miércoles, 15 de julio de 2020

el Barquito de Papel

En mi época de aficionado a la pesca, recorrí muchos ríos, quebradas y caños, buscando ese ejemplar que nunca pude atrapar, solía tener un premio de consolación, observando animalitos que llegaban a beber al otro lado del charco, muchas veces se me escapó el pez que picaba al gusanito del señuelo en el anzuelo, por no hacer un movimiento brusco con la vara , que espantara a la iguana, la ardilla o al guatín que me vigilaba mientras calmaban su sed, desde la orilla opuesta.
El recuerdo que me devuelve a la infancia, ocurrió el día que vi llegar navegando con elegancia, arrastrado por la corriente de la quebrada un barquito de papel, elaborado en una hoja de cuaderno con rayas, que traía su nombre a estribor con letras azules y rojas un tanto desordenadas. "SC EL A AT IA", curioso nombre que no me decía nada, tal vez copiado de algún mercante ruso, me pareció hermoso, lo saque del agua y lo puse a secar en una piedra. Luego lo colgué del retrovisor de mi viejo Chevrolet y ahí me acompañó por varios meses, pero adivinar su nombre me seguía atormentando, cada que lo miraba, y lo miraba todo el tiempo. Un domingo que fui a visitar a un cliente, el nombre del barquichuelo se me atravesó en el camino, estaba escrito en la pared del frontispicio de una casa grande al lado de un patio enorme, con letras azules y rojas "ESCUELA LA PATRIA" las letras amarillas intercaladas prácticamente habían desaparecido, con el paso del tiempo y la decoloración de los rayos de sol.
No resistí la tentación, me bajé y llamé a la puerta, me atendió una señora de edad, se identificó como la maestra y cuando le mostré el barquito, exclamó"hay. . . Ese es el barquito de Juan Miguel".
Después supe que Juan Miguel era un niño de siete años, que había abandonado la escuela por una enfermedad contagiosa, vivía en una casa de bahareque con peladuras en sus paredes, por el camino de la loma, a la sombra de un centenario nogal, detrás de un cerco de latas guadua, a un kilómetro de la escuela. Ese día no pude visitarlo, pero regresé,a la semana siguiente, le había comprado de regalo un barco de vela, con dos mástiles y tres marineritos vigilando desde el puente de la proa, elaborado en madera, por algún artesano de juguetes en la colina de San Antonio.
Cuando lo tuve en frente, le consulté, cuál quieres: el velero o el de papel? me respondió: "el mío; lo perdí cuando lo puse en el agua de lluvia que corría por el camino, se fue navegando rápido y no pude alcanzarlo ". Y entonces le recite el poema "barquito de papel" de una compositora de música peruana, de origen quechua, que llevaba preparado. "Salga pronto, mi almirante, con su gorro de oropel,�La lluvia hizo un río gigante ¡venga a navegar en él!
El arrojo por bandera,�¡leve el ancla sin temor!,�que el río va de acera a acera, ¡pruebe ahora su valor! Capitán, sea su velero�el primero en avanzar, marque bien el derrotero, ¡no se debe naufragar!�¡Eso es ser buen navegante, valeroso timonel!�¡Llevará siempre adelante su barquito de papel.�Así, siempre decidido,�buen marino debe ser.�Que la vida es río crecido�¡y la tiene que vencer! (Adela Anaya )
Juan no sabía qué hacer con aquella hoja llena de monigotes que había dibujado, en su cuaderno.
Decidió construir un barquito de papel.
Cuando lo terminó, preguntó a su madre si podía echarlo al río.
No! es peligroso, dijo ella, cuando llueva tendrás tu propio río. Saludos jairoache.

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