujo un paisaje, dibujado en la piedra por el señor Ramón Torres Méndez, que representa el modo de viajar por nuestras montañas; paisaje que debe llamar la atención de los curiosos, tanto de los que han atravesado la cordi­llera, como de los que solamente han dado la vuelta al­rededor de su cuarto, como Mr. de Maitres. Este último modo de viajar es bastante común entre las señoritas de Bogotá, de las cuales algunas lo más que han extendido el radio de sus excursiones es hasta Chapinero, los Laches o Puente-Aranda. Sin embargo, tales mujeres son anda­riegas, comparadas con la señorita***, que materialmente no conoce sino la plazuela de San Diego por el norte, la de Las Cruces por el sur, La Peña por el oriente, y esa corraleja o quisicosa (entre paréntesis) que hay al entrar en la Alameda Nueva, frente al edificio del colegio del Espíritu Santo.
Es el caso que compré, en días pasados, uno de esos paisajes que dije, y, como quien no quiere la cosa, fui a ponerlo a los pies de la señorita de Tres Estrellas. La señorita lo merece, dígase lo que se quiera: la justicia por delante. He aquí un fragmento del diálogo a que dio margen mi obsequiosa galantería:
-¿Usted ha pasado el Quindío?, me preguntó.
-Sí, señora, le contesté; y el Guanacas, el Almorzade­ro, Sonsón, Herbéo, Remolino, Barragán y... ¡qué se yo!
-Es decir, ¿que usted es todo un doctor en eso de pasar montes?
-Sí, señora, respondí sonriéndome, y en esos montes me he graduado en pasar muchos malos ratos, y muchos malos pasos.
-En cambio de algunas horas deliciosas, ¿no es verdad?
-Sí, verdad es.
-¡Oh!, ¡cuando llueve! ¿Hay casas en la montaña?
-Cuando pasé el Quindío, en 1842, no había más que una casucha a la entrada, y otra a la salida. Ahora dicen que hay casas y tambos en La Palmilla, Las Tapias, El Moral, Buenavista, Toche, La Colorada, Las Cañas y Piedra de Moler; y dos poblaciones nacientes, una en Boquía y otra en Portachuelo, poblaciones que apenas merecen el nombre de tales.
-Bien: ¿y qué representa esta lámina?
El modo de viajar por la cordillera. Ese que ve usted casi desnudo, es un fornido ibaguereño que lleva sobre las espaldas a un individuo, sentado en una silleta hecha de guaduas muy livianas, pero de mucha consistencia. El viajero lleva encogidas las piernas, y apoyados los pies en una tablilla. El carguero se apoya en el bordón, que maneja con la derecha, siendo de advertir que los antio­queños no lo usan. La selva primitiva, como usted puede ver, está dibujada con bastante naturalidad y desembarazo. Esos grandes árboles, esos troncos, esas enredaderas que cuelgan formando ricos pabellones de verdura, en fin...
-¡Ya!, ¡ya!, me hago cargo. Muchas leguas de monta­ña, y subidas, bajadas, ríos y torrentes, precipicios y des­peñaderos, de todo eso habrá por allí...
-Sí, señora, con sobrada abundancia.
-¿Y quién será ese de la ruanita pintada?
-A lo que comprendo, el pintor quiso retratar a uno de los senadores de la República, que vino al Congreso el año pasado, hombre enjuto de carnes, macilento de rostro, pensativo y ensimismado, que hablaba solo algunas veces y manoteaba, cual si estuviera perorando en el Congreso, en cuyas sesiones no se atrevió a chistar pala­bra. Aquella que ve usted en otro carguero es la esposa del senador, muchachota alegrona, de veintiséis  años que pesaba entonces nueve arrobas, quince libras; y hacía pujar, sudar, estremecer (y maldecir a veces) al miserable carguero que trajo a cuestas su rolliza humanidad. Y ese otro que se divisa, trepando por allá arriba en el último término del cuadro, lleva a un muchacho hijo del cejijunto senador, que viene a estudiar en un colegio de Bogotá, para salir tan doctor y tan hábil como su señor padre. Ni más ni menos.
-¿Y cómo sabe usted todo eso?
-Porque así lo he oído contar a personas que lo en­tienden.
-¡Qué paisaje tan bonito, señor!, ¡qué bonito! ¿Y qué dirán en Europa de nuestro modo de viajar a mediados de este siglo tan vaporoso, tan civilizado y tan romántico?
-Dirán lo que se les antoje. Cada uno viaja como puede; y en la cordillera de los Andes, mientras se es­tablecen los ferrocarriles, lo cual tardará su poquito, de­bemos dar gracias a Dios si conseguimos un carguero robusto, de anchas espaldas y fornidas piernas, para que nos conduzca; gracias debemos darle también si halla­mos un árbol caído sobre un río invadeable; gracias, si encontramos un tambo donde pasar la noche; gracias, si no nos muerde una culebra; gracias, si no nos devora un tigre; gracias, si no nos acometen los fríos y calenturas; gracias, si el carguero sale de paso, en vez de salir de trote; y gracias, últimamente, si no nos riega por el suelo, como le sucedió al Libertador Bolívar.
-¿Y quién habrá dibujado ese paisaje?, me preguntó con viveza la señorita de Tres Estrellas.
-¿Pues quién, sino nuestro célebre compatriota Ramón Torres?
-¡Ah, ya se me había puesto en la cabeza que él había de ser! Si usted me guardara el secreto, añadió con tono misterioso, le recitaría un soneto compuesto en elogio de dicho Torres, que se me ha quedado en la memoria.
-¡Bien! Prometido y ofrecido: sírvase usted recitár­melo, que pronunciados por esa linda boca, deben sonar muy bien aun los peores versos.
-Yo no sé cómo sonarán. El soneto dice así:
El azul de los cielos, el celaje,
Las caprichosas nubes, el torrente
Y las palmas que ciñen la ancha frente
De la cascada en medio del paisaje
Imita tu pincel; y hasta el ropaje
De púrpura y de rosa transparente
Con que se adorna el sol en el oriente...
Mas no iba a hablarte de eso: me distraje.
Al niño, al hombre, a la mujer hermosa
Copia tu mano con destreza suma,
Los ojos engañando artificiosa;
Y por eso es en balde que presuma
Disputarle la palma generosa
A tu pincel la más correcta pluma.
-Gracias, mil gracias por su fineza, señorita, dije yo, cuando ella hubo terminado. ¿Sabe usted quién compondría ese soneto?
-Sí, señor, lo sé; pero no se lo puedo decir.
 -¡Bien!, será porque yo no puedo decir a usted los nombres del senador y de la senadora, que tiene usted delante de los ojos. ¡Justa represalia!
-Si usted quisiera darme algunos informes más sobre ese peregrino modo de viajar en cabalgadura humana... porque, en fin, puede ofrecérseme algún día, y nunca está por demás...
-Sí, señorita, con mucho gusto: continuaré mi des­cripción, que no será tan buena que merezca un soneto, pero sí verdadera.
-Figúrese usted que sale uno de la hermosa población de Ibagué, que, aunque pajiza en su mayor parte, tiene un aspecto risueño y agradable. Esta población, hoy ca­pital de provincia, mora, como usted lo sabrá, al pie de la gran cordillera central de los Andes, que es esa que vemos desde Bogotá cerrando nuestro horizonte por el occidente en último término, y que eleva sus crestas de plata, entre las cuales domina el pico del Tolima, que en las mañanas y tardes despejadas se divisa claramente. Sale, pues, el viajero de esa ciudad, que la tradición ha hecho célebre por las antiguas invasiones de los belicosos indios Pijaos y por la famosa lanza de don Baltasar, en que dicen que los ensartaba, como escorzonera, hasta de a ciento cincuenta.
-Sí, ya recuerdo los versos de la novena de la lanza, que se adoraba en Ibagué:
Y era tanta la pujanza
Del señor don Baltasar,
Que dicen llegó a ensartar
Ciento cincuenta en la lanza.

Y el pueblo respondía en coro el estribillo:
Lanza no caigas al suelo
Porque vienen los Pijaos.

-Las tradiciones del vulgo son de una extravagancia verdaderamente... romántica, por no decir ridícula. Pero nos desviamos del objeto.
-A poco andar se toma el suave repecho, después de pasar el pequeño río llamado Combeima, y entonces, dejando las cabalgaduras cuadrúpedas se instala uno so­bre los lomos de las bípedas, en las toscas aunque seguras monturas que ellos mismos fabrican, quedando en esta posición, que podría traducirse por el emblema de un matrimonio desavenido, o de los partidos políticos, espalda con espalda, pero siempre el uno dominando al otro.
-Me gustan las moralejas de usted.
-Por fortuna son moralejas en diminutivo. La primera jornada es hasta el sitio que llaman La Palmilla: esto es de cajón, y de allí no pasan los cargueros ni hechos pedazos.
-¿Y ese capricho por qué?
-Porque estando muy cerca de Ibagué, tienen tiempo de volver a la población, de donde parece que se separan con pesar, y pasan en ella la noche para despedirse con alguna diversión, y madrugar a tomar sus respectivas cargas.
-Según veo, estos bogas terrestres son también origi­nales, y tienen sus puntos de contacto con los acuáticos o fluviales.
-Tiene usted razón: se parecen mucho los unos a los otros, ya en lo semi-desnudos que andan, ya en el bordón y la palanca, ya en los cuentos y chistes, ya en los ca­prichos y ya finalmente, en lo mucho que comen, pues es preciso saber que todo el avío que se saca de Ibague o Cartago, que por lo regular es abundantísimo, lo devo­ran en pocos días; la cantidad de carne y panela que consumen es enorme, y frecuentemente el viajero que quiere tenerlos gratos, compra en el camino uno o más cerdos para obsequiarlos.
La Palmilla, donde se hace la primera jornada, es un sitio pintoresco por su situación: el paisaje que se pre­senta allí a la vista, es verdaderamente encantador, pues desde aquella eminencia se desarrolla a los pies del viajero el más hermoso y risueño panorama que pueda imaginarse, y que abraza todas las faldas y vertientes de la gran cor­dillera, el plano donde está asentada la ciudad de Ibagué, con todas sus haciendas y labranzas, sus riachuelos y montecillos, y la ciudad misma.
-¿Y no habiendo caseríos en el tránsito, dónde se pernocta?
-Al aire libre, ni más ni menos, como lo hacían los patriarcas en aquellos tiempos felices que nos refiere la Escritura. Llega la noche, se suspende la penosa marcha, echan pie a tierra los desorientados viajeros, no sin cierta especie de desvanecimiento o mareo, producido por el movimiento desigual y de trepidación del carguero, y con una que otra contusión y rasguño, señales visibles de la exuberante y tenaz vegetación de la montaña. Una vez en tierra, los cargueros se dan prisa a cortar ramas de árboles para hacer largas estacas, que, clavadas en tierra, se cubren después con hojas y ramazón, lo que viene a formar un rancho o tambo, donde se pasa la noche. Estas casas improvisadas y de una arquitectura tan sencilla y ligera como el |palacio de cristal, no sirven más que una noche, y al día siguiente quedan abandonadas. Por lo regular la ranchería se hace en un pequeño llano limpio y escampado, que no faltan en todo el trayecto de la montaña, y por donde ordinariamente corre alguna quebrada de aguas cristalinas y puras.
-¿Los fríos y calenturas no son también en esta mon­taña el resultado de algunos días de marcha, como en Carare?
-Al contrario, el clima de la montaña es el más sano que puede darse; y es fama que no sólo no altera la salud, sino que la procura a muchas personas enfermas, no siendo raro entrar a la montaña con algún achaque y salir de ella bueno y sano, con excelente apetito y buena disposición para todo.
-Había oído decir que se había abierto un camino por donde podía transitarse ya en bestias.
-En efecto, hace como diez años se comenzó a abrir el camino, y se logró descuajar y banquear una gran parte de la montaña, pero la naturaleza no permite allí mantener abierto por mucho tiempo un camino, pues la vigorosa vegetación se reproduce admirablemente, ni más menos como en la Américadel Sur se reproducen las revoluciones y desórdenes. Sin embargo, no deja de tra­bajarse constantemente, y el presidio del tercer distrito se halla empleado en aquellos trabajos, de manera que, según tengo entendido, un gran trecho puede andarse a caballo.
Al otro lado de la montaña se halla Cartago, primera población considerable de la provincia del Cauca, y poco más o menos en una posición topográfica semejante a la de Ibagué; de manera que estas dos ciudades pueden considerarse como las columnas de Hércules de la cor­dillera...
-Y diga usted...
Aquí llegábamos de nuestro diálogo, cuando tres gol­pecitos dados en la puerta del cuarto por cierta visita no muy oportuna, vinieron a interrumpirlo, por lo cual tomé mi sombrero y me despedí, |hasta otro día en que vendrá otra lámina, y | con ella quizá otro diálogo.


Al pie mismo de la montaña  se estableció una colonia penal, que tenia la misión de conservar el camino  que cruza la cordillera desde  el Tolima hasta el Quindio. Esta colonia que comenzó con cuarenta milicianos, se fue convirtiendo en centro desde donde se emprendió la colonización. Presos, campesinos, guaqueros, comerciantes, hacendados y viejos pobladores comenzaron a hacer sus incursiones por la hoya del Quindío en una mezcla de colonización espontánea y dirigida.
En 1851 la colonia  se trasladó a causa de las inundaciones del río Boquia a un sitio mas elevado, Barcinales, se llamo primero el caserío rústico, que servia de sitio de descanso para los viajeros, construido en medio de una selva de palmas de cera, fue en 1842 cuando  el cartagueño Juan Ramon Palau, decidió convertirlo en población y solicitar su registro como municipio del departamento de Antióquia, región de Caldas. Con el nombre de Nueva  Salento, tomado de una provincia italiana cercana a Salerno y doce años después se le adjudicaron 15.360 hectareas de tierra.
. El transporte siempre se hizo siguiendo la ruta de los indios, entre las diferentes regiones de Colombia, inicialmente con caballos y después con mulas traídas de Andalucía en España que mas tarde fueron victimas de la epidemia, luego  con bueyes que tenían el triple propósito de trasportar la carga, hacer trabajos de agricultura con los arados y trillar  los caminos con sus durísimos cascos.

 Se llama Eulalia. Ella es una mula de Sonsón, producto de los amores ilícitos entre un burro y una yegua, con una muy antinatural afición a los placeres carnales, a las prácticas cosmopolitas, y “que es un atentado contra la moral” . Eulalia será la eterna compañera de Juan el protagonista en casi todos sus periplos y de alguna manera su confidente más atenta y sumisa. Sus disolutas costumbres serán adornadas con la maternidad en septiembre de 1851.
Octavio Escobar ( 1851 Folletin de Cabo Roto)
Fueron los paisas antioqueños los primeros arrieros en remontar las cordilleras, atravesar ríos y cañadas, cruzar valle inundados, para unir el comercio entre las ciudades del interior, haciendo caminos, trillándolos con el caminar de los bueyes  y el ir y venir de los  bienandantes.
Atraídos por las leyendas de tesoros escondidos  en los planes del Quindio, el oro de Calarcá, en Peñas blancas y  Maraveles, Pipintá  y rios de oro  que bajaban de las montañas, familias enteras  desfilaron hacia el sur  cargando con lo poco que tenían y con un voluminoso morral de sueños dorados.


COSAS VIEJAS

En el rincón de una fonda,
se ha sentado la nostalgia
a preguntarle a la vida sobre cosas olvidadas.

En el fondo una guitarra
lastimera le acompaña
y entre notas y recuerdos
van tejiendo una tonada.

¿ Dónde estás mítico arriero
que empujando tu mulada,
entrelazabas caminos
y sembrabas madrugadas
ya los cascos de tus mulas
no hilvanan en las montañas
y en las fondas camineras
no se escuchan tus tonadas ?.

¿ Cuándo volverán los días
de sosiego y feliz calma
cuando sentada tranquila
a la vera del camino,
me tomaba un aguardiente
sin temor a un enemigo ?.

¿ Qué pasó con los tigreros
de hacha, machete y estampa
de carriel, sombrero y ruana,
fuerza y amor en el alma?.

Mientras las notas derivan
quejumbrosas por la estancia
una sombra de silencio
va envolviendo a la nostalgia

y una lágrima furtiva
hace camino hasta el alma.
Del libro AMORISTMOS
Los colonos se movían por las riberas de ríos y quebradas y por el lomo de las montañas para orientarse y estudiar el paisaje; Debían cruzar caudalosos ríos sin puentes, entre ellos el Arma, Chamberí, la Honda y el Tapias. La espesura de la selva impedía la penetración de los rayos del sol por lo cual el suelo permanecía húmedo, formando inmensos pantanos camuflados por la hojarasca, llamados "Tiembla Tiembla" que se convertían en trampas mortales
En el camino encontraban fauna típica de la región: serpientes, osos negros con bufidos estruendosos, tigrillos, venados, pavas, conejos, zancudos y mosquitos, con avispas llamadas "quitacalzón" que producían pánico porque se metían entre los calzones de las personas y para poderlas  quitar era necesario ponerse en bola, es decir como mi Dios lo trajo al mundo, y con diferentes tipos de hormigas, entre ellas las que hacían rondas para aprovisionarse de comida y ahuyentaban los insectos, cucarachas,  chinches , pulgas, garrapatas y carangas,  serpientes, micos, conejos y a cuantos animales grandes encontraban a su paso..
"A un lado serpientes, alacranes, avispas, tarántulas, cientopies, hormigas, rondadoras, trasgos y fantasmas, diablos y demonios, que aquí va un hombre con hambre".
Los niños eran transportados en silletas a la espalda por los peones o en canastos de  bejuco, todos abriendo el camino con machete, las vacas ayudaban a trillar el camino, los bueyes transportan enseres, llevaban cerdos, gallinas y perros. 
Para pernoctar hacían alto en un claro de la enmarañada selva, descargaban los bueyes, encendían la hoguera para preparar comida (las mujeres) y los hombres armaban un abrigo para la noche. La rutina era: despertar al amanecer, desayunar, recoger, fregar y acomodar enseres de cocina (mujeres) recoger bueyes, cargarlos, preparar silletas, acomodar cosas y marchar. El desayuno consistía básicamente en chocolate de harina en cocos negros y una arepa de maíz o de yuca rayada y secada al sol llamada casabe.
Tenían muchas prácticas piadosas: rezar el Rosario vespertino, alabados matinales, escapularios y rosarios en pechos de grandes y chicos, bendición de alimentos antes de cada comida y gracias después de la comida. Se aprendía el catecismo "del Padre Astete" (de memoria) y así se transmitía de padres a hijos la fe, los mandamientos, los sacramentos, las obras de misericordia, los pecados capitales y el cantar  de las alboradas.
Tú reinarás, este es el grito
que ardiente exhalan nuestra fe
Tú reinarás, oh Rey Bendito
pues tú dijiste ¡Reinaré!

Coro:
Reine Jesús por siempre
Reine su corazón
en nuestra patria,
en nuestro suelo
que es de María
la nación

Tu reinarás, dulce esperanza,
que el alma llena de placer;
habrá por fin paz y bonanza,
felicidad habrá doquier

Tu reinarás en este suelo,
te prometemos nuestro amor,
Oh buen Jesús, danos consuelo
en este valle de dolor

Tú reinarás, Reina y ahora,
en esta casa y población
ten compasión del que implora
y acude a ti en la aflicción.

Tú reinarás toda la vida
trabajaremos con gran fe
en realizar y ver cumplida
la gran promesa: ¡Reinaré!
Usaban vestidos de dril, alpargatas, sombreros de ancha ala, machete al cinto, carriel de nutria terciado en el hombro izquierdo con yesca para el fuego, tabacos impregnados de vainilla, agujas para coser y de arriería, cabuyas, dinero, y ruana terciada al hombro.
Sufrían la "enfermedad de los fríos" o "fiebres terciarias" que curaban con remedios caseros.
El terreno a colonizar debía poseer los siguientes elementos fundamentales: agua, madera (especialmente guadua), árboles frutales y una rica fauna de animales comestibles. Además se procuraba que el sitio seleccionado tuviese buen clima, prefiriendo las tierras templadas o frías en lugar de las cálidas. Los árboles de Yarumo (de color blanco) indicaban tierra fèrtil. Abundaban otros árboles como: caracolíes, cedros, cominos, dindes y ceibas, y otras plantas como helechos, zarzas, ortiga o pringamosa.

Los colonos llegaban provistos de herramientas: barretones, azadones, palas, regatones, güinches (para rozar y desyerbar), calabozos (especie de machete curvo para rozar), hachas, serruchos de mano y largos para aserrar, limas para amolar, todos estos eran elementos fundamentales para colonizar. Pero además los bastimentos incluían mazorcas de maíz amarillo y de maíz capio, talegas con vainas de fríjol, semillas de papa, colinos de yuca, de arracacha y de plátano; en tarritos pequeños transportaban semillas de plantas medicinales y de algunas matas de adorno.

Cortaban bejucos y malezas y se construía el rancho de vara en tierra con guadua en forma de tejas largas, toldos de género, vigas con amarras, techo con astillas y coca de palma de chonta. El agua era traída a la casa mediante canoas (descuaje de troncos y madera tumbada, amarrando estacones con bejucos ata-corral). No faltaba la imagen de la Virgen María y la Cruz de Mayo en el patio y frente de la casa: "santa cruz de mayo, te llevo a mi fundo, para que nos libres, del pérfido mundo". Después se realizaba la "socola" que consistía en limpiar el terreno de malezas, bejucos y arbustos pequeños y luego se pasaba a la "derriba" que consistía en cortar los grandes árboles o a la  "pica de la arriada" picar los árboles haciéndoles una hendidura con un hacha sin derribarlos, luego el árbol más grande se corta y tumba sobre los otros para que caigan todos. Por último, luego de devastar la selva ("la galga") se esperaba el verano para realizar "la quema": el fuego se convertía en un arma eficaz para transformar en ceniza el rastrojo y los troncos al tiempo que facilitaba la eliminación de avisperos, arañas y culebras y mantenía alejados a tigres y osos.  

En el terreno preparado organizaban la roza,  unidad agrícola que se fundamenta en el maíz y en el fríjol, productos básicos de la alimentación diaria: la arepa para las tres comidas principales del día, los frijoles para la comida de la tarde, la mazamorra y el claro como sobremesa; y el sobrante, para alimentar gallinas y cerdos.
El fríjol se secaba en su vaina, y cuando estaba tostado por el sol se desgranaba  y almacenaba con un poco de cal en polvo para protegerlo de las plagas. El maíz se cogía cuando el grano endurecía sin estar totalmente seco, para salvarlo de plagas, aves y ardillas, luego se colgaba de los travesaños del techo, enturegado (dos mazorcas de maíz atadas por las hojas de sus capachos).
En la siguiente fase el campesino cultiva la sementera,  o sea el cultivo de plátano, yuca y caña de azúcar, productos que contribuían notablemente a satisfacer las necesidades básicas de la familia y se convertían en punto de apoyo para la fundación del pueblo.
Dicen que en alguna ocasión, un viajero vio en medio de aquella entonces montaña inextricable un grupo de labriegos que iban recorriendo, al son acompasado de la esquila el contorno de un “desmonte”;” Que hacen ustedes así?. Inquirió curioso. “Estamos fundando un pueblo”, le respondieron ingenuamente, con sencillez que el transeúnte  hallo irónica. Años adelante, al regresar por aquella cordillera vio ser verdad el poblado prometido, en una  campana mas sonora y grande se había transformado la esquila de la iniciación.
Jaime Sierra Garcia ( Antioquia frente al destino)


- Entre la señora y la abuela organizan la huerta en una parcela pequeña junto a la casa, cercada con latas de guadua, cañabrava o matas de fique. Las mujeres cultivaban hortalizas y condimentos: cebolla, tomate, col, repollo, ahuyama, vitoria, ají pajarito, cilantro y azafrán, el huerto medicinal: albahaca, apio, cidrón, hinojo, limoncillo, llantén, malva, manzanilla, paico y saúco.
- Al mismo tiempo se pone especial esmero en el gallinero ya que la gallina suerte de huevos y de carne, especialmente durante los primeros años de colonización, había que cuidar el gallinero de las chuchas, las zorras y de las  comadrejas, para ello se usaban los cachos de una vaca colgados entre el corral.
- La familia se dedica a cuidar los cerdos los cuales son alimentados con los sobrantes de la finca, convertidos en aguamasa. De la cría de estoscaribajitos, dependió inicialmente el gran negocio de los colonos, porque se requerían para alimentar a las tropas en la guerra.
La comida provenía de su propia finca:  la  roza, la sementera, huevos, miel para calar plátanos, hacer caramelos, alfandoque, polveados, panela, y la carne de gallina o cerdo sólo se consumía en ocasiones especiales (sancocho) .mercadeaban los productos de la roza y de la sementera. Compraban: herramientas, ropas, yesqueros, perros, gallinas y cerdos. El maíz y el fríjol sobrantes se transformaban en aguamasa para engordar cerdos los cuales eran llamados la "alcancía del pobre" y contaban con mejor mercado: con la venta de los cerdos compraban herramientas, ropa y cubrían gastos de los partos. ( engendrando  el hijo  y comprando el cochinito)
 También tenían demanda productos como la miel, la panela y las gallinas. Hacían guaquería para vender el oro de las guacas y adquirir herramientas de trabajo, ropa y víveres mientras lograban la primera cosecha. 
Mientras se formaba la finca familiar el trabajo en el hogar era apreciado por el hombre, ya que las labores domésticas permitían valorizar la parcela y capitalizar.
En la pareja el enamorado era avaro en palabras y no muy expresivo en gestos. Casi no había mujer sin marido. Las viudas se volvían a casar al año y si tenían hijos mejor, para colonizar un pedazo del bosque  o administrar una finca en calidad de agregado.
La Virgen María era la guía de la mujer le daba fortaleza espiritual y moral. El papel de la mujer no se limitaba al espacio doméstico (casa, gallinero, chiquero, jardín y huerta). El hombre la consideraba una verdadera compañera y apreciaba su trabajo. El amor llegaba con el tiempo y si   nó, no importaba: el matrimonio era la adquisición de una identidad social y no una fuente de felicidad afectiva.
La mujer aprendía que administrar una casa en el campo incluía esposo, hijos y peones para alimentar, la finca era su escuela y aprendían con su madre y abuela.  La abuela era bien apreciada y acatada, transmitía las tradiciones familiares, los saberes antiguos, las canciones infantiles, las recetas de dulces, las historias para dar miedo y para hacer soñar. No faltaban los cuentos de la patasola, el mohan, la madreselva, el hojarasquín del monte, los duendes y las brujas que  se auyentaban enterrando una aguja en la pared con el ojo para adentro y la punta para afuera.
La niña debía aprender a hacer la comida, alimentar las gallinas y cerdos, bordar, tejer, coser, ("hilar es tejer el futuro", "mujer que borda no peca") y administrar una casa. Aprendían hilván, punto de bastilla, pespunte, dobladillo, punto de guante, punto ojal, punto cadena, punto cruzado, pata de gallo, punto espina, sobrecostura, plegado, ojales, presillas, zurcidos, remiendos, vainillas simples y deshilado. Bordaban ropones, enaguas, sabanas, sobre-sábanas, cojines, cortinas, manteles, etc. para el hogar, ya que desde los 8 años de edad la niña comenzaba a confeccionar su ajuar.  Se decía:  "es mejor un mal casamiento que una soledad serena".  La mujer solía casarse a partir de los 14 años, y la indicación para la noche de bodas, de su madre o el cura era: "deja hacer al esposo lo que quiera".
En las familias, el padre tenía un temperamento impositivo y la madre era suave, producto de la resignación cristiana. La mujer como esposa y madre, fue el principal soporte del catolicismo en el siglo XIX, tenía gran sentido del deber y poca noción del placer. El ideal para las esposas era la sumisión, fidelidad y maternidad. El jefe del hogar dirigía la casa con mano fuerte. 
Las mujeres eran dependientes de los hombres y se reconocía la superioridad del varón. Además eran escasas y morían de parto - atendidas por comadronas- por eso era frecuente que el hombre se casara 2 o 3 veces, generalmente con su cuñada para que fuera la tía quien criara a sus propios sobrinos  por respeto y estabilidad familiar.
Dichos comunes de la época: "Hijo que se parece al padre honra a la madre"; cuando nacía un hombre decían "nació un peoncito" porque ayudaría en la administración de la finca familiar y perpetuaba el apellido del padre; "La familia es el arma con que se coloniza" pues tener esposa e hijos significaba mas posibilidades para "formar rancho y abrir bosque", se acostumbraba a decir: "como será de pobre que no se ha casado" y "murió pobre y soltero".Señora, tenéis un hijo de quien se habla mucho y una hija de quien no se habla nada: este es el mejor elogio que se puede hacer de una cristiana, y yo te lo recomiendo para que trates de merecerlo. Para el hombre el ruido y las espinas de la gloria; para la mujer las rosas y el sosiego del hogar; para él, el humo de la pólvora; para ella, el sahumerio de alhucema. Él destroza, ella conserva; él aja, ella limpia; él maldice, ella bendice; él reniega, ella ora".
Unía a la pareja las cosas comunes: ordeñar, partir la leña, desgranar maíz  y fríjol, encerrar los terneros, ir a la fonda, educar los hijos. La falta de intimidad en la alcoba propiciaba encuentros en los huertos, la roza, la sementera y el bosque. Cuando la familia lograba que alguno de sus hijos se educara, fuera sacerdote, medico o abogado, alcanzaban mayor movilidad social por su estatus económico.
Una comida típica de 1852 era: arroz largo cocido con patacones, rebanadas de jamón y presas de gallina, tasajo gordo asado a las brasas con arepa caliente, chocolate en totuma, migado con bizcochos y queso, espejuelo de guayaba y chisguete, que se sube a la cabeza. Sin-embargo,  con los años  cambiaron las costumbres: agua-panela con arepa para el desayuno, sancocho y mazamorra para el almuerzo, y el plato de fríjoles con coles, acompañado de una totumada de aguapanela para la comida. Poco se vendía el cacao y el arroz era un artículo de lujo. 
Con el paso del tiempo fueron diversificándose las costumbres alimenticias: comenzaron a preparar mazamorra, huevos fritos, bollos de maíz, arepas, chocolate de agua, fríjoles con plátano, fríjoles con choclo, fríjoles verdes, mazamorra, gurre  o armadillo sudado, torcaza asada, guagua asada, chucha a la brasa, cazuela de conejo, tamales, arepa y agua-panela. Empezaron a introducir las sopas (caldo de pichones, sopa de guineos, guacharacas, arroz, vitoria, arracacha, mote, de arepa, choclos,  mafafa, patacones), dulces, postres y sobremesas (arroz con leche, bolitas de yuca  o arracacha en miel, queso de piña y coco, queso de guanábana, merengues, esponjado de curuba, cocadas, panelitas de coco, dulce de cidra o guasquila, dulce de mora, natilla, torta de batata, bizcocho de vitoria, cernido de guayaba, bocadillo de guayaba, vitoria calada, dulce de arracacha, agua de manzanilla, chocolate, caspiroleta, sorbete de banano, sorbete de mora, chicha de piña, chicha de apio y guarapo).
De la huerta casera se tomaba cebolla, tomate, col, ají pajarito, cilantro.  El azúcar y el cacao se traían del Cauca. El pan de trigo y sus derivados eran consumidos por pocas familias, la gente pobre nunca supo a que sabía el arroz, el azúcar, el bizcocho, las papas y la mantequilla.

"...Arreglado el fogón alza dos ollas,
y los frísoles echa en la pequeña;
va  en la grande a poner la mazamorra,
de su quehacer la operación mas seria.

Se moja en agua-masa las dos manos,
las pone encima de ceniza fresca,
las sacude muy bien, y en la agua-masa
las lava luego y la ceniza deja.

De agua-masa y arroz llena la olla,
Le  echa la bendición, y la menea
Con  el ahumado mecedor de palo;
Sopla  el fogón y aviva la candela.

Acaba de moler, y con la masa
Va  extendiendo en las manos las arepas,
Colócalas  después en la callana,
                              Y tostadas de un lado las voltea.
 y luego las entierra en el rescoldo,
y  brasas amontona encima de ellas,
y  chócolos encima de las brasas
pone  a asar recostados en las piedras.

Estos se van dorando poco a poco;
Los  granos al calor se caponean
¡Y exhalan un olor...! que aun los peones
Cuando  vienen. un chócolo se llevan.

A las dos de la tarde suena el cacho
Para   que todos hacia el rancho vengan,
Pues   ya esta la comida. Van llegando
y   en el suelo sentado forman rueda.

El muchacho que ayuda en la cocina
Reparte  a los peones las arepas;
De  frísoles con carne de marrano
Un  plato lleno a cada par entrega.

En seguida les da la mazamorra,
Que  algunos de ellos con la leche mezclan;
otros  se bogan el caliente claro,
y  se toman la leche con la arepa.

Medio cuarto de dulce melcochudo
Les   sirve para hacer la sobremesa,
Y  una totuma rebosando de agua
Su  comida magnifica completa..."
Gregorio Gutiérrez  González ( memorias del cultivo del maíz)

Se enseñaban clases de escritura, lectura, rezo y números, con un monitor (alumno aventajado) y sobre un cajón de arena se escribia con un chuzo de madera, imitando letras y números. A las 5 de la mañana asistían a misa y luego a clases, a las 9 salían a almorzar y regresaban a las 10, a las 2 .P.m salían a comer y regresaban a las 3 hasta las 5:30 P.m. Otras materias: gramática, ortografía, geografía, aritmética, urbanidad e historia sagrada. Las lecciones se aprendían de memoria. Castigos: pretina de ramales, palmeta de madera con huecos y arrodillada sobre granos de maíz o con los brazos en cruz. Cuando aprendían a leer llevaban la Doctrina del Padre Astete para aprendersela de memoria, y recitaban la Historia Sagrada por el abad Claudio Fleuri. En las escuelas cada 15 días o cada mes había paseo de tarde entera a un río para recreación y baño.
. Eran  famosos los curanderos, llamados maestros, los cuales practicaban la flebotomía contra todas las enfermedades, y consistía en sacar sangre a los pacientes de las venas de los brazos; también utilizaban las ventosas para extraer sangre empleando el rastrillo que era una plancha circular con pequeñas lancetas para picar la piel y luego se aplicaba la copa al vacío.
Para el dolor de muelas se utilizaban remedios caseros como los buches de la infusión de cáscaras de drago, agua de malva y los emplastos de manzanilla, pero cuando no había cura se extraía la muela con gatillo o con un instrumento llamado "llave" con el cual cogían la muela y cuando presentaba mucha resistencia "tumbaban al paciente en el suelo y apoyaban la rodilla en el pecho de éste; tiraban fuertemente de la llave y la operación no fallaba".
También se practicaban pequeñas cirugías. Sobre este aspecto se tiene el testimonio del curandero  Cortinas quien "amputó un dedo pulgar a un aserrador llamado Ismael Grisales con un serrucho mohoso, habiéndolo apoyado sobre el espaldar de un taburete. Ni se diga nada de desinfección  o asepsia, porque estas palabras eran desconocidas".

Sobresalían los culebreros, cuyas retahílas eran celebradas mancomunadamente como gestas heroicas. "¿Y cuánto te voy a cobrar por esto? Ni cien pesos, ni noventa, ni ochenta, ni setenta, ni sesenta, ni cincuenta, ni cuarenta, ni treinta, ni veinte. Yo solo te voy a cobrar una suma baladí, prismática, insignificante, pueril, ridícula. Una suma que ni empobrece, ni enriquece a nadie. Que te la tomas en un trago. Que se la das al primer pobre que halláis en el camino. La módica  suma  de  diez pesos".

Señores y señoras, viejas y viejitos, señoritas viudas y casadas solteras y arrejuntadas. He llegado venido o arribado a esta ciudad pueblo caserío o conjunto de chozas para ofrecer entregar o regalar este nuevo producto que se llama aguja. Se toma nailon hilo piola pita o cabuya, se enhebra se ensarta pasa o mete por el ojo orificio o roto de la aguja. Lo digo de diferentes maneras para que me entienda el intelectual el hombre de mediana cultura el ignorante o el curioso como usted que por ganas de conseguir plata o mirar cosas prohibidas, como pepa de guama vino a caer aquí.
Vengo boliando quimba desde la tierra del sol poniente, pasando por el Amazonas sin dar descanso a mis patas para hablar con el señor Yolopongo el cacique sabiondo que me dió el secreto para curar sus males porque hace rato los guales están rondiando su cama y por encima satanás volando con el tridente en la mano para ensartarlo tan pronto cuelgue los guayos.
Pero no se preocupe mi Don, señora o señorita viejos y viejitas que les tengo la solución. Si se le infla la barriga y le duele hasta la cola, con una yerbita sola que yo llamo llantén, cójamela usted muy bien hay mesmo me la machaca se la manda a la petaca y en diez días de diarrea le salen hasta icoteas y queda güeno otra vez.
Para las gorditas, para las flacas, para la niña que ya le pica, que ya le pica caña al burro, para cazar maridos le tengo un saldo surtido de tangas tanguitas o calzonarias floriadas.
Hay hombres que se atortolan por el negocio caído, su mujer ya se le ha ido buscando más garantía, no deje la cosa fría como gelatina vieja, en ayunas miel de abejas con leche vas a tomar y hasta se güelve a parar un muerto de treinta días.
Usted señora o señorita, no se meta el dedo que la uña le puede hacer daño limpie sus dientes con palillos el gallinazo hecho con astillas de cañabrava.
Si a su marido por la noche no se le para, no se le para el corazón mientras duerme es por pura suerte señora, usted tiene que darle miel de abejas todas las noches para que ese músculo se le ponga duro, bombee con más fuerza y aguante otros cien años de traqueteo.
Pa' usted borrar esas manchas que le jodieron la cara hay una receta rara que yo solo la he vendido, coja un caracol molido y apachúrreme ligero cuatro limones enteros y se me unta esta pomada y si no sirve pa'nada, tiene que cambiarse el cuero.
No puede tener un hijo mi señora, no sabe que hacer y por donde empezar ? ¡Pondiolina señora!, pondiolina todos los días antes de dormirse, una pastilla de pondiolina, lo mejor que han inventado pa;la fertilidad.
Su perro cuando come se mueve mucho, y eso la desespera, póngalo a comer concentrado déle popy guau.
Bendito sea mi Dios que le hizo la cresta al gallo, la cola al caballo y el pico al diostedé, a la mujer le dio por donde y al hombre le dio con qué.
Señora o señorita, siente que le pica y no aguanta el ardor y se tiene que estarse zobando para calmar la tormenta, metuesto por cinco minutos si usted lo permite y listo, metuesto la pomada que Nefertiti le untaba a Salomón más abajo del corazón para sanar las heridas que le dejaron las balas perdidas que le tiraba el impío Hisbulá.
Si su esposo mi señora es muy perro ese vergajo, cójase un pelo de abajo, de los del jarrete del pié, arranque callos vusté y tres pelos del sobaco, embútaselo al verraco en un pocillo de cacao y ahí tiene usté al desgraciao, pa' onde usted lo volté.
> Como puedes ver fue mucha la caca que habló, pero estoy seguro que vendió todos los perendengues que traía y feliz empaca maletas con destino a otra plaza de diferente ciudad.
Ahora me toca a mi, el culebrero de 
www.chispaisas.info/ pa' conseguir la de sal, estoy hablando en serio y es con usted señor que está leyendo la página, mi sitio es una chaza variada de cosas para comprar vender o regalar no se frunza por nada que nadie lo a picar, hay cosas baratas o casi pa'regalar así que abra bien el costal y agarre de lo que quiera, pero si hoy no quieres comprar en otra ocasión será, y no te vayas si nada, mándate un aguardiente puro, así lo manda las santas leyes, que beban agua los bueyes que tienen el cuero duro.
Recuerda que hombre flojo no goza mujer bonita porque llega otro más valiente y se la quita y no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, porque camarón que se duerme se lo lleva la corriente.
Siempre a sus órdenes mi Don y pregunte por lo que no vea, que aquí se lo conseguimos.
Que mi Dios y la virgen lo acompañen y hasta que vuelva.
Doctor culebro.

Ley 61 de 1874 expedida por el Congreso de los Estados Unidos de Colombia. Esta importante norma estipulaba que toda persona que ocupara terrenos incultos pertenecientes a la nación y estableciere en ellos habitación y labranza, adquiriría el derecho de propiedad del terreno que cultivare, cualquiera que fuere su extensión. El articulo 20 de dicha ley 61 añadía: «si se establecieren en tierras baldías dehesas de ganado o siembras de cacao, café, caña de azúcar u otras clases de plantaciones permanentes, el colono además de adquirir la propiedad que se les concede por el artículo anterior, tendrán derecho a que se adjudique gratuitamente una porción de terreno adyacente, igual en extensiones a la parte cultivada».
Los gobernadores de los estados y los prefectos tenían obligación de difundir el texto de la ley 61 y cuidar que se respetaran los derechos de los pobladores, incluyendo del agrimensor quien, al hacer la mensura, «deberá determinar la posición astronómica del terreno»
Hacia el año de 1875 las monedas fueron  conocidas con el nombre del peso de plata de ocho décimos, llamadas por muchos patacón. Que otros designaban peso del Rey. Las monedas tenían ley de 835 y 900 milésimas; y por el manoseo y la mala acuñación estaban tan gastadas que la ley se les reconocía de "pura buena fe", pues apenas se les notaba vestigios de un borroso dibujo, imitando una corona de laurel. Del Patacón o peso se derivaban: la peseta (20 centavos), el real (10 centavos), el medio real (5 centavos) y el cuartillo (2 1/2 centavos); mas tarde circuló la cuarta por valor de 1 1/4 centavos, que era de un metal semejante al plomo. En muy poca cantidad figuraban la onza de oro, por valor de 16 pesos de ocho décimos; y se hacían negocios en onzas, con especialidad en trato de mulas y bestias caballares, pero el paso se verificaba por el correspondiente en plata o en billetes. Bastante escasas eran las monedas de oro doble cóndor (20 pesos), cóndor (10 pesos) y medio cóndor (5 pesos); éstas últimas rara vez se veían a la luz del sol, pues su morada ordinaria eran las cajas de hierro y los cofres de alhajas de los ricos. Muchas personas reducían sus bienes a esas monedas y las enterraban; unos por avaricia y otros por el pavor a las constantes revoluciones. Son las que están encontrando los guaqueros actuales, armados de instrumentos de  localización de metales en el subsuelo.
El gobierno abrió nuevos caminos ante el auge del cultivo del café, que conducían hacia los puertos de la Dorada en el Magdalena y La Virginia en el Cauca, que apenas eran caseríos.
En los caminos aparecen las fondas de 2 clases: las Posadas Familiares para dar hospedaje a los arrieros y viajeros sin ánimo de lucro, se vendían zurriagos, hachas, machetes, granos, velas y lámparas; y la Fonda Comercial: vendían, compraban y prestaban, acaparadores y usureros. Se hacían fiestas, se destilaba aguardiente, había prostitución y los finqueros  y colonos hacían negocios, se jugaba tute y dados. Eran solamente  grupos de chozas cercanas a los contaderos de ganado.


El comercio de la sal, el arroz y el batan, los textiles y la panela  se efectuó durante muchos años de esta manera, y hubo arrieros que se hicieron famosos y millonarios, como don Pepe Sierra, que termino financiando el ferrocarril del pacifico y al gobierno .Antonio Montoya, Efraín Quiceno, Abraham Zapata. Francisco Antonio Echevérry, los hermanos Estrada Botero ( Félix, Diego, Tiberio y Emiliano) y Justiniano Londoño (cotoño ) que llevaron a Manizales, pianos, organos, cables de acero, aguardiente y cerveza.

José María Sierra o es más conocido como Don Pepe Sierra, nació en 1848 en una población situada al norte de Medellín llamada Girardota, cuna de agricultores, negociantes, galleros, chalanes.
Aunque fue con una educación incipiente, ya que no pasa más que de la suma y de la resta, pero esto no fue un impedimento para adquirir una fortuna deseable, la cual empezó a cumularla en su juventud cuando trabajaba en el campo criando ganado, sembrando caña y fabricando panela; y  acumulo sus millones moviéndose en varios frentes de actividades económicas, su apoyo lo constituyo la adquisición y especulación de tierras, tanto rurales como en  alrededores de Bogotá; ganadería, el remate de rentas oficiales y su papel de banquero y financiador del gobierno. Comenzó su actividad económica a muy temprana edad, a los 14 años poseía su primera parcela donde araba de día y de noche, exigiendo el mayor rendimiento de estas, los fines de semanas subía a tierras frías con la panela sacada de la producción en Girardota porque tenia un mejor precio en el mercado y en esos lugares adquiría papa a bajo precio para después venderla en mejor valor en su región1.
Se caso a los veinte años con Zoraida, la ahijada de su protector Don Jorge ya que este le permitió trabajar en sus tierras a libre disposición desde muy joven dándole este el dinero necesario para la inversión de las tierras para hacerlas producir de la mejor manera posible, con el que vivió desde el día que contrajo matrimonio Don Pepe Sierra hasta la muerte de de Don Jorge; el cual le dejo su parcela y trabajo sus primeros años de su vida; a los veintiocho tenia varios hijos naturales y cuatro legítimos.
Poseía un ímpetu de adquirir tierras aledañas o colindantes a las suyas, para extender los cultivos y su preocupación por la productividad del trapiche a la incorporación de la rueda hidráulica. El "vicio cañero", como lo denominaba Pepe Sierra, no lo abandono a lo largo de su vida, aunque tuviese otros negocios o tuviese un capital sólido, si no que por lo contrario lo llevó a lo largo de su vida de negocios a comprar tierras en las montañas de Santa Rosa y en el Cauca, estas ultimas junto con sus hermanos, las cuales nunca conoció2.
En 1886 se fue a vivir a Medellín donde adquirió renombre como negociante creativo y habilidoso; allí fundo varias sociedades como Casa de Sierra Jaramillo & Cía., Sierra Vásquez & Cía., Sierra & Cía., Sierra Mejía & Cía.; la primera de ellas fue la llamada o la reconocida como "La Cuarta Compañía", dedicada a la cría de ganado y la siembra de cañaduzales para obtener sus fábricas de aguardiente, adquirió tierras por remates judiciales, alcanzo en algún momento ser dueño de los ganados que pastaban en todas sus  propiedades  en la región antioqueña de Barbosa y Girardota. Cuando había sobre producción de los alambiques organizaba fiestas para homenajear  curas y alcaldes donde se consumía aguardiente  en cantidades industriales
Por 1888 realizo su primer viaje a Bogotá, donde se inicio como  apostador y gallero de San Victorino, termino ubicándose en la calle Real. Llego ser dueño  de sierras y ganados de la Sabana. La conquista de la Sabana de Bogotá la comenzó con el remate de la renta de ganado y el cuero de Cundinamarca. Aprovecho la coyuntura económica del país en aquella época, caracterizada por la permanente crisis, ya que el se convirtió en el principal rematador y prestamistas a nivel nacional, con base en un simple sistema administrativo de negocios.
Extendió el negocio del aguardiente en el Valle del Cauca; en la hacienda san José de Palmira y otras. En Cali y Yumbo creó uno de los imperios agroindustriales mas importantes de la esa región, comparables sólo con los de la familia Edder. La siempre tecnificada de la caña y maquinaria "Egrot" produjeron el mejor licor del país por muchos años3
Hay que tener en cuenta que fue uno de los empresarios que participo en la construcción del ferrocarril nacional debido que financio una de las etapas de los ferrocarriles, de igual modo fundador del Banco de Sucre, el Banco Central y de la Compañía del Hielo en Panamá, ya que aprovecho las inclemencias del clima que afectaban en Panamá, para establecer un monopolio de hielo.
Al final de sus días, fue atacado por la crisis nerviosa y una fuerte arteriosclerosis, Pepe Sierra a su muerte 1921 en Medellín, dejó  la donación del Hospital de San Vicente de Medellín, ; en Bogotá fue la donación del Hospital San José, por ser de origen humilde sabia de las necesidades primordiales de las clases menos favorecidas en el país
Biblioteca Luis Angel Arango

Las recuas de bueyes tenían entre 5 y 20 animales, luego se formaron recuas de hasta 50 bueyes y mulas; para el año de 1.880 el sistema de transporte del viejo Caldas contaba con 152 caballos y mulas de silla para viajeros,300 bueyes y mulas para acarreos y materiales de construcción,1200 bueyes para transporte de mercancías a grandes distancias fuera de la región .Entre Manizales y Medellín el viaje demoraba siete días, se hacían acompañar por varios arrieros, adelante un muchacho que llevaba de cabestro el primer buey llamado madrino, un sangrero que se encargaba de la alimentación adelantándose un día a la caravana, para preparar  el sitio donde acamparían la siguiente noche  , cuatro arrieros auxiliares y varios perros y se marchaba al son de las campanillas del buey madrino, el ladrar de lo perros y las groserías de los arrieros en verso y en una maravillosa prosa muy simpática para alegrar  las penas del camino:

CIRIACO - “El verraco”

En una antigua y señorial parroquia
del gran país denominado Antioquia,
había un viejito vago a quien el gremio
reputaba también como bohemio.
Tomatrago y amigo de marrullas,
quiso el viejo salirse con las suyas;
pero cuatro gendarmes, de los malos,
metieron al viejo entre los palos.
Y no pudo Ciriaco con el taco
y basado en su fama de verraco
hizo repulsa, describió cabriolas;
y entonces lo agarraron de las bolas.
Unas viejas gimieron viendo estrellas;
él les lanzó un piropo: "¡Adios, doncellas”
y aquellos policías tan verdugos
le tenían las pelotas en tarugos.
Se acercaba Ciriaco a la guandoca
en medio de una muchedumbre loca,
esperando saliera de su boca
la queja de dolor valiente y sola.
Un policía estúpido y cacorro,
que a Ciriaco tildaba de cachorro,
sin soltarlo le dijo: ¿está contento?
¿Quiere ir en triciclo o en jumento?
Ciriaco se encrespó con desenfado,
lo miró con desdén de lado a lado
y tronó con palabras bien hirsutas:
vamos bien como vamos, hijueputas.
Por...Libardo Parra Toro (Tartarín Moreira).

Era casi ley, usar la vestimenta propia de la arriería, que lo distinguía  de los demás civiles y además  se portaba con orgullo de verdadero varón.
 Su indumentaria constaba de pantalones de liencillo crudo, los llevaban arremangados aún cuando no estuvieran jornaleando.
Andaba mucho a pie limpio pero siempre llevaba sus alpargatas para calzarse al final de la jornada. La camisa era de manga larga, sin cuello, confeccionada en bayeta blanca de rayitas rojas.

Los accesorios: El carriel, terciáo al lado derecho, la mulera o poncho, el pañuelo raboegallo cuya calidad denotaba la prestancia del arriero, el machete en su vaina de cuero al lado izquierdo, franela de manga larga a rayas  horizontales, arriador de guasque  o de verraquillo, carriel de nutria con bolsillos secretos , el sombrero  aguadeño de paja de iraca.
En los varios compartimientos del carriel guarda objetos que representan lo que mas aprecia: el dinero, el retrato, la carta y el cabello de la novia; el escapulario, la camándula; el monicongo, el ojo de venado y la uña de la gran bestia; los dados y la baraja; retratos de familia; la barbera, el espejito y el peine; el yesquero y los tabacos, la aguja de árria, la vela de sebo y la medalla de la virgen del carmen.

En esa caja de madera frágil, de cintura de mujer y
anatomía de violín maicero, está el proceso anímico
de una raza invencible, de un pueblo nacido para la
grandeza, para la conquista y el triunfo. 
Un tiple fue el compañero de nuestros abuelos cuando
se aventuraron en la selva a sembrar caseríos y a descuajar
el porvenir. En sus cuerdas está la historia de todos los maizales
de Antioquia y del Quindío, de los cafetales que crecen a la sombra
de los yarumos y de las chapoleras en flor; de los arrieros de Bolívar
y del Cauca, de Anserma y de Sonsón, de esos hombres
que se enfrentaban al monte y al camino sin otras armas que un
escapulario, un corazón sin miedo y una frente limpia como sus
apellidos de ascendencia vasca y judía 
Por las cuerdas de un tiple descendían los mineros al
socavón para arrancarle a las entrañas de la tierra
el oro para la argolla de la amada y el resplandor
para la custodia de la iglesia campesina. 
Un tiple ha sido el consejero inseparable de nuestros
ingenieros. Ellos saben que antes de nivelar el teodolito,
es preciso apretar las clavijas de ese instrumento que
les ha de recordar la buena fe, el cumplimiento, la
responsabilidad y la entereza de unos viejos cuya palabra
valía más que una escritura. 
Cuando un tiple suena, el alma tiene temple de virilidad
y las manos que lo rasgan son callosas y los ojos son
firmes y el gesto es resuelto y el amor es sincero.
Para que un tiple suene con su sabor de casta, es preciso que
esté respaldado por diez generaciones de hachas, que se
estremezca con el recuerdo del abuelo y que se conozca de
memoria todos los senderos de arriería, todas las fondas
camineras, las fatigas del trabajo y las alegrías y penas del amor. 
El tiple que descansa en un clavo y recuesta su carga de
bambucos a la blanca pared de la casita campesina, tiene
nuestro mismo apellido y se sabe los nombres de nuestros
seres queridos. Cuando lo tomamos en las manos, nos
parece que acariciamos el cofre de la abuela; la trenza
sin pecado de una novia lejana que se peinaba con la misma
loción con que se peinan la yerbabuena y el tomillo; el rústico
bastón que servía a nuestro padre para apoyar su buena voluntad
y la paz de esas horas en las que Dios llenaba todos los rincones
del alma y la vida era simple y abierta como los corredores,
por donde se entraba el crepúsculo en busca de canciones.
En el tiple están los sueños de los hijos, la juguetona
inexperiencia de los nietos, la oración de la madre, el
retorno del hermano mayor, el canto de un río que se quedó
en la infancia, la copla del arriero, la madrugada de los surcos,
las noches que en Titiribí copaban los socavones para jugarse
al dado una constelación y las serenatas que servían de prólogo
a un nuevo hogar honrado, con manteles humildes, con pan en
abundancia y con la fe colgada como una hamaca entre el crucifijo y los maizales
Jorge Robledo Ortiz
Cuentan que en un camino de estos de Dios, un día se encontró Gregorio Gutiérrez González con otro jinete que vestía igual que el, levita a rayas, sombrero bombín, corbatín de bolitas, camisa blanca, y hasta el mismo bigote y pensó para si, este tiene pinta de poeta, por lo tanto procedió a saludarlo”
 De donde vienes, para donde vas, dime quien eres y como estas? El otro sin pensarlo mucho, le respondio “ De Santafe Vengo a Medellin voy, me llamo Julio y bien estoy” se supone que se trataba de el Poeta Julio Arboleda , porque Julio Flóres no fue su contemporáneo.



Uno de los bueyes estaba cargado con el hatillo, que incluía las ollas , el tarro de guadua de cinco cañutos destaponados , menos el ultimo, que servia de recipiente para cargar el guandolo, especie de chicha de panela y maíz, las velas, el toldo, boñiga seca para espantar zancudos, y el bastimento que casi siempre se componía de carne y tocino secados al sol, frisoles, panela, chocula, café y una especie de arepas de maíz o de yuca tostadas en cayana.(plato de barro que soporta el fuego).
Siempre fue consejo oportuno, el que  daban los arrieros viejos  a los novatos de la profesión: “El Quindío no puede atravesarse sino con peones  vaquianos,  que conocen la montaña á palmos, formales, buenos arrieros y caminadores insignes.”
 Cuenta Don Manuel Maria Mallarino, que fue presidente de Colombia  su experiencia  al cruzar estos parajes” Nos tocó uno famoso, provisto de todas estas cualidades, y por añadidura decidor y divertido. Contaba cuentos de cacerías de dantas, aventuras con tigres, y aun nos dijo que una noche se había sentado sobre un espanto. Por Ortiz lo conocían.

Cada rato encontrábamos rodaderos de animales, y en un punto donde había dos juntos nos dijo:

-Por aquí se rodaron dos bueyes con la carga.

-Pero, hombre, si hemos oído decir que los bueyes no se ruedan!

-Los médicos también se mueren, señor, pero el buey rueda con más talento, no se desnuca fácil como la mula.

En un contadero-puntos claros y llanos donde se componen las cargas-nos dijo, después de quedar satisfecho del arreglo de las petacas:

-El hombre trajinarse: hay algunos que llegan á viejos y no saben echar una encomienda. Hasta el ladrón necesita trajín, y si no que no se meta en el oficio. Para robar se necesita ser muy malicioso.

-Atrasado en cánones está usted; en Bogotá hay gentes que roban sin malicia.

-Yo soy muy pobre, señor, en casa hay doce bocas, soy correísta desde muchacho, y tengo ya los huesos molidos, pero mi mujer es un fósforo, con cuatro reales hace un peso: tenemos yucas, arracachas, plátanos y cuarenta gallinas de vientre.

El verdadero Quindío, solemne y majestuoso, comienza en la segunda jornada, en Toche. De allí para adelante es donde se encuentran esas aguas de frescura y sabor inolvidables, esa atmósfera oxigenada que se aspira con delicia, y esa flora maravillosa de donde se han sacado para exportar millares de parásitas, que adornan los jardines de Europa.

El vallecito de Toche se atraviesa entre una alameda de árboles de flor de mayo, que no dejan ver hojas sino un mosaico de vivos y delicados colores. El paso del río Toche, donde con cuatro reales puede hacerse un puente, es hoy un torrente rápido y pedregoso, tanto que arrebató el macho de nuestro equipaje, y fué milagro que se salvara.

De este valle se emprende la subida al páramo del Quindío por faldas y contrafuertes, y por camino muy bien trazado; pero como hace muchos años no se da allí un barretonazo, ni se abre un desagüe, ni se corta una rama, la combinación de hoyos, saltos, fangales y malezas que se enredan con el viajero hacen penosísimo el tránsito. Á veces en invierno en medio de esos lodazales se apodera del viajero una especie de vértigo, y lo mejor es acudir al |recatón antioqueño, echarse dos tragos seguidos de cualquier licor, y entonces como por encanto se anima la mula, desaparecen los peligros, y el viajero pasa fácil y ligero sobre esos barrizales, como Moisés sobre el mar Rojo. Quién sabe si este denodado patriarca antes de echarse sobre las aguas, no apelaría también al recatón antioqueño.

Por en medio de inmensas y majestuosas palmeras llegamos á la posada de las Cruces, ya sobre la cordillera. Después de completada la jornada tuvimos que residenciar nuestra humanidad, á ver si teníamos los ojos, las orejas y los huesos completos y en su lugar. Siéntese un gran bienestar como el del que sale sano y vencedor de una batalla; se toma el primer constitucional de brandi reparador, se enciende el cigarro, y viendo tendida una cama blanda y abrigada y una cena medianamente confortable, humedecida con media botella de bordeaux, vengan trabajos.

Molidos y asendereados se nos espantó el sueño: nos sentamos avanzada la noche en el corredor de la casa. Teníamos por delante altísimas palmeras inmóviles y un enorme árbol de flor de mayo. El cielo estaba tachonado de esas pálidas estrellas que se ven en las grandes alturas; nubes blancas revoloteaban en el espacio formando grupos caprichosos y círculos concéntricos. La luna al través de las palmeras derramaba sobre el suelo claridades y figuras fantásticas. Nada más solemne: a lo lejos se oía el rumor de los torrentes y esos mil ruidos vagos que son de noche como la respiración misteriosa de la naturaleza. De repente sentimos cierta somnolencia, y nuestra fantasía se entregó á las cavilaciones más extrañas: pareciónos que no teníamos familia ni patria, que no pertenecíamos á ninguna civilización, á ningún agrupamiento humano; que no formábamos parte de esos seres orgullosos, impotentes y miserables que se llaman hombres, que carecíamos de personalidad, y que sólo ó un fragmento, un átomo de la naturaleza universal, que como una madre á su hijo, nos llamaba á su seno con poderosas fascinaciones. Y sentimos un inmenso deseo de acabar, de sumergirnos, de perdemos en el gran todo, como el animal, el árbol, la planta y la flor.

El ruido de un árbol caído nos despertó; hacía un frío glacial; antes de acostarnos nos calentamos con una copa de brandi, que ligada con el bordeaux ayuda á hacer un poco aceptable la vida en este pequeño planeta, como llamaba á la tierra el doctor Ricardo de la Parra.  

En las soledades del Quindío no se encuentran otros pobladores que antioqueños: el antioqueño y las montañas son consustanciales, se buscan y se completan. En las faldas, en las hondonadas, en riscos que sólo parecen transitables por osos y dantas, veréis á lo lejos casitas con la obligada rosa de maíz, enredaderas de frisoles, y esas enormes calabazas que llaman vitorias, que mezcladas con panela y leche son alimento agradable y forraje abundante y baratísimo para criar vacas y cerdos. El antioqueño adora las montañas nuevas, es decir, que tengan bosque, primitivo: en busca de éstas emigran por millares á los desiertos del Cauca y del Tolima. La llanura les es antipática: acuden sin miedo á los valles del Cauca y del Magdalena, donde hay negocios y trato, como ellos dicen; pero la casita de la familia, el hogar, lo forman siempre en las montañas. Es increíble la inquietud, la agitación, el poder expansivo de esa raza. En todas partes donde saben que hay minas, tierras fértiles, algo nuevo que explotar, allá corren por bandadas. Con frecuencia encontrábamos esos grupos de emigrantes, los hombres á pie, las mujeres en mulas, los niños llevados en canastos, y en bueyes el humilde menaje y las hachas y calabozos, que son sus dioses penates.

- ¿Para dónde van, paisanos?
-Á Filandia, señor.

-Y por qué dejan su tierra?

-Las tierras están cansadas en Antioquía, no cabemos.
En Filandia dicen que hay mucho monte y da mucha comida.

Ya no sabemos cuántos pueblos antioqueños hay en  las montañas del Cauca y del Tolima. Raza emigrante y cosmopolita, el consejo místico y enervante de la resignación no entra con ella: huir de la pobreza, mejorar de condición es su carácter distintivo. Aunque profundamente católicos, tienen el amor al trabajo y las pasiones enérgicas de los pueblos protestantes. Pero si hay algo superior á los antioqueños son las antioqueñas de las montañas. Qué laboriosidad! qué trabajo! qué consagración! qué desvelos y fatigas para criar esas numerosas familias! Desde horas antes de amanecer están en pie moliendo inmensidad de arepas, poniendo á cocer la mazamorra y los frisoles, haciendo el desayuno. El antioqueño, como el inglés y todas las razas trabajadoras, come mucho. Por la tarde oiréis en esos hogares el ruido monótono de la pilada de maíz: al acercaros veréis entregadas á esa prosaica tarea muchachas rubias, blancas, altas, lindas, de espalda ancha y partida como las doncellas romanas. Allí no hay lugar para la coquetería y los malos pensamientos.
¿De dónde sale tanto antioqueño? El ultimo censo dió en Antioquia un increible aumento de población : parece que hay cerca de medio millón de habitantes, y sinembargo ha dado emigrantes para formar muchos y grandes pueblos en las montañas de Antioquia y el Tolima y derramar población flotante en toda la República. Esas montañas de Antioquia son un criadero de gente Sin igual, un gran laboratorio de vida humana.
Lo cierto es que esa raza fecunda, enérgica, cosmopolita, es una de las esperanzas del país y el factor más poderoso del progreso y la vida nacional.
En el Quindío que pertenece al Tolima, fuera de caseríos regados, hay como 3,000 antioqueños en las faldas y márgenes del Coello y el Amaime, y al otro lado de la cordillera, territorio del Cauca., habrá otros 3,000 en el pueblo de Salento. Estos tuvieron la mala idea de construirlo en unas colinas sin agua, estando á poca distancia el encantador valle de Boquía, lleno de corrientes cristalinas, con prados verdes lindísimos. Es tal la tranquilidad, la belleza, la frescura de ese vallecito, que siempre que pasamos por allí nos provoca para clavar en él nuestra tienda de peregrinos y acabar en ese retiro nuestra vida errante.
Al llegar al Roble, el cielo se había oscurecido y el temblor de las hojas presagiaba una tormenta; continuamos, sin embargo, nuestro camino era literalmente por medio de un bosque que con dificultad daba paso a la luz, anegado de fango profundo.
A los doce o quince minutos de marcha, el aguacero que nos amenazaba empezó a caer con una violencia desconocida por los que no hayan pasado por la Trocha. Sonaguaceros modernos.
Paróse mi carguero, porque era imposible caminar, y resolvió esperar a sus compañeros. Entre tanto comenzaron a agitarse las copas de los árboles; a poco rato oímos un zumbido prolongado. La tempestad de Toche, dije al carguero, Mucho peor, patrón, me contestó: es un huracán. Así era en verdad. El terrible fenómeno, paseándose sobre un océano de árboles, bramaba con furia; doblaba las altivas copas, que se bamboleaban, crujían y caían haciendo templar el suelo. Sobresaltando mi  carguero quiso continuar en busca de un sentadero en donde viésemos al menos por qué lado venía el peligro. ¡Inútil afanar! El camino estaba totalmente obstruido, toda retiraba era imposible. Ni se aplacaba en tanto la furia del vendaval, ni se disminuía 
 el torrente de agua que nos inundaba; deslumbrándonos el vivo fulgor de un relámpago, serpenteando a nuestros ojos el rayo, al tiempo mismo que el estampido del trueno nos llenó de terror. La elevadísima copa de un árbol de otoba cayó aplastando los matorrales que crecían a su sombra. El furor del huracán estaba en su colmo. Yo, apoyado en un árbol, contemplaba con profundo recogimiento aquel sublime espectáculo y me disponía a presentarme ante el Supremo Juez, tal era el peligro... Ortiz, sentado sobre un tronco, observaba atentamente los árboles que nos rodeaban... De pronto se levanta, y "¡corra patrón!", me dijo: era el momento. Dos ráfagas de viento, de vientos encontrados diametralmente sobre nuestras cabezas, chocaron con espantosa furia, torciendo los árboles que nos cubrían, los arrancaron, los hicieron girar en la violenta vorágine y los arrojaron a tierra... Sin recurso en lo humano, volví los ojos al cielo: pensé en mis deudos y amigos y me resigné... Cesó por fin la lluvia, el huracán se oía a lo lejos... Ortiz me hizo montar, y venciendo mil dificultades, llegó conmigo al Portachuelo.
   Más adelante están los antioqueños fundando el pueblo de Filandia, á la  vapor como acostumbran hacerlo todo. Como cuarenta casas estaban construyendo á un tiempo: hoy está de moda emigrar á Filandia. Las casas las construyen con teja de madera, tablitas rajadas de cedro negro y de nogal, clavadas con puntillas de hierro; techo ligero, más decente que la paja y menos sujeto á incendios. Nos refirieron que después de cortados los trozos, un hombre hábil rajaba hasta 3,000 tejas por día.”
Impresiones de un viaje al cauca ( Manuel M Mallarino)
Entre estos arrieros curtidos y valientes, se encontraba mi bisabuelo, Pedro  Maria Londoño, nacido en Sonsón , hijo de Bruno y andrea valencia, hijo de Juan  José Pantaleón y   Barbara Sanchez ,  hijo de  José Idelio y  Rosalía Henao, hijo  de Juan Antonio  y Casimira Buritica que fue fundador en Sonson  y proveniente de Rionegro quien se había aposentado allí con su mujer y siete hijos, en agosto de 1800.
 El padre Pedro, arriero por el camino del Quindío, que conectaba a Bogota con el Valle  Popayán y el Pacifico atravesando la cordillera central por el páramo del Quindío, eligió  a Filandia  para  establecer su familia, porque  al tratar de encontrar un buen sitio en el Valle del Cauca, una campesino de la región de Buga le  dio la siguiente explicación:
“En el Valle del Cauca, en verano no se puede  preparar chocolate porque no hay agua, y en invierno no se puede preparar chocolate porque no hay lugar seco para  juntar la candela”

Este camino, arteria principal de conexión  entre el oriente y occidente
pasaba por Ibagué , la orilla del río Coello, hasta el nevado del Quindío y el nacimiento del río de su mismo nombre, descendía por el río hasta el salto del Roble, de allí al Boquía y luego a donde hoy es Filandia, que fue fundada en 1.878 con el nombre de Nudilleros o Novilleros ( luego se cambio por Filandia que quiere decir hija de los andes), continuaba a La Balsa ( Actual Alcalá) y de Allí a Cartago, el Valle ,Cali y Popayán, el transporte entre Cali y Buenaventura se hacia en el ferrocarril, que transita por una carrilera imposible, pegada a la montaña arañando la roca de granito y colgada en algunas partes de la piedra virgen.

En 1884 empresarios antioqueños, Manizaleños y vallunos, fundaron la compañía  agrícola Burila, con las tierras cedidas por los herederos de José Maria Caicedo, que comprendían los terrenos entre Búgalagrande y el páramo del Quindío, con una extensión de 125. mil  hectáreas y cien propietarios, pero también reclamaron la propiedad sobre un vasto territorio donde estaban asentados 30,000 colonos, hostigándolos con la quema de ranchos y cultivos, pleito que duro hasta 1.930;Cuando el ministro de industria declaro terreno baldío la zona y reconoció a los colonos la propiedad de sus parcelas.

En medio de estos conflictos fueron fundados: Armenia (1.889) Montenegro (1.890),  Pijao (1.891), Génova (1903). Quimbaya (1.914), como estrategia de los colonos para enfrentar a la Burila, porque establecidos los poblados la ley determinaba que debían recibir al menos 12.000 hectáreas, de tierras cultivables para su sostenimiento, permitiendo la llegada de nuevos pobladores y de numerosas familias que no tenían tierras o sencillamente querían aprovechar la oportunidad.

A Filandia llegaron el bisabuelo Pedro y su esposa  Rafaela Grajales en latercera colonización paisa, acompañado de sus hijos, sobrinos, amigos y trabajadores con sus familias, que lo conocieron  de toda la vida ya que durante  muchos años  trabajaron bajo sus órdenes abriendo parcelas  por el lugar llamado La Miel, donde Pedro era administrador  general de un gran latifundio.  Confiaban en su liderazgo para establecerse en la “Tierra Prometida”,
“Sal de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, y ven a la tierra que te mostraré   Genesis 12-1
venía de Sonsón, tras una travesía que le llevo 17 días, abriendo la trocha al filo del machete y el trillar de los bueyes; para evitar el camino  mas cómodo de  Marmato, Supía y Riosucio donde los indios Emberas, esclavos  que trabajaban en las minas  de los patrones ingleses, habían contraído una epidemia que mato a cientos de ellos. Al paso de ganados, cerdos, bueyes, mulas y  caballos  recibidos como parte de pago por sus servicios, llegaron ciento  y cinco personas entre hombres, mujeres y niños, a un  contadero llamado Novilleros, Nudilleros o Novillos , especie de corral donde se reunían los ganados para contarlos  mientras pasaban la noche, había además algunas fondas  y mesones pero la población de lugar no pasaba   de 50 habitantes permanentes ya que la mayoría eran  viajeros que hacían un alto para descansar; no había alojamiento, ni espacio, fue necesario adquirir lotes de potreros vecinos para templar las carpas , encender la fogatas que hacían soportable la fría noche, e improvisar fogones y servicios sanitarios .

La zona se conocía  con el nombre de Membrillal, por la abundancia de  arbustos llamados membrillos, de blancas flores muy grandes y frutos amarillos parecidos a las guayabas, en el vecindario de  la quebrada Portachuelo, que ahora se conoce como la Alsacia, propiedad en ese entonces de mis bisabuelos maternos : Miguel López y Rosario Grajales, (hermana de  Rafaela Grajales y madre de Sofía López , mi abuela materna)  sitio  escogido por los ejércitos como campamento y lugar de reclutamiento durante las guerra de los mil días.

Cuentan que alguna vez , los militares llevaron hasta la casa de Rosario,   a un soldado prisionero del bando contrario, era casi un niño , su mirada triste  y turbada , denotaba temor pero no lloraba  y  Sofía  la hija mayor, mi abuela,  sintió mucho pesar del muchacho, pensaba que podrían fusilarlo siendo tan joven, no  habría valido la pena luchar por unos ideales a lo mejor  correctos para entregar la vida  de esta manera, así que lo ataron a una ventana de la cocina , mientras decidían las suerte del infortunado. En tanto que  los jefes dialogaban reunidos en un patio, Sofía  a través de los barrotes cortó el lazo con que estaba amarrado a la ventana  el prisionero, pero para  desconsuelo suyo, el joven continuó simulando estar atado. Ella quería verlo correr rumbo a su libertad, mirarla desde la orilla del monte y decirle adiós con la mano, pero no fue así. Sofía  sintió temor de que  el prisionero  contara a sus  guardianes quien había cortado las amarras, y fue a decírselo a Rosario su madre, pero Rosario se limitó a  preguntar ¿ Y quien es aquel que te dice adiós con ese pañuelo rojo?
Noches después  cuando  el ejército se había retirado de la finca, se escucho rasgar las cuerdas de una guitarra y la voz de un joven soldado  cantar su gratitud  y talvez  sus sueños de amor.

Gracias por hacerme libre
Hay que cortar los barrotes
Las puertas los candados
Los grillos las cadenas  

hay que cortar el aire irrespirable
los dolores y las penas
y por cada uno de ellos es preciso
plantar un árbol que dé fruto
que dé sombra a nuestros rostros
un árbol que nos incorpore
y el cual incorporemos a nosotros.
 
 
Comienzo por abrir las jaulas
de mis pájaros más raros
despliego sus alas, les reenseño
el arte de volar, tan olvidado.
Abro la cárcel de todos mis talentos,
la cárcel de mi amor, esa ave rara.

Abro los cofres de mis alegrías,
vuelvo expertos mis dedos en cerrojos
 picaportes, aldabas,
en cadenas, grilletes, en esposas
alzo trampas, demuelo rejas,
corto amarras, libero
prisioneros de miembros entumidos
( Teresa de Jesús )

Mi abuela y su madre  desde siempre mantuvieron  una relación inseparable, que lograban sostener  por la  costumbre entre ellas de intercambiarse  notas  y algunas  veces hasta pequeñas cantidades de manjares preparados a su propio  e  inimitable estilo, por más que estuviesen separadas por kilómetros de distancia; para ello establecieron  algo que se llamaba el correo de Sofía.,se trataba de una perrita  llamada  Mirta , que aprendió a llevar y a traer paquetitos muy pequeños entre las poblaciones de Filandia y Circasia, a travesando los cañones de la quebrada Portachuelo, que era la ruta mas cercana entre el sitio de residencia  de madre e hija. Por esa  ruta  entre el bosque húmedo y  múltiples arroyuelos, grandes peñascos y peligrosas serpientes corrió Mirta,con su tesoro de brevas caladas en panela, o natilla y buñuelos o solamente notas escritas con lápiz en papel de cuaderno, que siempre terminaban  con el tradicional te amo

Las noches  eran el hogar de una densa niebla que envolvía el lugar, la ruana de lana virgen  y el sombrero de fieltro pronto fueron el ajuar de  los trasnochadores, siempre acompañados por el fiel perro criollo que advertía los peligros  y la tea  ardiente  para iluminar el sendero. Así nació el remoquete deColina  Iluminada del Quindío, como ahora  se conoce  en el argot de los turistas.
Los pequeños arbustos de salvia que crecen  silvestres a la orilla de los caminos y en los potreros, fueron el terror  por mucho tiempo de los madrugadores, la felpa que cubre sus hojas se congela y refleja la luz de la luna que movidas por el viento semejan monstruos  de lentos y pausados  movimientos, aún hoy los campesinos  de la zona cuentan mil historias  acerca de este fenómeno propio de  los piedemontes.
A pesar de las condiciones tan rústicas, y de la escasez de elementos
Indispensables, distribuyó  su gente en diferentes brigadas, los proveedores de madera para las construcciones, los que debían trazar la calles y cavar los alcantarillados y acueductos para levantar cuarenta  casas de bahareque y techos de tabla rajada, los maestros para los infantes, la damas encargadas de la cocina, los sangreros para surtir los víveres; fue” vox populi” en esa época” los Israelitas han llegado a Filandia” recordando el éxodo dirigido por Moisés, tal como se narra en el Pentateuco.
Allí estableció sus cuarteles de invierno, de verano y de toda la vida, allí entronizo su apellido y sus descendientes nacimos, crecimos, nos reprodujimos y formamos una gran familia.
Viajeros  que pasaron por la población dejaron  la siguiente referencia  que se encuentra en los archivos de la biblioteca Nacional Luís Ángel Arango escrita  por el viajero americano  Isaac Holton en 1.850.
Por el medio día llegamos a Filandia, una aldea recién fundada y en la que sólo antioqueños se habían establecido. Era día de mercado y de misa. La plaza se veía enteramente llena de gente de la nueva colonia, que charlaban sin tregua, interrumpiéndose tan sólo para arrodillarse en el momento de alzar. La música eclesiástica era horrible. Un quejumbroso clarinete y una trompeta suspiraban de continuo los mismos compases.
El párroco decía misa, y como quiera que la iglesia fuera incapaz de contener á todos los feligreses llegados de las cercanías, un gran número de estos permanecían en la plaza hablando en alta voz con los vendedores allí instalados; pero cuando se tocó á alzar, callaron todos y se prosternaron en el suelo, sin faltar uno, quitándose los sombreros. Con el último campanillazo todos se levantaron, los que antes hablaban reanudaron el interrumpido coloquio, y la muchedumbre recobró la animación y el movimiento, cual si fuesen escolares en ausencia del maestro." ( tomado al pie de la letra del libro América Pintoresca)


Hasta 1492 cuando los reyes de  Aragón y Castilla, unificaron a las provincias  ibéricas como la nación española, la mayoría de las personas no contaban con un apellido tal como nosotros entendemos el concepto.
Se identificaban  las familias por el nombre del padre, Juan hijo de pedro  y de maría y  los judíos  eran conocidos por su "primer nombre ben y el nombre del padre". Así, por ejemplo: Judah ben Samuel, Ha-Hasid; Baruch ben Samuel, etc.

Para el gobierno oficial era muy difícil identificar a las personas por que muchos heredaban el nombre del padre y del abuelo, el registro de apellidos abrió un nuevo camino para obtener dinero de los judíos;  entonces les obligó a adoptar apellidos relacionados con sus lugares de nacimiento, o patronímicos, con su profesión o el sitio donde vivían, de esta norma nacieron  apellidos como Aragón, Castilla, Madrid. Jiménez, Martínez, Caballero, Contador, Robles, Rodríguez, López Etc.  
El apellido Londoño, es una variante de la palabra hebrea lemdem (instruido, educado) con que los hebreos calificaban a las personas provenientes de Londres ( landau), así se le llamaba  Landauno , a quien  hubiese llegado de Londres o se portara  con refinamiento propio de los londinenses.


Un inglés que vino de London
para ver si en este gran país
podía alistarse a la Legión
y al fin lo pudo conseguir.

Visitó todos los banderines.
Cuál sería su ilusión, vacilón
que el inglés cuando estaba firmando
cantaba y decía esta canción:

"Goodbye, allright,
yo quererme enganchar
en tercio de Millán Astray
honor y gloria hay"

Un inglés que vino de London
para ver si en este gran país
podía coger un colocón
y al fin lo pudo conseguir.

Empezó en los grandes cafetines.
Cuál sería su ilusión, vacilón
que el inglés cuando estaba colocado
cantaba y decía esta canción:

"Goodbye, allright,
yo quererme enganchar
en tercio de Millán Astray
que vicio y grifa hay"

Un inglés que vino de London
para ver si en este gran país
podía entrar al pelotón
y al fin lo pudo conseguir

Terminó vendiendo la camisa
camisola y pantalón, vacilón
y el inglés cuando estaba picando
cantaba y decía esta canción:

"Goodbye, allright,
yo quererme licenciar
en tercio de Millán Astray
mucho pico y pala hay"

En  el Norte de España,  País Vasco, se  radicó su primitivo solar en las aldeas de Londoño ( Lendoño  Arriba y Lendoño Abajo) inmediatas  a la ciudad de Orduña (Vizcaya).También tuvo casa en Orduña. Pasó a las provincias de Santander, Logroño y Valencia, y varios miembros de estas ramas fueron Caballeros de Ordenes Militares. El más reconocido fue Sancho de Londoño, célebre general y tratadista del siglo XVI. Nacido hacia 1535 en el seno de una antigua y renombrada familia, hijo de don Antonio de Londoño y de Doña Ana Martínez de Áris, su abuelo paterno fue Juan de Londoño y Rojas, casado con doña Inés de Porras, hijo a la vez del Mariscal de Navarra, Sancho de Londoño


"Entre los demás cavalleros que en estas Guerras servían al Rey Don Juan(Rey de Navarra) havia uno, esforzado capitán, llamado Sancho de Londoño, mariscal suyo, que descendía de la casa de Londoño que es cerca de Orduña, cámara deVizcaya"41.( Historia de la ciudad de Orduña)



Fernando de Antequera, fue elegido rey de Aragón en 1412, Entonces la villa del señorío  de  Briones, tuvo por señores a los monarcas de Aragón, y más tarde al de Navarra, al ceñir su corona Juan I, hijo de doña Leonor y Fernando de Antequera, heredero del señorío. Éste vendió la villa al mariscal Sancho de Londoño el 29 de diciembre de 1445 por 20.000 florines de oro. Más tarde, el navarro intentó recuperar su señorío, mediante nueva compra, y como éste se negara a trato alguno, Juan I ocupó la villa de Briones hasta que, por el tratado de Barcelona de 1445, renunció a sus derechos y la traspasó a su sobrino Enrique IV de Castilla.

En 1472 figura como señor de la villa Juan Téllez Girón, quien hubo de llegar a un acuerdo en 1480 con el heredero de Londoño, Diego de Londoño, que venía reclamando sus derechos al señorío. La cuestión no fue resuelta hasta 1498, en que los herederos de Diego de Londoño renunciaron a cualquier derecho sobre Briones por la suma de 150.000 maravedíes que satisfizo Juan Téllez Girón, conde de Ureña

Dos de sus descendientes Don Juan  y Don Agustín Londoño Trasmiera nacidos en la villa de Requena, provincia  de la Mancha que eran hijos legítimos de don Juan de Londoño y Trasmiera y de doña Catalina de la Cuestay Pardo de la Casta.
 Ambos hermanos, pasaron al Nuevo Reino a mediados del siglo XVII... Don Agustín se estableció en Bogotá  donde fue alcalde en 1,709. Don Juan vino a establecerse al Valle de Aburrá y se desempeño como Teniente del Gobernador de la Provincia de Antioquia. Contrajo matrimonio en Medellín el 16 de septiembre de 1685 con doña Bárbara Gertrudis Zapata, hija del maese de Campo don Antonio Zapata Gómez de Múnera y de doña Ana María de Toro Zapata. Dice don Juan en su testamento, fechado el 8 de julio de 1709, en los Minerales de San Juan, jurisdicción de Antioquia, que de su matrimonio nacieron los siguientes hijos:...
1. Don Agustín...
2. Don Antonio, nacido el 6 de junio de 1688.
3. Padre Juan de Londoño...
4. Doña  Javiera...fue precursora de la abolición de la esclavitud pues dio libertad a más de 100 esclavos de su propiedad, mediante la forma de testamento, cuyo contenido dice lo siguiente:


“Javiera Londoño Zapata siendo mayor de 75 años, y no teniendo descendencia ordena se de libertad a sus 140 esclavos “bajo el cargo y condición, que me hayan de mandar decir todos los años cada uno una misa, así los presentes como los descendientes de ellos por la línea mujeril”...
Desleal a una larga tradición de familia?; Javiera  Londoño contrariando las costumbres de su tiempo y con perjuicio inmediato de su influyente y esclarecida parentela; orgullosamente, muy en alto el penacho de su indomable voluntad, inició en la Nueva Granada la consagración de la misericordia.
 Con su muerte se cumplió la primera etapa de la que había de ser la liberación de los esclavos”
Y más adelante: “Las cuadrillas de esclavos fueron durante la colonia la fuente más segura de los grandes ingresos y la riqueza
de las gentes que  se medía por el número de sus esclavos.
 El dueño de cincuenta negros era un señor muy rico y el que llegaba a ciento, era un potentado.
 En la mortuoria de doña Javiera fueron inventariados ciento y
cuarenta esclavos. Estos negros por sí solos valían un buen capital; pero es de suponer cuántas minas y haciendas se hacían necesarias para ocupar y sostener semejante cuadrilla.?
Es tan extraordinario lo ejecutado por doña Javiera  y tan raro el hecho de tirar a la calle una fortuna, que a rato pensamos de buena fe que doña Javiera sí estaba loca, cuando ordenó su testamento.
Ernesto Tobón        ( Cronicas de Rionegro




Así lo destaca su alcalde Andrés Sanmartín Alzate, al recordar cómo en 1757 la matrona Javiera Londoño ordenó liberar a uno de sus esclavos. ...inforiente.info/el-retiro/a-el-retiro-un-municipio-encumbrado-en-la-cordillera-central-que-cruza-el-orien... - 75k - Cached - Similar pages







Loco fue Colón cuando paseaba su miseria por los caminos de Europa en busca de quien le recibiera un continente.
Y loco fue Bolívar desafiando a todo el mundo –hasta los terremotos- en nombre de una libertad apenas presentida, y nunca disfrutada, en los últimos tres siglos de angustia.
Y loca fue también doña Javiera:
Cuando murió Don Sancho su hermano, permitió a su cuadrilla de esclavos que bailasen  en el patio de su casa.
Cuando ya estaba en cama don Ignacio, su marido, hizo llamar a sus esclavos músicos con arpas y guitarras para que tocasen.
Recién muerto su marido la encontraron “de saya azul con vueltas de plata y camisa de tira colorada”.
“Y en la puerta de su casa, que está en la plaza, estaba lo más sentada y allí comía y tomaba chocolate”.
Efectivamente. Para aquellos puritanos, interesados en burlar la última y postrimera voluntad de doña JAVIERA, ella estaba “dislocada en el juicio y entendimiento”.
 Pero de esta conciencia dislocada –asistida por los Dioses- nació la libertad de los esclavos de América”.

El poeta  Rafael Pombo  genera un verdadero sentimiento de culpa,   así se expresaba en el mes de diciembre de 1850 en el periódico El Filotémico:
“Esclavo, tu no sabes
Cuánto  te compadezco, cuanto adoro
La  libertad. No basta a mi conciencia
No  ser yo quien te niega ese tesoro.
Me avergüenza el ser hombre
Y  verte a ti, un hermano
Hijo  común del sumo soberano,
Y  un hijo que no goza
Oh: de su libertad la ley preciosa.
5. Doña Catalina...
6. Don Sancho, nacido pocos días antes de morir su padre, conocido como “El corregidor Sancho Londoño
 Zapata”  por haber desempeñado este cargo durante muchos años en San Nicolás de Rionegro; en 1762 solicitó autorización a la corona para explorar una mina en las “montañas de la Miel
 En 1734 compró todas las tierras de Hato Grande, Sancho Londoño Zapata, estas tierras continuaron siendo propiedad de la familia Londoño, y en 1757 donaron el área de la población de Girardota, el terreno para el cementerio, los ornamentos, las estatuas y los cuadros para el culto.

En Sonsón fue famoso arriero “Cotoño” Justiniano Londoño, figuran entre los personajes de esa época, Ignacio Londoño, que después emigró a Manizales. Y era uno de los apellidos más comunes  desde Abejorral  hasta la Miel.

A Filandia, colina iluminada, hija de los andes en cuyo seno fecundo, se cuajo una raza que hicieron posible: Felipe Meléndez, Elíseo Buitrago, José León, Carlos Franco, José María y Dolores García, Ignacio Londoño, Pedro Londoño, Andrés Cardona, José Ramón López Sanz, Severo Gallego, Gabriel Montaño, José María Osorio, Laureano Sánchez, Eleuterio Aguirre,  Lolo Morales y otros, la fundaron en el sitio denominado Nudilleros  el 20 de agosto de 1.878, para la época el sitio ya había sido repartido entre los acompañantes de Pedro Londoño, siendo cada uno dueño de un lote  suficiente para la construcción de una casa con solar, en los cuales existían algunas incipientes obras de tabla rajada

En total fueron 102 personas las que firmaron  el acta de fundación de  la aldea de Novilleros, que estipulaba lo siguiente ” hállase situada la población cabecera del caserío en una altiplanicie- casi en su parte media-que lleva por nombre Novilleros o Nudilleros en el paraje de Membrillal, del  vecindario de Portachuelo”.................



Filandia para los primeros años del Siglo XX, era ya una población con calles trazadas en rectángulos, sobre una superficie quebrada, casas de colores alegres formaban una plaza en la parte mas alta, las calles empedradas simulaban la piel rugosa de un enorme  dinosaurio, con cunetas a los lados para permitir la evacuación del agua lluvia, de personas amables portadoras de ruanas y sobreros que las protegían del frío y sitio de descanso para los viajeros y arrieros que viajaban hacia, el Valle, Medellín o Bogota.
 Allí se conoció el teatro, los circos, la poesía, los relatores de leyendas y vendedores de libros , los músicos y cantantes de la época, que aprovechaban su paso por el pueblo para hacer sus presentaciones, los vendedores de remedios y los culebreros,  los magos y nunca faltaba uno que otrobuscalavida que vendía píldoras para adivinar la suerte.

También había una iglesia y una escuela, el mercado de los días Domingos bajo las toldas blancas, sobre amplias mesas de madera, ofrecían, verduras, carne, cereales, canastos de bejuco y sillas de mimbre ; frutas de diversas variedades, allí disfruté en 1.950. los alfandoques, los caramelos, el casao, Las bolas de chocula, que antes se comercializaban  como chocolate Londoñolas chulupas, los mamoncillos, dulumocas, los corozos que se vendían por casas de a cuatro, los chontaduros y chachafrutos, las limas y las uchuvas, también las yerbas medicinales y aromáticas, el culantro, cimarrón para el sancocho, la yerbabuena, el anís, el frutillo llamado también friegaplato, el quiebrabarrigo  para rebajar el estómago, la marihuana para la artritis y para fabricar cordeles de cáñamo, no para fumarla, el achiote para pintarse y para las hemorroides, el jabón de tierra para la caspa, el aceite de ricino y de almendras para la indigestión , en fin la mas completa selección de ayudas para hacer la vida mas placentera.
 El teatro Iris de la familia Peláez, que presentaba cine mudo y relatado mediante una bocina por Pedro Luís Duque, que a la vez era el dentista del pueblo, la banda de música de Patefó, con instrumentos de viento remendados con cera de abejorro, la cometa de Chum, un pintoresco personaje que alguna vez quiso elevar en ella al bobo del pueblo,
Las Chivas de Pereira y Armenia que viajaban en las mañanas pero no se sabia la hora del regreso, porque los caminos se convertían en pantaneros intransitables. El convento de las monjas con su pequeña capilla y las chicas de uniformes azules adornando el paisaje, el charco del Chispero donde una tarde se ahogo una alumna que puso a llorar a todo el pueblo. El Padre Valencia que imploraba en la misa, para que el Deportivo Pereira ganara 5 por cero todos los partidos, son las cosas que le dieron sentido a mi vida de niño y tuvieron parte en la formación del carácter de toda la juventud contemporánea.

La finca era propiedad del abuelo, producto del  trabajo junto a sus hermanos, abriendo la montaña, para obtener maderas recogiendo el chicle de las caucherías y sembrando cañaduzales, y pastos; cada uno tomó un trozo de tierra y construyó una casa, para convertirla en una verdadera finca campesina, la llamó Las Brisas, como un sencillo homenaje al  aire fresco que corre durante el día y la noche, es una especie de caricia  que la naturaleza  otorga a los hombres y mujeres que  respetan y cuidan de su creación, es  el perfume del campo, sin olor , ni sabor convertido en frescura permanente y alivio a las penas diarias .
 Fue allí donde mis padres, nos enseñaron a amar la tierra, a respetar la naturaleza, a cuidar los animales, a rezar el rosario, a  regar las flores, a bañar al perro y a ordeñar la vaca. Teníamos obligaciones de hogar, como barrer los patios con escobas de ramas, apartar los terneros para el ordeño del siguiente día, rajar la leña para el fogón, revolver el café que se secaba al sol ,cocinar plátanos verdes para alimentar los cerdos, ayudar en la recolección del café y de las frutas, revisar el ariete que nos surtía de agua desde la quebrada , hacer los mandados a la tienda vecina y al pueblo cercano ,o acompañar a los visitantes hasta y desde la estación del ferrocarril en un punto llamado La Carmelita.

Teníamos visitas muy agradables , otras no tanto  pero de igual manera bien recibidas, el abuelo  llegaba con frecuencia  una vez por mes , siempre acompañado de algunas golosinas que para nosotros eran toda una novedad, por lo regular para fin de año , por la época de navidad, nos visitaban las tías , los tíos  y muchísimos primos , para entonces ya el cerdo  que  se cebaba desde  agosto, estaba en su máximo desarrollo , igualmente había una buena cantidad del gallinas , huevos, frutas, los dulces preparados por mamá y la dotación de camas para dormir por turnos ante la avalancha de invitados a la navidad de Las Brisas, que así se llamaba la finca.
Se distribuían turnos  para dormir y también comisiones para cumplir algunas tareas, los encargados de  la alimentación, los de ordenar y arreglar la casa, los de la verbena con la participación de todas las familias  con canciones, teatro, chistes, mímica, quienes matarían el cerdo  para preparar las rellenas, quienes  freirían los chicharrones y los patacones y los que administrarían  el kínder, porque abundaban los niños  y era necesario  inventar juegos adecuados para cada edad.
No he olvidado mi debut, en la comparsa  que llamaba la escuelita, cuando apenas contaba con tres infantiles años, primero la maestra pregunto a mi hermano mayor  el nombre de un reptil, a lo cual el muy seguro respondió: una lombriz! Y luego me interrogo a mi, Dígame  el nombre de otro reptil? : Ota bombiz! fue mi acertada respuesta.
Las parodias  a conocidas canciones o  versos  eran el plato del día, el inolvidable  canto  de la mosca:
Una mosca pegada de la pared
De la pared, de la pared,
Una mosca, una mosca
Una mosca pegada de teresita.
Una mosca pegada de Inesita
Una mosca una mosca
Una mosca pegada de Alejandro.
Y continuaba hasta darle la vuelta
A todos los presentes.
La simpática parodia de la perrilla del poeta colombiano José Manuel Marroquín 

Es flaca sobremanera
Sofía la de la brisa
Pues en más de una ocasión
Ha reventado camisa

Salio al campo una mañana
Lisandro por los zanjones
Y las malditas hormigas
Le quitaron los calzones

Seguíale gran cuadrilla
Buscando  hojas de congo
Para  envolver los tamales
Con el barro a la rodilla
Van todos apercibidos
A cumplir con la faena
Ninguno salio con nada
Pobres viejos tan queridos

.Y a las hermanas Patiño
Teresita e Inesita
Que raspen bien el marrano
Hasta que quede lampiño.

A la tía Celmira  le escuchaba la de Clímaco

Para recordar una señora
El nombre de don Clímaco
Clima clima repetía
Cuarenta veces al día
Y en la primera ocasión
 Que le vio dijo al momento
 Me complazco en ver a usted
 Señor don temperamento
Hablando de hormigas, también teníamos una visita de hormigas, por lo regular en época de verano, se conocían con el nombre de  La Ronda, era un  comando  compuesto por mas o menos un millón de hormigas, que visitaban las casas y se encargaban de ejecutar el mas riguroso aseo, de alimañas tales como cucarachas, pulgas, arañas, ratones. Esta era una visita muy apreciada por los campesinos.
Pero como todo en la vida no es felicidad y alegría, no faltaba  también la visita de las brigadas de salud, armados con jeringas, purgantes, laxantes y jabones desinfectantes de esos que arden en los ojos, oh! martirio  que  había que soportar sin llorar  porque la correa de  papá estaba a la orden del día.
El Cacharrero, ese personaje que era capaz de meter entre una maleta todo un mundo de sueños y de artículos indispensables en las casas de campo y para las personas que vivíamos  retirados de los centros  de comercio, cintas de varios colores, peinetas, anzuelos, cauchos para calzoncillos, pomadas, cuchillas de afeitar,  jabones de olor, agujas, fósforos, muñecas Sonia, medias, cepillos curitas, anilina, naftalina, ungüento chino, bolas de cristal, trompos , dados, juegos de dominó, perinolas, caperuzas para la lámpara de gasolina , pilas para la linterna, y mil cosas mas.

Los más chicos, en las tardes jugábamos rondas  en el potrero frente a la casa, allí nos reuníamos con Inés, Memo, Pimo y otros más, para correr cantar y hacer ruedas tomados de las manos: La ciudad de Pamplona  había que recitarla muy rápido sin olvidar ningún párrafo, dice así :

 LA CIUDAD DE PAMPLONA": En la ciudad de Pamplona/ hay una plaza/en la plaza hay una esquina/en la esquina hay una casa/en la casa hay una pieza/en la pieza hay una cama/en la cama hay una estera/en la estera hay una vara/en la vara hay una lora ; la lora en la vara/la vara en la estera/la estera en la cama/la cama en la pieza/la pieza en la casa/la casa en la esquina/la esquina en la plaza/ la plaza en la ciudad de Pamplona

La rana era una canción de largo aliento, se trataba de cantarla  sin equivocarse y  respirarando lo menos posible, nos quedábamos sin aire, tratando de hacerlo bien:

La Rana
Estaba la lluvia arreciando y la rana debajo del agua
cuando la rana se puso a cantar vino una abeja y la hizo callar.
Callaba la abeja a la rana que estaba debajo del agua,
cuando la abeja se puso a cantar vino una araña y la hizo callar.
Callaba la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba debajo del agua,
cuando la araña se puso a cantar vino el ratón y la hizo callar.
Callaba el ratón a la araña, la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba cantando debajo del agua,
cuando el ratón se puso a cantar vino el gato y lo hizo callar.
Callaba el gato al ratón, el ratón a la araña, la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba cantando debajo del agua,
cuando el gato se puso a cantar vino el perro y lo hizo callar.
Callaba el perro al gato, el gato al ratón, el ratón a la araña, la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba cantando debajo del agua,
cuando el perro se puso a cantar vino el amo y lo hizo callar.
Callaba el amo al perro, el perro al gato, el gato al ratón, el ratón a la araña, la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba cantando debajo del agua,
cuando el amo se puso a cantar vino la suegra y lo hizo callar.
Callaba la suegra al amo, el amo al perro, el perro al gato, el gato al ratón, el ratón a la araña, la araña a la abeja, la abeja a la rana que estaba cantando debajo del agua,
cuando la suegra se puso a cantar
¡Ni el mismo diablo la hizo callar!
La piharaña se juega pellizcando las manos de los participantes que están con las manos extendidas formando una rueda, se trata de elegir  un supuesto caballito que te llevara a tuntún.
Pijaraña, jugaremos a la araña. ¿Con cuál mano? Con la cortada. ¿Quién la cortó? El hacha. ¿Dónde está el hacha? Partiendo la leña. ¿Dónde está la leña? Cocinando un huevito. ¿Dónde está el huevito? Se lo comió el curita. ¿Dónde está el curita? Diciendo la misa detrás de las puertas del Cielo .Tilín tilán  corre niño que te come ese  gallo con orejas de caballo. San Salvador, Borriquito mayor, en que caballito te quieres venir? En el más bonito!  Entonces vengase en sus patitas.

Había algunos cantos que eran producto de nuestra propia cosecha y en este caso hacían referencia a personajes conocidos, utilizando  parodia  al himno nacional.

Con gloria  don Marceliáno, don Julio entre un costal, el cerco de misia Lola, se lo brinco don Tomas, se lo brinco don Tomas( bis)

A Victorino, hermano de mi abuela Isabel, viejo cascarrabias que vivió algún tiempo en casa con nosotros, pero que no desperdiciaba oportunidad para hacer sus pequeñas maldades, tratando de inculparnos
a los chicos de la familia , cuando lográbamos pillarlo a tiempo, le cantábamos un estribillo, y el viajo malicioso ponía cara de inocente:

Vitorino fue por vino
Quebró el frasco en el camino
Pobre frasco, pobre vino
Pobre culimbis timbis
De Vitorino.

No poseíamos juguetes, al menos nó de los que se venden actualmente en todos los almacenes del mundo, no existía una agencia de fisher price  por los alrededores, pero tampoco carecíamos de juegos, recurriendo  a la imaginación y a la experiencia de los mayores, nos fabricábamos con nuestras propias manos elementos que nos servían  como artefactos   para  armar nuestros  juegos infantiles.

La carreta  de guadua, constaba de una vara  delgada con horqueta en la punta , donde se encababan dos ruedas  sacadas de los cañutos de una guadua gruesa y un eje de macana, era resistente  y podíamos cargar en ella  a los amigos que  viajaban colgados de una correa , para transportar los racimos de plátano o los bultos  de verduras  y algunas veces  llevábamos de paseo al perro que asustado por  la incomodidad del viaje  chillaba por todo el camino.

El deslizador: usábamos para tal efecto el corazón de una penca de plátano, nos  sentábamos en el centro y la dejábamos correr falda abajo  por una pendiente del potrero, el resultado era que nuestra ropa, especialmente los calzones se echaban a perder con la mancha del plátano.

La cauchera, con una horqueta de guayabo del tamaño de los dedos de la mano, un caucho de los que se usaban  para ponerle a los calzoncillos de tela y un pedacito de cuero de badana, de los que traían las lenguas de los zapatos viejos, ya teníamos un arma mortal, usábamos como proyectiles, piedras pequeñas  recogidas en la quebrada y nos convertíamos en el terror de las lagartijas, pajarillos y alguna vez un conejo o una ardilla,

El teléfono, era toda una obra de ingeniería, con dos latas  de salmonete de las  de  forma  cilíndrica y un cordel de hilo calabrés del que se usaba para elevar la cometa, colocábamos una estación  en nuestra casa y otra  en la casa de Tomas, pasando por encima de la quebrada  unos doscientos metros, y para evitar que el hilo tocara el piso lo sosteníamos  de finísimos hilos de caucho muy delgados  a los árboles. Algunas veces la comunicación no se lograba sino  después de tres o cuatro horas de hacer ajustes, labor que había que repetir al día siguiente  porque el viento de la noche rompía  algunas partes.

El barrilete si se era experto, o el gallinazo si se era novato para fabricar cometas: con varillitas labradas de guadua, un papel vejiga, engrudo de yuca y un ovillo de hilo grueso, podíamos echara volar nuestra pérfida imaginación, colocando cuchillas de afeitar a las esquinas del barrilete, de manera que al cabecear por acción de viento o de nuestros manejos en tierra pudiéramos destrozar los barriletes enemigos. Toda una batalla aérea con  la participación de varios objetos voladores no identificados y el reguero de tiras de papel sobre el pasto del potrero.

Los animales no escapaban a nuestras malignas ideas, teníamos el correo aéreo, utilizando los cucarrones  verdes  que vuelan muy bajo, bastaba con amarrar un hilo a una de las patas y del hilo un papel con una leyenda, que no iba dirigida a ninguna persona en particular; las notas preferidas escritas en el mensaje eran mas o menos así: “ Adivina de que mierda vengo?   o también  “El que lea este mensaje es maricón!! “Otro:“Me gusta tu hermana!,,,  Y si no tenés hermana ojo contigo  !!!”

El asusta-perro: se amarra  una vejiga de marrano secada al sol y muy inflada a la pata del perro, de manera que al raspar el piso hace mucho ruido, el perro se asusta y corre todo el día haciendo un gran escándalo.

El teatrino: con una sabana blanca  sostenida verticalmente entre dos tacos de guadua a manera de telón y una vela  iluminando la sabana por detrás, hacíamos sombras  chinescas con las manos o con objetos de la casa, pero el show de la noche es que un muchacho se desnudaba y con una caja de cartón cubriéndole la cara, dejaba ver su sombra  para adivinar  de quien se trataba, algunos inflaban el estomago o caminaban torcidos para que no los conocieran.
 
En  las primeras horas de la noche, después de haber cumplido con las tareas del día, y siempre que la lluvia lo permitiera dejándonos un espacio libre de  aguas , llegaban nuestros amigos  de las casas vecinas; era casi religión reunirse en el patio de la casa , sentados en el suelo  o en troncos  de árboles que mas tarde serian utilizados como leña, para tomar el tinto que mi madre preparaba  a la moda vieja, con panela  y desasentándolo con  agua fría , servido en grandes tazas de esmalte , algunas con picaduras de los golpes o remendadas con mecha y para contar viejas historias, leyendas, chistes o simplemente para conversar de las cosas de la vida. La forma de cautivar el público  era el mismo de Las mil y una noches, en la parte mas interesante del cuento, cortaban y quedaban de continuar al día siguiente, a la misma hora y en el mismo sitio.

 Balmore, el hijo del mayordomo, un muchacho inteligente que se sabía las tablas de multiplicar  hasta el 25, hábil en recordar poemas  y recitar las estrofas de la ortografía: de  Don José Manuel Marroquín.decia:
Con zeta se escriben azada, vergüenza, hozar, despanzurra, bizcocho, azafrán, Azufre, bizarro, calzones y trenza, Coraza, lechuza, durazno, azacan. Blanquizco, ribazo, pezón, vizcaíno, Garbanzos, anzuelo, gazapo, ajedrez, Azogue, arzobispo, lavazas, mezquino, Lanzar, gazapera, gazmoño, soez."
Otto. Mi hermano que  estudió muchos años en casa de mi abuela  Isabel,  y ella le había obligado a aprenderlas le completo con la siguiente perla:

Llevan la jota: Tejemaneje, Objeto, hereje, Dije, ejercer, Ejecutorias, Apoplejía, Jergón, bujía, Vejiga, ujier. Ajenjo, prójimo, Jengibre, ejido, Con forajido, Y ejecutad, Trajino, jícara, Menjurje, ojete, Bajel, jinete, Con majestad. Con la ojeriza, Y el cerrajero, Y el agujero, Y el ajedrez, Emperejila, Con enajena, Sujeto, ajena, Monje, jerez.
Y jerigonza, Mejilla, troje, Jilguero, boje, Ají, cojín, Conserje, ejército, Vajilla, peje, Conjetura, eje, Jerga, trajín. Y jeroglífico, Aljibe, empuje, Anjeo y cruje, Con toronjil. Y mojiganga, Jeme, jesuítas, Tú te ejercitas,
Y perejil. Bajío, ejemplo, Con jerarquías, Y granjerías, Jeta, ojimiel, Jemal, Jerónimo, Granjea, alfanje, Comején, canje, Jesús, verjel. Jis, vinajera, Con alfajías, Y canonjías, E interjección, Los mojigatos, Las objeciones, Los mojicones, Jefe, jirón. Jeque, lejía, Con extranjera, Jira, tijera, Jerusalén, Paují, adjetivo, Con ajetreo, Teje, gorjeo, Mujer, jején.
Jirafa, guájete, Jiga, ataujía, Con bujería, Jiste, ajimez, Bujier, jeringa, Jema, bujeta, Jito, tarjeta, Jipato, aljez. Pejiguera, ajilimójili, Bojiganga, jifería, Buje, canjilón, crujía, Cojinete, cenojil, Coxcojillas, atarjea, Y jubo, ojiva, jineta, Con jerife, tijereta, Jigote, ejenuz, bejín. Y siguen más.

Eso me recuerda  dijo Orlando Arias, que fue portero del equipo de fútbol Los  Aliados  en  Filandia:  los apodos de  Filandia que también son en verso y hasta el pueblo tiene apodo, le dicen  FilodiambreCielorroto o el Chochalito:  y dice asi:
Israelitas rojos y godos:
 salió Juanito con rumbo a Cruces , con  Morrotabla y el Arepon, llevando aCheno y al Carepotro, con Bosoecabra , Pite y Ratón, luego se fueron lasUrsulitas,detrás siguieron las Virgencitas, las Eduarditas y Patefó,
Se fué Maleto , después Peleto y Manoebeque se despidió, las Alejitas y lasPerritas , fueron saliendo con Picotilla, después ManforroRata y Polilla, losConchegurre Nuca y Cejón  y así Filandia se fue vaciando cuando los Junosse fueron lejos y no quedaron ni los Conejos, ni las Loritas , ni los Alejos,  nila Atalaya ,ni Repelon ..
Solo quedaban ya los Mancebos y Mandamachos con Abranguevos y Luis- petaca que se quedó pero el Pulgoso y el Corbatero con Farandola se los llevó,  la retirada del Chirimero  y con Chireta  bártulos   lió.
Don Juan-gurupa  se fue primero a Juaquinpune se lo arrastró,  no se quedaron las Bequeritas , Carmenzahernandez  que emigró , las Capoteras y las Bejucas armaron viaje con don Juancuca , con Granodioro y Toñoculon  las Bellamosas y Patasdeoso, las MiliquiadasPatillo Pocha se nos llevaron al gran Panocha a las Mocosas y hasta PulgosoChinitoGestas oSangreyuca,  GuebitoReycaTraqueto y Chum , los Camachitos y losPeinilla con la Pistola hicieron Pum.
Cachano , CutosGurre y las SanchasRanchojediondo y Pincheboné.Sapoparao y las Carajillas y Cacaceno que se nos fue, Perchas y Chapascon Tomasiano, Mafafo y Pinga con Pedroelcruel y Malagana con Peregrino yMal-de-perro  también se fué.
 PlanchaChorizo ,Gónima.  el Pizco ,don Patecoca ,el Gobernador Cleofe,Machito con la jirafa y Berraquera que Horrorquehorror.
Don Solo-pea,  Parioperritos y Virilato que no volvio, Guasabra el Padre, conCuatropelos ,la Tortolita, el  Loco-robledo y Polvorita que reventó.
Luego los Chispas y el Gacho-maya con Doble-cena, con la AtalayaMarroquefeler y el buen Cariaña y Cañas-huecas que se quebró. Con elPeludo Patas-di-araña y Bizcocho que no creció, Galleta, el Negro comoLechuza se fue del  pueblo con Pechoe-sapa y asi Aji-pique con Muchatusacogió a Rasguño de la Solapa. ni Caprichoso, ni Boque-cueva ni Bellecita se quedan pu-ahí, porque el Perverso y el Colorado, el Gallinero con donCruzado dejaron solo al padre Gurnai.
 Salió Picuncho con Alcachofa, detrás Cobija con el Manforro y el Mocho-hermandez que regresó y así siguieron Domingo y Lunes, ixquisito y chata, también los Chunes y hasta el Chilguete se despidiö.
Jose-paputa se fue del Filo tambien Pedorra y don Tranquilo,luego Bosito el que murió, siguieron TraqueaCuzumba y PachaRoña, el Gancho y hasta laCacha y el Gran-pailita que se perdió.
Ya no nos queda ni Panocheno, ni Cagatinta, ni Metileno y el Conchegurre no regresó, no están Bisojos ni Chilidrines, ni Guitarrita, ni los Guatines, y yaPezuña se envejeció. Penicilina y ChirimolleroCuloe-perica don Micaelo, don Cristo-rey y don TrampolínTronco-salao, y el Tripa-gordaTortillaNono,Maso y la sorda,al Caremula hecharon por fin.
 Los Aldemares Cacaito,  la Mocha y después Cuerito, y el Conchoalbertque  enflaqueció, y las Burritas las del Recreo con Riguroso, con Aceveo ninguno de ellos jamás volvió. Coquito, el Tumbo y Gallina-ciega., donOctaviano, el Bobo y su Ciega, y el gran Bolivar el del futból, a Luisa y Mediale dieron Trique.
 Se fueron todos con Pelanchique y azul de-Prusia los vio a ControlDiva laDanza la Jarretonala Piquimocha, la repelosaClara-Guevara que se casó, luego anaquilla con la paguisa fueron saliendo con Misia-luisa y el Chochalitose liquidó.
 Sirva de ejemplo para el futuro que allá en Filandia siempre se caza o el sobrenombre de Chontaduro, o el de Cotudo o el de Matraca, en esta lista también incluye a Bombillo ,Rifle y mi Compa-el-obispo, Angustias y donCojudo y en fin anoto que están por puertas el Loco-acosta y el Gallinazo, Barrilito, Frentemisa, y el Invisible ,Aguadulce ,Carlos, y Agosto ,el Agua con don San-pedroZamarro , el NecioMentolatun pero que dijo si penden de sus Bozales los conocidos de Patarepa, el Careperro, Chocoloy TragalineasGloria,y Mafafo que se alejaron de estos lugares.
(Arturo Muriel. Farandola.)
Se escapan algunos apodos, por varias razones, la más triste es por no recordarlos en el momento de la inspiración de la musa, otros, porque  no fue posible hacerlos rimar con  ningún coterráneo y otros pocos porque seenverracan si los metemos en esta lista, pero aunque no rimen  o se enojen, ahí va la nota correspondiente:

 En Filandia como en todos los pueblos no se escapan los remoquetes, ni faltan los bobos o chiflados del pueblo: “Pispirispi” “Guarumo” “Caralampio” “La loca emperatriz”, “la loca Polda”, Guillermo Ríos “Conejo” José Giraldo “Patetrapo” “Barbieri” se creía ingeniero midiendo distancias entre los postes de telegrafía, Carlos Buitrago loco místico...arrancaba las cruces de yeso y cemento de las tumbas, porque allí estaban los condenados. Estaba la loca agripina y Cobaco.
Había un buen grupo de pendencieros entre otros...Los Nieto, Ramón Salazar, los Naranjo (Rosendo e hijos) Melo Correa y otros tantos. Grupo de bohemios y Taures: Roberto Maya, “Cachorro” Gonzalo Valencia, Olimpo Rodriguez, Rafael Heredia, Baudilio Hincapié, etc.
La manera de hablar, el acento, la imagen da la unidad de un idioma y la personalidad de un pueblo. En los pueblos pequeños no se necesitan direcciones se dice: Vaya a la tienda de Chirimero, a la enjalmería de Nano López; a la satrería de Roberto Osorío “Alias repelón o Bolívar” ; herrería de Daniel Naranjo; la panaderia de las repelonas,la botica de Juanito Martinez ,la revuelteria de cristinita, la zapatería de Lalo Ocampo, la tienda de “Chun” o sea Jesús Ocampo, y así sucesivamente. Cuando un vestido muy bueno valía veintidos pesos m/te, eran muchas las discusiones con Bernardo Hernández, por incumplido en tiempos de semana santa cuando nos quedábamos sin poder estrenar, plazo vencido, pagado y nada de nada.
                                           (Diario del Otún de Pereira)


A estos eventos, era convidado  de honor  y  permanente Saturnino Calle, un simpático personaje, que decía haber  participado en la guerra de los mil días, de baja estatura y gran bigote, panzón y unos profundos ojos verdes, mentiroso de profesión y por naturaleza, pero un excelente  narrador de historias y leyendas inventadas por el mismo.

Sus  alpargatas  de cabuya amarradas a la pierna, un machete tres canales  con  cubierta de ramales que arrastraba por el piso, un sombrero aguadeño de espartillo  curtido por el sudor, un tabaco calilla y una mulera  que un día fue blanca  con dos rayitas rojas a los lados, daban un especial semblante al inolvidable Saturnino.
Interrogado por mi padre sobre  la batalla de los Chancos, un lugar  de piedemonte  ubicado entre Buga y Tulúa en el Valle del Cauca,  donde el ejercito conservador  según la historia  fue derrotado por los liberales en  31 de agosto de 1876.

Nuestro invitado,  acomodó fácilmente  su pequeña figura en una banca  de las que se usa para el ordeño y manifestó lo siguiente:
“En los Chancos , realmente no hubo ninguna batalla, yo me encontraba muy enfermo del estomago, tenia churrias y un fuerte olor a letrina, los soldados me habían llevado a un lugar apartado, para protegerme de las  escaramuzas, pero yo maliciaba que era mas bien por que no aguantaban la fetidez. Enterado el General Pedronel  Ospina  de mi estado de salud, ordenó” no dejemos morir a Saturnino, lo vamos a necesitar mas adelante” y seguidamente vino el médico del batallón para recomendar que me pusieran un lavado. Alistaron una vejiga de marrano y un popo de  papayo, al que cortaron de sesgo, calentaron agua con vinagre de mota, jabón de tierra y un poco de sal; entre dos dragoneantes me pusieron en cuatro patas , me bajaron los calzones y luego sin ninguna consideración con mi estado de gravedad, me zamparon ese popo ya conectado a la vejiga y me aplicaron como galón y medio de esa solución que me llego hasta la boca, ahí fue que me di cuenta que no le habían puesto la sal suficiente. Tenía un sabor simple a vinagre, jabón y fukis.
Estábamos  en esa importante operación, de salvar un héroe de la patria,
cuando alguien grito” Ahiíi viene el General Julián Trujillo con el ejercito liberal” y ya no tuvimos mas tiempo, me subí los calzones y eche  a correr, era tanto el miedo que le teníamos los godos  a esos cachiporros  incircuncisos, que no paramos de correr hasta el río de la Vieja, cerca de Cartago, allí nos  dieron la orden de descansar en un playón del río.
Pero yo me seguía sintiendo mal , o mejor me sentía incomodo, algo no estaba bien dentro de mi, por lo tanto me retire hasta un sembrado de yuca que había a una orilla del río , me baje los calzones y para sorpresa mía, aún llevaba el popo de papayo entre el culo.
Por eso digo que no hubo tal batalla.”


 El negro Orlando, un vecino que tocaba tiple con las dos manos  y que años mas tarde fue miembro de un trío famoso en Medellín , nos conto la historia de San Escolapio:
San Escolapio era un santo muy preocupado porque nadie lo visitaba.
La gente rezaba a San José, a San Pedro, a San Isidro, San Caralampio pero a él nada.
Así que pidió una reunión con Dios y este le recomendó:
__Vea mijito...A usted lo que le falta es hacer publicidad, haga como los paisas cuando van a montar un negocio, seis meses entes de abrir el entable, anuncian el producto y las bondades del mismo, por la prensa, por la televisión, por internet y riegan volantes en todas las calles, eso cuesta unos pesos, pero el día de la inaguración hay gente desde la una de la mañana haciendo fila para entrar a comprar.
Ese mismo día libra la inversión que hizo en la publicidad.
Hazte unas tarjetas de presentación, regresas a la tierra, repártelas por todo el mundo, pon en ella tu nombre en letras grandes, di que haces milagros por encargo, a domicilio, sanaciones, curas milagrosas, que lo sacas de la pobreza, que les regresas ese amor imposible, que curas el cáncer y otras bobaditas.
¡Pero eso si!...
No le repartas ni a las putas, y menos a los maricas.
El santo acató el concejo.
Ahora es el santo más milagroso, mantiene el chuzo lleno de feligreses, y el que más devotos tiene en todo el mundo.
¿Sabes cómo se llama ese santo?...
!Piensa!, ¡acuérdate!
¿No sabes?
¿Estás seguro que no te acuerdas?.....
Jajajajajajajajajajajajajaja!..................
¡Así que no te dieron tarjetita!...

No puedo pasar por alto a Baudilio, un paisa  menudito  que había llegado de Guarne, dicharachero, se pasaba el día cantando y había fracasado al intentar enseñarle a tocar el tiple a mi hermana, o el tiple no se dejaba o mi hermana no entendía, sin embargo fueron frecuentes las serenatas  que  las iniciaba en la parte norte del corredor  y las terminaba en la otra punta, porque no tenia idea de donde dormía mi hermana.

Baudilio, mostrando su diente de oro  con una carcajada estruendosa, se unió al jolgorio y nos habló de san Capacho. y dijo así :

Capacho antes de ser san  capacho, era un monje en Santa Rosa de Osos, tenia a su cargo la distribución de las vituallas a los diferentes conventos, seminario, y asilos  donde trabajaban hermanas de la santa iglesia. Siempre  desempeño su trabajo con la cabeza  gacha, es decir mirando el piso, era muy tímido.
Cada semana  empezando los lunes  dedicaba el mismo día para visitar 
los lugares que debía atender, los lunes, San Francisco, martes Santa Filomena, miércoles asilo San José, jueves capilla de la dolorosa, viernes, la basílica y sábado las  hermanitas  de los Pobres. Conocía  en cada lugar a la persona que lo recibía, por su nombre y porque siempre dedicaba  unos minutos a conversar. Así fue siempre, no se registraban cambios  nunca, siempre era lo mismo.
Hasta que un día lunes, no encontró al fraile  que atendía en San francisco, sino  a una monja muy linda , toda vestida de blanco, le llamó la atención este cambio pero pensó que era algo accidental.
El martes  en santa Filomena, encontró la misma monja y no a la hermana de costumbre. Y se retiro sorprendido.
El miércoles, en san José no lo atendió el anciano sacerdote de siempre, sino la monja de los dos días anteriores.
El Jueves,  de la Dolorosa llamó a la puerta  pero nadie le abrió y desde un balcón la monja de siempre le dijo que dejara las vituallas en la puerta que mas tarde las tomaría. 
El viernes en la basílica quiso exponerle el caso a  monseñor advirtiéndole que se trataba de un asunto que requería mucha privacidad, entonces lo citaron a un salón apartado donde lo atendería monseñor, pero a quien encontró allí fue de nuevo a la monja blanca.
 Salio corriendo de la sala y de la basílica, aparte del  sonido de sus zapatos en el piso de mármol, escuchaba las carcajadas de la monja.
El sábado ya tenia mucho miedo y aplazó la visita a las hermanitas de los pobres, sin embargo la curiosidad lo llevó a observar  lo mas cerca del convento, llego hasta un guadual en el vecindario para mirar si allí estaba la monja blanca, cuando escucho su nombre a su espalda, era la monja blanca, mas linda que nunca, el la observó con admiración y nació el deseo, ella adivinó inmediatamente sus  pensamientos y comenzó a desnudarse, sus brazos estaban cubiertos de pelo café muy corto, su cuerpo mostraba cañutos como los que le salen a la guadua, su cabello
verde  muy verde y sus piernas eran igual que cepas de guadua cubiertas de capacho.
El monje se desmayó, ella lo tomó en sus brazos y lo llevo a lo mas profundo del guadual, lo ató a un gran tacón  hasta que se convirtió en capacho. Desde esa época lloran los guaduales y se escucha  a San Capacho, llamar a los viajeros que pasan por los caminos cercanos, con un silbido suave, que es lo que se escucha en las tardes  desde los guaduales.   ( Baudilio Jaramillo Recolector de café)

Alguien dijo que en Cartago, se reunieron, como trescientos  Londoños  todos de la misma familia, algunos naturales reconocidos, otros sin reconocer  pero con platica, y de allí salieron estas coplas:
                                 

                                No son todos los que están
                                 ni están todos los que son
                                                 pero de seguro hoy
                                                 nos sentimos con orgullo
                                              Londoños de corazón
Que bueno que estén aquí
                               y no se quien puede ser
                                los parientes que de lejos
                                                han venido para ver
                                                que londoños tan pendejos
En toda la Londoñera
buscamos con mucho afán
un cura que nos dijera
una misita campal
pero ni curas ni monjas
 ni otras cositas por ahi
No olviden que ser Londoño
es igual que liberal
debe ser por tal motivo
que ni curas ni monjas hay
pero hay mas de un doctor
y médicos y abogados
que londoños tan pinchados
                                              Como es mucha la alegría
                                                                            que nos une en este día
                                                                    debemos de suponer
                                                                          que para  el próximo año
                                                                    todos vamos a volver
A toda la parentela
yo les quiero aconsejar
que si de beber se trata
aguardiente hay que tomar
Ya con esta me despido
no sin antes preguntar
para el próximo periodo
por quien vamos a votar?


                                    ( La hija de Jaime Londoño de Cartago)


Poseíamos  algunos animales, que mas bien parecían amigos nuestros, participaban de nuestros juegos y comían de lo mismo que nosotros, era común escuchar de mis hermanos,”Voy a llevarle una empanada a Zeppelín”un caballo grande y asustadizo  más de carga que de silla, Chencha, otro caballito pequeño rucio de color y de muy mal genio
era  feliz  comiendo natilla y buñuelos. El Perro tony  prefería las naranjas con sal,  a Josefa la marrana  que gustaba de vivir en la cocina mas que en el chiquero le encantaban  las arepas con chicharrón, llegué a maliciar en  ella un cierto canibalismo.

Por su parte  nosotros preferíamos la alimentación de los animales, asaltábamos  con frecuencia el fondo donde se cocinaban los plátanos con cáscara y un calambombo para los cerdos, nos robábamos las astillas de caña de azúcar picada de la canoa de los caballos, alguna vez tuvimos suerte forcejeo entre el perro y yo  para ver quien se quedaba con un gran trozo derompecamisa  riquísimo.

Tony era el portero de nuestro equipo de fútbol, se paraba en la portería
de nuestro lado  en la patitas traseras y saltaba  para detener el balón, murió una tarde después de un partido  en que  recibió un  fuerte golpe  en el pecho.

Mi abuelo Juan de la Cruz, había llegado con su padre, siendo un infante, transportado en canastos atados a un caballo, a lado y lado de la silla, aprendió las primeras letras de manos de su madre quien se había inventado un alfabeto ayudándose con figuritas similares a las letras,  y  con su padre, el Padre Pedro, aprendió los trabajos mas rudos, como ayudante en las arrierías, desmontando la selva, abriendo caminos, sembrando maíz en las quemas y con el tiempo había llegado a ser un prospero comerciante de carnes y abastecedor de sal para toda la provincia.
 El abuelo paso muchos meses pensando cual sería el negocio  en el que podría invertir sus centavos con un margen de seguridad  aceptable, buscaba un producto de no se  descompusiera, barato, que se consumiera cada día, que ocupara poco espacio, que fuera indispensable para la vida y que no tuviera competencia en Filandia, al fin lo encontró, una tarde que  hacia la siesta después de el trabajo, y lo anuncio con un grito, repitiendo “lo tengo , lo tengo, lo tengo , es la sal ,es la sal, tiene que ser la sal”,nadie entendió de donde pensaba obtener sal en un lugar tan alejado del mar y de Zipaquirá, pero ya lo tenia resuelto , solo era necesario comprar toda la sal que llevaran los arrieros hacia Cali  y esperar el invierno cuando las recuas de mulas no podían  transitar por los caminos convertidos en lodazales , comprar en verano y vender en invierno fue su fórmula mágica.

En las caucherías, labor que  se hacia mediante  tajos en la corteza de los árboles de caucho, cuya leche  al secarse se vuelve  base de  goma , era necesario  recorrer grandes distancias entre los bosques y habilitar algún  cambuche para dormir, en uno de esos dormitorios  montados sobre  los brazos de los árboles, en una ocasión encontraron a una anciana, cuyo cabello enredado y atorado de hojas secas le cubría el cuerpo y las uñas se enroscaban  sobre los dedos , no llevaba  vestido y su cuerpo estaba cubierto de musgo , exhalando un fétido olor que inundaba todo el monte, no fue miedo lo que sintieron, sino verdadero pavor, la carrera les llevo hasta el pueblo , mientras que la anciana  separaba sus cabellos  para poderlos observar; desde siempre aseguraron haber visto la  madremonte.


Mito de origen indígena presente en casi todas las regiones de Colombia. Es la deidad que cuida los montes y las selvas, por lo que persigue a los cazadores, pescadores y aserradores de los bosques. Su figura es la de una mujer de gran corpulencia con manos largas y huesudas, todo el cuerpo cubierto de hojarasca y una cabellera de musgos y melenas que cubren su rostro, dejando ver solamente sus grandes colmillos y ojos brotados y encendidos. Acostumbra vivir en las profundidades de los montes y cuando hay tempestades aterra con sus gritos y quejidos penetrantes.
Hace perder a los niños y los esconde debajo de las cascadas en las montañas. También persigue a los hombres que andan en malos pasos haciéndolos perder en el monte.
Para ahuyentarla, cuando se le encuentra de frente, hay que insultarla, no mostrarle miedo y lanzarle latigazos. El humo del tabaco, o una medalla bendita impiden que aparezca.
 
La Madremonte es la deidad tutelar de los montes y las selvas antioqueñas y el Viejo Caldas y, según los campesinos, rige los vientos, las lluvias y todo el mundo vegetal. A veces aparece como una mujer musgosa y putrefacta, enraizada en los pantanos, que vive en el nacimiento de los riachuelos y cerca de grandes piedras. Generalmente aparece en zonas de marañas y maniguas y sus bramidos y gritos infernales se oyen en noches tempestuosas y oscuras (Ocampo López 1996).
  La Madremonte, musgosa y putrefacta, que al bañarse en las cabeceras de los ríos, envenena sus aguas y ocasiona calenturas y tuntún, llagas y carate, ronchas y enconos. Tampoco tiene contra, la maldita (Carrasquilla 1974)

Tenia un modo de ser bien particular, sus profundos ojos azules  me impresionaban , porque algunas veces los comparaba  con aquellas  imágenes  que adornan las iglesias y pensaba  este no es santo pero los imita bien , los sábados se instalaba en el portón de su casa armado de  un gran canasto lleno de víveres los cuales repartía entre las personas mas pobres de la zona, conocía a cada una , sabia cuantos hijos tenían y era imposible engañarlo  poniendo cara de  hambriento.
Fue el primero  en instalar un inodoro en su casa, lo cual motivó la curiosidad del pueblo que hacia fila para conocer el artefacto y no falto  quien opinara que apreciaba peligroso defecar en ese remolino que podría tragarse al paciente.
El saludo para los nietos de la finca, llego a hacer historia, Quien es este ojos de gusano averanao?? La verdad es que sabia quien era quién, pero quería  conservar su posición de abuelo serio, en esa tarea le ayudaba  el sombrero puesto hasta las cejas, su rostro de bronce, una ruana  blanca  y la voz de trueno.
Era un excelente  despertador para los dormilones, su grito de diana  retumbaba por la casa  diciendo: A levantarse que va a traquear!!
Aún  recuerdo el día que se me ocurrió preguntarle que decían las noticias de la radio Pregones del Quindio, que el escuchaba dormido y con todo el volumen posible: Que una vieja parió y la otra se murió, fue su respuesta.
Tuvo seis hijos y seis hijas, casado con mi abuela Isabel González, una dama culta que tenia la habilidad de hacer poesía repentina y muñecas caminadoras con  conos  de cartón en los que viene  enrollado el hilo ,  mi padre fue el segundo: aventurero, curioso, investigador, inquieto,


inteligente,  trabajador y magnifico papá. También se  reputaba como un buen bailarín, en una sola noche de  fiesta, para inaugurar un piso de cemento que fundieron  en una casa de las partidas de Salento, se gasto un par de zapatos nuevos  bailando  charlestón, bote y marcha.

Pero fue mi mama  la que nos enseño comportamiento, mi padre siempre estaba muy ocupado atendiendo los quehaceres de la finca y
consiguiendo   alimento, ropa, medicinas y educación para nueve hijos de los cuales soy el cuarto, nos heredábamos la ropa de mayores a menores, en eso no tuve mucha suerte porque mi hermano inmediatamente mayor era mujer, se llama Gennyvera , pero no le gusto el nombre y se lo cambio por Ligia, aunque yo como venganza le sigo llamando Genyvera, porque  sus batas me quedaban grandes, cosa que remedió mi madre reformándolas en un híbrido que se llamaba bata-calzón

Mi mama es una persona inteligente, lo que mas sabe es vivir ya va completando los 97 y quiere pasar de cien, yo ni lo pongo en duda porque lo que se propone lo logra, nos enseño de todo, primero a leer y a escribir, pero sus mejores lecciones siempre fueron las de, como  comportarse,  así aprendimos a:

Apreciar un trabajo bien hecho:
 “Si se van a matar, háganlo afuera porque acabo de limpiar el piso
Religión:
Mejor reza para que esta mancha salga de tu uniforme.”
Lógica:
Porque yo lo digo, no mas por eso y punto”.
Predicción:
Fíjate que lleves calzoncillos limpios, por si acaso un accidente
Ironía :
Sigue llorando y yo te voy a dar un motivo para que llorés todo el día”

Ahorro:
Guarda las lagrimas para cuando venga tu papa.”
Imposibles:
Cierra la boca y come
Contorción;
 “Mirá bien la roña que tienes en la nuca
Meteorología
“Por tu cama paso un huracán o un tornado.”
Odontología:
 “Si me vuelves a contestar , te pongo a recoger dientes, Responde?”
Rectitud:
 “Si te duele la espalda de estregar el piso, te la puedo enderezar de un escobazo.”
Ilusionismo:
 “Préstame la correa para pegarle un chancletazo a este muchacho”.
Milagros:
 “Héchale agua al sancocho que nos llego visita.”

Mis hermanos siempre me acusaron de ser la ñaña de mi mama, el protegido, el mas querido, pero ella me enseño a hacerme el pendejo con esos cargos, así ellos tienen sus dudas y yo disfruto de ese privilegio, pero en honor a la verdad existe un algo entre ella y yo, que se tiene que llamar amor y eso me encanta.



Y no es por nada, ni mucho menos, como diría Cantinflas, si hay algo que mi mama sabe es diplomacia, cuando uno de nuestros amigos o amigas no le gustaba, decía “a mi me huele a mierda por acá” pero si en cambio le agradaba, húmmmm, al momento había rocacucas en la mesa, los bizcochuelos, los buñelos  y natilla rumbaban por su abundancia.

Se llama Sofía , que  en griego quiere decir sabiduría y vive  feliz por ello, fue  la tercera hija de  Angel  Franco, hijo de un inmigrante español aficionado a los caballos y al vino, Carlitos Franco uno de los fundadores de Filandia  y de  Paulina Villegas Aranzazu, pariente lejana de los dueños de la concesión  Villegas y Aranzazu  que cubría la mayor parte de los terrenos de  sur de Antioquia, Caldas , Risaralda, Quindio y  Norte del Cauca, actual Valle.  Mi Abuela materna se llamó también   Sofía, López hija de  Miguel  López y Rosario Grajales  propietarios de la región de Portachuelo,  donde alguna vez existió un campamento militar en la guerra de los mil días, ellos  habían llegado de Sonsón  en la caravana de Pedro Londoño.
 Mi abuelo Angel,  era  fabricante de aguardiente de contrabando, en una remota cañada a orillas del río Barbas. Valiéndose de una  canoa grande de cedro, en la que diluía panela en agua, la dejaba fermentar por tres días y luego la cocinaba  recogiendo el vapor que se escapaba  a  lo largo  de un tubito de cobre en forma de serpentina, a un barril con agua fría  , para lograr condensarlo , era una forma rústica de  reemplazar el tradicional alambique, luego de aplicarle una buena ración de anís , terminaba  preparando el mejor aguardiente de todo Caldas.



EL AGUARDIENTE de contrabando

Por Bernardo Arias Trujillo 
D
ulce aguardiente de caña, dulce brebaje criollo que es heroísmo, simpatía, pundonor, sangre y espíritu de la raza nuestra! Dulce aguardiente de caña, nacido a orillas de los trapiches de las tierras cálidas que resumen miel, destilado con curia y devoción monástica en rústicos alambiques de perfumadas maderas o en ollas de barro fresco, a hurtadillas de guardias y de alguaciles!

Dulce aguardiente de contrabando, trago macho de la tierra brava, donde el anís se espiritualiza y transparenta en ondas de aromas que embriagan! Pócima nativa, oculta siempre a las requisas oficiales bajo la tapia de fogón casero, en las profundidades de la tierra como una guaca, o escondida en calabazas, como al descuido entre tabacales.

Nuestros trovadores han ensayado siempre sus mejores coplas para el grato licor nacional, porque resbala por el cogote como un chorro de alegría, es sabroso al paladar, perfuma las conversaciones montañeras, prende efusión las almas tristes, y tonifica, conforta, aliviana y hace menos los sucesos malos de la vida.

Ellos laudan con vehemencia las virtudes y superioridades del aguardiente de caña contrabandeado, que es el preferido de los peones, paisanos, arrieros, mineros vaqueros y montañeses de nuestra tierra mestiza. Y lo es, porque se fabrica en menor cantidad que el oficial, y está elaborado, por lo tanto, con aconductamiento y cariño, no contiene substancias tóxicas, se destila en olla de barro puro, con anís auténtico, y sobre todo, tiene el encanto de la clandestinidad, pues los celadores de la renta lo persigue sin descanso, lo cual no sucede con el aguardiente del gobierno que carece de este aliño peligroso, está rodeado de garantías se le destila en máquinas modernas que le dejan mal y le escatiman el anís legítimo.

Muchas son las cualidades del aguardiente: es compañero de gustos y reveses de nuestro pueblo; el labrador que era tímido y temblaba de enfrentarse a una hembra re con dos o tres copitas de tan exquisita toma se vuelve insinuante y arriesgado y se siente entonadito para hablar con desparpajo a la mujer más retrechera. Y con tres más, la, saca a revolar en cuadro un bambuquito macho de dos pañuelos colorados, y ambos lo bailan en rueda de admiradores, con todas las vueltas de estilo, ante la admiración de la paisanada que se sorprende del cambio sufrido en el antes bumbuquero pusilánime.

Es, además, tónico casero para medicina y para holgorio y se hace presente en todos los acontecimientos de la vida campesina: él preside los casamientos montañeros, el ‘velorio' de un ‘dijunto', la enfermedad de un compadre, el bautizo de un ‘angelito’, las veladas en la fonda, las corridas de toros, los paseos a los pueblos vecinos. No puede faltar en ningún sitio porque a toda hora se le reclama, solicita, trova adula, pide y consume.

El vaquero, montado en brioso táparo, corre por el llano con tanto brío, porque de vez en vez, para el galope y del bolsillo del zamarro o de la alforja el amado brebaje, con el cual se moja el guargüero a pico de botella para que tenga más sabor y lo alebreste más. Inmediatamente que le baja al cuerpo, su corazón se baña de contento, se aclara el paisaje, pierde distancia el camino y echa por el llano ahora sí con un trotecito zalamero y caracoleador, que es con expresión de su alegría.

También con aguardiente se hizo la guerra emancipadora y las mejores revoluciones tienen aroma suyo. Antes de entrar al combate, los generales se bajaban de sus cabalgaduras, y con la solemnidad del caso, ofrecían copas de aguardiente revuelto con pólvora a cada uno de sus soldados el fin de que entucaran con valor en la pelea.
Hasta su Excelencia, el señor don Simón Bolivar, con ser que era sobrio, se volcaba sus copitas de aguardiente, bajo la ruana sabanera, antes de hundir las espuelas al caballo y adentrarse a la batalla.

El aguardiente ha sido el mejor combustible para movilizar la vida nacional; él es el motor que impulsa nuestro mecanismo y bajo su influencia se ha realizado nuestra historia: revoluciones, guerras largas, victorias, descalabros, todas las peripecias colombianas tienen aroma de anís y están bautizadas con gotas claras de aguardiente. 
Por eso, es un benemérito de la patria



 Pero a la vez tenia  de  ingeniero graduado en la universidad de la necesidad, sabía construir túneles, acueductos, puentes, pasajes  subterráneos, muros de contención, pero sobretodo tenia una capacidad de observación envidiable y envidiada. Para evitar que lo sorprendieran con su alcohólica carga, se pasaba la noche observando la montaña por donde ascendía el camino al pueblo, si veía lucecitas rojas, ya suponía que lo estaban esperando los celadores de la renta, fumando cigarrillos para espantar los zancudos, así el astuto abuelo cargaba  ese día solamente leche.
Por varias  veces los rurales de las rentas, lo pararon en el caminó para revisar su carga, y él en  tono de burla  les ofrecía aguardiente blanco
de vaca negra, muchas veces mi abuela  Sofia tuvo que recurrir  a la olla de mazamorra hirviente  para esconder las botellas que estaban a la vista  cuando se presentaba el momento de la requisa o a la tabla despegada  del piso de la cocina  que le permitía meter cosas  bajo tierra.
Así  como la gallina robada es la que da buen caldo, el aguardiente de contrabando  es el que  lleva el autentico  sabor, color y olor de la montaña, porque fue elaborado en la forma rustica de los indígenas, y porque la madera del roble o del cedro en que se fermenta  le da ese toque imposible de lograr en las  licoreras a base de sustancias químicas.
Es famosa la siguiente anécdota:,  Siendo  representante de Colombia  ante el Banco Mundial en Estados Unidos, el Doctor Diego Calle Restrepo tuvo que recurrir a unas décimas para que su amigo Luís , le hiciera llegar  por  el  correo de las brujas , una botellita de  anisado de caña goroveta

Mi querido amigo Luis:
Hace seis meses corridos
que aquí en Estados unidos
suspiro por un anís.
Porque en este gran país
por espantosa ironía
cualquier cosa se haría
que la fantasía invente
pero un trago de aguardiente
nunca se conseguirá.

Que dolor, que desencanto
me tiene el alma opresa
unos Andes de tristeza
y un magdalena de llanto
fuera menos mi quebranto y
mi mal menos doliente
si tuviera el aliciente
que es propio de los varones
un farallón de limones
y un Atrato de aguardiente.

No hallo en la existencia halago
ni fuerzas para luchar
cuando no puedo gozar
la satisfacción de un trago;
para hablar me siento un gago,
para ver me falla un ojo,
para andar me siento cojo,
y hasta pienso en mi aflicción
no debo llamarme "rojo".

Yo nunca abrigo en mi mente
místicas aspiraciones
o inefables ilusiones
de las que abriga la gente
mas confieso francamente
que en esta ocasión quisiera
ser un Moisés, pues pudiera
(y mucho que me provoca)
sacar anís de una roca
y beber el que quisiera.


Anís precioso tesoro,
que no se produce en mina
...pero que en cualquier cantina
lo dan nada mas por oro,
tan claro, tan incoloro,
y tan fiel a la pureza
que no hay humana corteza
que falsificarlo pueda
pues cambia color y queda
en descubierto la empresa.

Que es un paisa sin anís?
que soy yo sin aguardiente?
soy una nación sin gente,
soy un árbol sin raíz,
soy un Nevado del Ruiz,
lóbrego, desierto y frío,
sin mar y sin quieto lago,
un Antioqueño sin trago
es un cántaro vacío.

Es pues de necesidad
(no teniendo mas a quien)
(como tu sabes bien)
pedirte de caridad
que a la mayor brevedad
atiendas este pedido
y me envíes de corrido
una media de aguardiente
por lo que yo enteramente
te quedare agradecido.

Si logras satisfacer
este afán que esta con migo
probaras que eres mi amigo
como lo dijiste ser,
probaras que hoy, como ayer
te portas como un señor,
y que tienes por honor
refrescar nuestra amistad
en la blanca caridad
de una copa de licor.

Parece poco decente
escribirte estas décimas,
que yo bien se que son pésimas,
no mas pidiendo aguardiente,
mas se que serás clemente
y excusarás mi torpeza
ya que por naturaleza
y obra del destino aciago
eres inclinado al trago
y lo bebes sin pereza.

pongo ya punto final
y silencio mi laúd
deseándote salud
y hasta éxito comercial
te doy mi abrazo cordial
te agradezco este favor
te deseo lo mejor
y en nombre del aguardiente
me suscribo nuevamente,
Tu seguro servidor  ( Diego Calle Restrepo)

Alguna vez, recorriendo la montaña del Quindio  desde el rio  Boquía, hacia arriba para atender  las labores de una mejora que había abierto cerca de la tierra de los frailejones , cuyas ramas utilizaba como remedios naturales, mi abuelo encontró un arroyo con aguas que  le llamaron la atención por su color y brillo, tomó algunas muestras de sus arenas  doradas  y las llevo a su casa  en Filandia para curiosearlas con su esposa, pero grande fue la  sorpresa suya  cuando  un vecino le aseguró que eso no era otra cosa que diminutas piedrecillas de oro puro Al día siguiente  y muchos días más regresó  para encontrar el dorado arroyuelo, pero nunca logro hallarlo, como si la  tierra se hubiese tragado aquel maravilloso lugar.

El área urbana de Filandia, fue  construida  sobre una  colina baja, se trata de un lugar seco donde no existen fuentes de agua, no hay ríos ni quebradas , ni arroyos que suministren el vital liquido, razón por la cual
los  primeros habitantes  del poblado tenían que buscar el agua, en quebraditas que están fuera del perímetro urbano  transportandolas  en burros o al hombro; para la época pretender establecer un acueducto desde  algunos sitios mas altos y llevar el agua por gravedad era prácticamente imposible, por el costo de las tuberías de hierro que se importaban desde  Inglaterra. Mi abuelo Angel logró el milagro  utilizando cepas de guadua macana, destaponadas  y empatadas  una dentro de otra  y selladas con cera, luego enterradas y pisadas a fin de evitar que la presión del líquido reventara la rústica  tubería. Así llevo agua desde  un arroyo que  cruza el sitio de  Portachuelo, más alto que el poblado a una distancia de cuatro kilómetros. En 1905 Filandia tenía  un chorro de agua  cruda, que descargaba a un tanque situado  en la plaza principal, del cual se surtían todos los vecinos, la que cargaban  en tarros de guadua destaponados  y sellados con un trapito mojado.
Para abrir un túnel que permitiera el paso de agua a través de una colina, se valió de la luz de la llama de velas  como teodolito, e iniciando el sacavón desde ambos lados de la colina, se encontraron en la mitad  con tan solo una  desviación  de dos pulgadas, cuando la pared de al lado se derrumbó  dejando ver la luz de la otra punta.
Construyó sobre un barranco en la última esquina de la calle del convento su casa para la familia, con siete ventanas, una para cada hija, a mi madre le toco la última al voltear la esquina y desde allí se enamoró de mi padre.
Su apellido Franco, es proveniente del Norte de España, cuenta la 
Historia  que un caballero francés que fue a vivir a Vizcaya, era
llamado    El Franco por lo españoles, de donde   derivó el apellido.
Más tarde  paso a América, los primeros Franco, llegaron a Chile  y luego
a las antillas, en Colombia aparecen  en 1.887  dos hermanos
Joaquín y Petrona Franco, quienes en junio 16 de 1.887 fundaron la
Población  de Angelópolis  en el actual departamento de Antioquia.
Es también de esa época Pedro León Franco, conocido como Pelón
Santamaría, autor del Bambuco  Antioqueñita

Y como lo que se hereda no es robado, mi madre también se las daba con sus ingenios, ella reparaba la plancha de gasolina, la lámpara, la máquina de coser, la máquina de moler, hacia muñecas de trapo, buñuelos en forma de animales, cucas para partir con piedra, bizcochuelos, y el mas famoso dulce de rilita de toda la región. Las colchas de retazos eran su especialidad, pero lo mejor era cuando se nos rompía el bolsillo del pantalón corto, de tanto cargar nuestros tesoros , como caracoles, piedras, bolas de cristal, frutas, palos de bombón, carretéeles de hilo, ect, entonces mi madre los reparaba agregándole una extensión a los bolsillos originales, a la tercera reparación ya el bolsillo era mas largo que el pantalón y parecían cartucheras de los cow-boys  del viejo oeste., servia como maletín y también para meterlo entre las piernas y presumir ante los amigos, de estar muy bien dotados de aparato reproductor.

La medicina de mama era para escribir un recetario, café molido para las cortadas, emplasto de  paico con vinagre para las lombrices, agua caliente con limón para los gases, pañuelo con alhucema para el dolor de cabeza ,un clavo de olor para el dolor de muela, saliva en ayunas para los lobanillos, tendido de mata-ratón para la fiebre, caldo de pollo para la gripe y después del purgante ,estiércol de vaca fresco con leche para el sarampión, yodo-silato con pañuelo para las paperas, una pluma untada de veterina atravesada en el buche para la peste de pollo.,tabaco de maguey por la nariz de los caballos para el moquillo, una cerveza para el cólico de las bestias, te de hojas de guayaba para la mestruación dolorosa,  baños de frutillo para las torceduras y para ablandar la ubre de las vacas, miel de abejas para la tos de perro, un colino de cebolla bejuca mojado en aceite de castor metido entre el rabo para el estreñimiento y un baño de agua fría para las pataletas.

 Nadie se salvaba de los purgantes, un frasco de quenopodio, un vaso de limo-lax, una naranja pelada encabada en un tenedor , una pagina de El Tiempo como papel higiénico y corra para el potrero, por eso tuvimos traseros ilustrados

“Después de pasar el día entero
acurrucado entre los yuyos,
 comprobando que estamos llenos
de porquerías intestinas,
Escuchando por dentro
 en la barriga mil arruyos
Que parecieran melodías
 o zambas  argentinas

Que somos el hogar de las lombrices,
Ténias , solitarias , larvas  y gusanos
Que salieron huyendo al quenopodio
preguntámonos   una y mil veces
Para  obtener el alma y cuerpo sanos.
Que purgante nos daran en purgatorio?

Para llegar a la   pureza intestinal
Se requiere hacer popó cien veces
Y otras tantas visitar el orinal
Junto a  diez rosarios que te reces
Pidiendo al Eterno en oraciones
Volver a  tener caca durita
 Que  puedan enterrar los cucarrones.

Sin tener la menor culpa, matan pollo
y preparan al día siguiente la sopita
conque premian la limpia barriguita
de quien hicimos con juicio la caquita
y vuelve  a su consistencia el bollo
que indica que la tripa esta sanita.

Cien lombrices quedaron en el suelo
Y la batalla duro más de veinte horas
Acurrucados y escondidos como un pillo
Preguntándonos, A que carajo huelo?
Pasaron los minutos y las horas
Con ese gran  ardor en el fundillo.


Desde siempre la conocí cantando y continúa haciéndolo sin desentonar, pero su repertorio nunca cambio, no llego ni a “Flor sin retoño,” siempre fueron     las mismas canciones: Soy pirata, los rosales, la paisanita, los gitanitos, la mar esta brava., mi botecito, desde mi rancho

Mirando desde mi rancho
 La tardecita que ya se va
 Recuerdo la mañanita que me matabas
Con tu mirar

Y di mentirosa ingrata
 Porque tan mala
 Me haces sufrir
 Sabiendo que yo con gusto
 La vida entera daría por ti

Y en los  copos  del arroyo
murmurador
 solo se mira el agua
 y el dulce trino del ruiseñor

las aves cruzan los campos
y en derredor
yo miro correr el agua
 suspirando por tu amor

autor anónimo
   

Un pilón de piedra, una chocolatera de cobre, una sartén de hierro. una parrilla de alambre, una china de iraca, unas brazas en el fogón y cualquier cosa que se pudiera comer , era suficiente para que inventara un manjar.
La receta  para preparar la natilla, tardaba un día y una noche, se trataba de un procedimiento más largo, que un gago rezando los  mil jesuses  y a fuerza de ayudar en esa labor, llegamos a memorizar la complicada formula:
 Se ponen a cocer 2 kilos de maíz blanco dejándolo un poco duro. Al día siguiente se muele, se disuelve en 9 litros de leche y 1 litro de agua, se pasa por un colador o totuma con huecos y el afrecho que quede se muele nuevamente, se disuelve en la leche y se cuela por un cedazo fino. Esta operación se repite  y se repite ,hasta que quede el afrecho limpio. La masa que quede asentada se escurre, se muele también, se disuelve en un poco de leche y se cuela hasta que no deje residuo. Hecho esto se agregan 4 libras de panela blanca partida en pedazos.
Se pone al fuego en pailas grandes, revolviendo constantemente, hasta que este muy cocida. Un ratito antes de bajarla se le pone astillas de canela y se emborracha agregándole unas copas de aguardiente amarillo.
El punto se sabe poniendo un poco en un plato, cuando al enfriarse despegue bien. Se vacia en moldes o bandejas secos. No debe hacerse a fuego vivo, porque puede ahumarse.

 En la alacena siempre había huevos, queso, mantequilla de nata batida, dulce de guayaba, caramelos,  y debajo de las camas guardaba, el chocolate, la panela, el arroz, las papas, la sal, los frijoles, y el maíz trillado que no le cabía en el cajón de la remesa en la cocina. Eso lo sabían los vecinos, que no desperdiciaban oportunidad para volver el corazón de mamá, una melcocha, y sonsacarle una parte de las vituallas,

Bueno, tampoco era mala negociante, porque con frecuencia les pedía a cambio zapotes, granadillas, o chirimoyas, que le encantaban.
A mi padre por su parte le gustaba el aguardiente, el dulce , la lectura, los chistes, las charlas instructivas y  la música fina, cantaba como Caruzo, pero se le escuchaba como a mi padre ( Lisandro ).Era divertido escucharle cantar al revés.
Marfú es un cerpla
nialgén sualsén
dofuman roespe
la jermu que yo roquie
tras los talescris
de greales talesventa
y trasmien mofu
la davi no sumocon


quepor doflotan el mohu
me losue adorcermé.

Didoten elen faso ñarso y mara
raven mi adama lifez y namoreada
tirsen sus biolas saber con sobes biosas
y le vaneode tirsen con sam seodes
docuan sus sojo ove dientose de sionpa

por ose tandoes mi bien
es mi marfu un deen
meda el mohu de tu cabo
dema que en mi siopan caprov
rreco que roquie loqueceren de cerpla
dosintien ese lorca de mohu dorembriaga
que baaca por derpren
la malla dientear del oram.
Tan ......tan...!!                                   ( sionver  de cioigna  nicorsi)

Conoció a mi madre una tarde que se daba un vueltón con sus amigotes  por la calle del convento, Quien es la morena? Le pregunto a mi tía Julia, nunca la había visto, el por andariego y ella por pasar largas temporadas en casa de su abuela en Circacia y en Supia, pero desde esa noche y todas las siguientes  le toco hacer gárgaras mirando hacia la séptima ventana, cinco metros mas alta que la calle, para lograr  que la morena  mas tarde fuera la madre de sus nueve hijos.
Era un incasable, un inmatrimoniable, algo así como un novio para toda la vida, enamorado y correcaminos, amigo de las parrandas y filipichín de pueblo, miembro de la perramente brava que celebraba  los cumpleaños con gallina robada  en el parque del pueblo, durante las frías noches al calor de unos buenos aguardientes, allí colgaban los huesos  de la comilona en los faroles de la  calle, ante el asombro de las mujeres que madrugaban a la misa.
Alguna vez que una dama caminaba  afanada, retardada para la misa  de cinco, empujó a Rubén Gonzáles que estaba prácticamente atravesado en el atrio de la iglesia, diciéndole en voz baja “borracho degenerado” Rubén ni corto ni gago, le respondió inmediatamente” ojala que no haya cielo para que se quede metida vieja  beata”
Un día se resolvió y pidió la mano de Sofía  en matrimonio a mi abuela, ella se la concedió y ante las críticas de los vecinos, por dejar casar a la hija con  esetomatrago, respondió” Si tiene para tomar aguardiente, tiene para cargar mercado, porque en este pueblo tan frío el que no bebe es porque no tiene.”
Los amigos de la barra, no podían creerlo, que se casa Cachano?......
Verlo y morir después, porque eso no es posible.
Muy cachaco, con saco de paño ingles, abotonadura cruzada, camisa de cuello almidonado  y corbata a la moda, pantalón de manga ancha  y zapatos tres corona, lo vieron avanzar por el centro de la iglesia para postrarse  junto a la novia bajo la mirada desconfiada y maliciosa  de los sacerdotes Buitrago, Castaño y Valencia.
Tres curas le asignaron
Para que no quedara duda
De frente le dijeron
En la buena y en la dura
Ahora de  joven o de viejo
Para tus obligaciones
Trabajaras parejo
Vendrán las bendiciones
Que llamaras tus retoños
Y no criaras  peones
Sino buenos Londoños
Darás el buen ejemplo
Y enseñaras la fe
Que aprendiste en el templo
Y cogerás café
Honraras a tu esposa
Y le serás muy fiel
Y si has tenido moza
Te arrancaras la piel
No pecaras jamás 
Ni con el pensamiento
Y bien te aguantaras
Si llegara el momento
Nunca conocí a otro que llevara el mismo nombre, era un buen lector de los clásicos y un aficionado a los crucigramas. Siempre estuvo dispuesto a ayudar y siempre dio mas de lo que de el esperaban, fue su regla de conducta, la misma que nos inyecto a fuerza de repetirlo siempre.

Cuando llego la época de la violencia política en los campos, supo mantener el equilibrio y la serenidad suficiente para que  nunca fuéramos amenazados, pero un buen día resolvió que ya no podríamos disfrutar más de nuestro paraíso y fuimos a vivir a la ciudad.



Las cosas habían cambiado mucho con el tiempo y mi padre  había contribuido a mejorar la calidad de vida, existía una carretera que recorrían los jeeps willysdos veces por día, el agua potable llegaba por tubería y teníamos un tanque de reserva en el mismísimo patio de la casa, por las mañanas el ronronear de un motorcito de tres caballos, se encargaba de accionar la despulpadora de café, una amplia caseta  con carros frente al corredor se usaba para secar el café al sol, ya teníamos una radio pequeña , pero suficiente para escuchar las noticias , las novelas y la música; una lámpara de gasolina iluminaba en las noches las paredes blanqueadas con cal dándonos la sensación de protección contra los monstruos de la noche, esta era la hora preferida por mis hermanos mayores  o por mis tíos para relatar cuentos de horror y misterio; ahí me entere de la existencia del conde de Drácula en un castillo de Transilvania, de el marques de Sade y de los chupa-sangre que supuestamente recorrían los caminos en las noches buscando niños a quienes robarles la sangre para vendérsela a un rico que sufría una enfermedad incurable.

Contribuyó a fundar una escuela en la vereda para los niños campesinos, inició y llevo a cabo campañas para mejorar la caficultura, fue un líder de la diversificación, creía ciegamente en que cada finca debía producir su propia  alimentación, desde siempre  fue abundante la producción de yucas, plátanos, arracachas, mafafas, choclos, frutas de la mas variada clase, nunca faltaron  los mangos , las naranjas, mandarinas, papayas, limones, chirimoyas, zapotes  ni las hierbas  para la cocina y la salud, la casa olía a mejorana, hierbabuena, perejil, cidrón, cilantro, manzanilla ect. Y su gran felicidad  fue darle a quien necesitara lo que  había cultivado  para que le sirviera o otros.

Cada vez que la ciudad me atropella, cuando las diligencias mas sencillas se convierten en verdaderas odiseas, cuando tropiezo con leyes ilógicas o cuando mis obligaciones crecen proporcionalmente inversas a mis derechos, pienso en mi infancia, en esas cosas sencillas producto solamente del amor, a las personas, a los animales o a la naturaleza y sobretodo al trabajo.

La infancia que viví junto a mi madre, cuyo recuerdo  es tonificante  ante las adversidades de la vida, los valores que le inculcó a la familia y su presencia permanente  hasta este día  y muchos más, me dan la seguridad  de haber recorrido un camino recto, agradable y abundante  de ese elemento escaso que  lleva por nombre felicidad y que es producto del amor.

Ahora  que los años han pasado, que somos mayores , padres de otros mayores,  tal  como nuestra infancia terminó, también  tuvo término el  jardín, la casa  y sus rincones , donde tanto tiempo anidaron los recuerdos  no esta tampoco el cafetal,  ni los mangos, ni el  camino veredal, no viven  allí nuestros amigos, otros extraños llegaron  a  quedarse , borrando para siempre lo que hicieron los mayores.
El charco de la quebrada, donde aprendimos a nadar, se lo llevo la creciente, los peces de colores se perdieron en el fondo de la arena, no se encuentran ganado, ni aves  ni la gente, todo pareciera corresponder a una postal ajena.
Aquella  pendiente tan limpia y tan guinchada, donde  volamos montados en capachos, ahora llena de rastrojos  ya no es nada, no se escucha  el jolgorio de muchachos, somos viejos enfermos y achacosos, perdimos la alegría de otros días, solitarios cual cusumbos  recelosos, ni siquiera cantamos melodías.
No se reza el rosario ya en las noches, ni se dice buenos días al dejar el sueño, no se cantan por las tardes viejas coplas ni se cumple la tarea con empeño, no hay quien haga las labores diarias, todos se fueron a buscar fortuna, no regresaron jamás por estos lares, ni siquiera para visitar su cuna.
Compartamos pues viejos recuerdos, de alegres pasados jubilosos
Y demos gracias por haber vivido de la humildad del campo, una infancia feliz y duradera, que dio forma a nuestra personalidad sincera, de las cual vivimos orgullosos.
La memoria y el buen vino, adquieren calidad en el tiempo, las noticias se transforman en historias y vuelan casi como el viento, los recuerdos  reviven un pasado oscuro, dándonos el privilegio de vivir el pasado, el presente y el futuro.

Qué cambio!... ya ni la laguna existe...
Ya no pasta el ganado en los potreros.
En profusión se ve por todas partes
La salvia y el manrubio y el helecho.
Todo tiene sabor de dichas muertas,
Todo tiene color de sueños viejos...
Todo es tristeza, olvido y abandono,
Despojos, añoranzas y recuerdos...
La casa esta desierta, desolada,
No hay arboleda, ni jardín, ni huerto;
El cerco se cayó, lleno esta el patio
De malva, dé altamisa y de mastuerzo.
Los pájaros no alegran la mañana...
-también parecen de dolor enfermos-
no se oyen los mugidos de las vacas,
ni ladra en el portón el noble perro.
No se oye ya en vueltas del camino
El grito, ni el cantar de los arrieros.
Nadie pide posada en nuestra casa...
Adiós!!! Grita el que pasa y sigue serio.
Al corredor no llegan los gorriones,
Las colmenas no están en el alero;
Las arañas sí tienen sus telares
En todos los rincones y en el techo...


No se oyen por las noches los peones
Con sus canciones espantando el sueño...
Tan sólo el búho lanza en la montaña
Su grito presagioso y agorero.
De la “vieja” la voz ya no se escucha...
No se oye ni el rosario, ni el “ángelus”...
Todo tiene frialdad de sepultura,
Mutismo y soledad de cementerio.

El tiplecito “amigo” ya no cuelga
Del clavo...en el rincón de mi aposento;
Recorro con la vista las paredes....
y...siento angustia cuando no lo veo.
No sabes tú la falta que me hace,
Ese leal y noble compañero....
Ya no puedo romper como en antaño,
El imponente y nocturnal silencio.

Y no tengo la dicha de esperarte
Como en las vacaciones de otros tiempos....
Porque el destino es cruel y muy voluble.
Y todo en esta vida es pasajero.
Hoy no tengo ilusiones, ni esperanzas
Me encuentro laso y de nostalgia lleno...
En esta soledad todo me abruma.

Todo me brinda sinsabor y tedio.
El alma tengo llena de pesares,
Pletórica la mente de recuerdos...
Quisiera no seguir hacia delante...
Pero...qué hacer! Si así Dios lo ha dispuesto.

Comprende que el lugar de nuestra infancia
Ha cambiado del todo, está desierto;
Sólo hay en él tristeza y abandono,
Despojos, añoranzas y recuerdos....

Roberto Calle. ( A  mi regreso)


                                                    F I N .


Nota: Los subrayados, corresponden a artículos, o  apartes, poemas y canciones de otros autores, especialmente al historiador   Jaime Lopera Gutierrez, autor del Libro la   Colonización del Quindio consultados a través de Google.com, a quienes damos el reconocimiento  y agradecemos por el aporte permanente que hacen a la literatura de nuestro país.
                                                                        

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